Opinión

No pienses en un elefante

Reforma, ¿sí o no? El autor de esta nota no duda de la necesidad de modificar la Carta Magna de la provincia y afirma que el cambio significaría una apuesta a una renovada forma de convivencia democrática. Sin embargo, hace una aguda observación, apelando a un lingüista que analiza las campañas electorales de los Estados Unidos.

Lunes 23 de Abril de 2018

A esta altura la gran mayoría de los santafesinos creemos que una Constitución provincial intacta hace 56 años debe ser reformada. Los argumentos centrales son que está "desactualizada" y que tiene "vacíos normativos" que no se comparecen con nuestra Constitución nacional. Esto es así porque todos sabemos que la realidad política, social e institucional ha cambiado enormemente. El mundo ya es otro. Existen nuevas modalidades y prácticas democráticas que requieren de formatos institucionales innovadores que promuevan la participación pluralista, la construcción de consensos y el equilibrio de poderes.

Al mismo tiempo, la Reforma del '94 incorporó a la Constitución nacional nuevos derechos individuales de los ciudadanos y nuevos derechos colectivos de los pueblos. Creó modernas instituciones y estableció nuevas formas de participación ciudadana. Incorporó la autonomía municipal y dio jerarquía constitucional a los acuerdos y pactos internacionales sobre derechos humanos. Todos aspectos que no figuran en nuestra Constitución provincial actual.

Entonces, ¿cómo es posible que existiendo una gran coincidencia en el envejecimiento de la Constitución provincial no se la ha podido reformar?

Uno tiene derecho a pensar que los principales decisores políticos —los legisladores, los partidos— clausuran el proceso reformador cuando intuyen que la propuesta de enmienda es sólo una excusa para ocultar el verdadero objetivo que la motiva.

Reformar la Constitución es básicamente discutir cómo nos vamos a organizar políticamente como sociedad, la calidad de las instituciones, cómo se distribuye el poder y —en términos republicanos— cómo se le pone límites para que haya una verdadera democracia.

Todos sabemos que el gobernador es la persona con más poder en la provincia: nombra jueces, fiscales, jefes de policías, directores de escuelas, profesionales de la salud, directivos de empresas de servicios públicos, entes reguladores, entre otros. Y lo hace con una gran cantidad de recursos que tiene a su disposición.

En este sentido, el principio de no reelección es prácticamente el único mecanismo efectivo que tiene la Constitución provincial para ponerle límites a ese ejercicio del poder. Una reforma que modifique esta regla fundamental de convivencia, sólo nos lleva a pensar que sirve para consolidar un proyecto personal que quiere lograr la hegemonía y la continuidad de las mismas personas en el poder.

Por ello, es clave la percepción sobre el sentido de las motivaciones reformadoras, que pueden convertir la intención de ampliar el poder de los gobernantes de turno, en el detonante más efectivo para que se clausure el proceso constituyente. Dicho en buen criollo: con más poder para el gobernador, no hay reforma. Así de simple.

No es casual que en los casi 25 años de gobiernos justicialistas no pudo concretarse la reforma de la Constitución provincial, al colocar como prioridad la reelección del gobernador y funcionar la misma como un factor irritativo en el conjunto de las fuerzas políticas y de la ciudadanía en general. Además, el actual gobernador debería tener en cuenta que si esta iniciativa hubiese prosperado en el primer gobierno justicialista, el Frente Progresista con Hermes Binner recién hubiese tenido su turno en el 2031…

Reformar la ley fundamental de los santafesinos es una apuesta a una renovada forma de convivencia democrática que requiere del compromiso de la gran mayoría con su vigencia en el tiempo. La modificación de estas reglas constitucionales sólo puesta al servicio de los intereses del gobernante de turno, producen la idea en la sociedad santafesina de que dichas reglas están sujetas a los vaivenes políticos del momento.

Por ello, es aconsejable releer al lingüista George Lakoff en su libro "No pienses en un elefante". Allí analiza las campañas electorales norteamericanas, y sostiene que apelar a que alguien no piense en algo tan contundente (en su ejemplo un elefante) es imposible, si lo que le pedimos es, precisamente, que no lo haga. Tal vez nuestro gobernador pasó por alto esta recomendación que se hace desde la psicología cognitiva, cuando en reiteradas oportunidades les dice a los santafesinos "No me preocupa la reelección, lo importante es reformar la Constitución"… Dirían los abogados: a confesión de partes, relevo de pruebas.

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