Opinión

No es lo mismo

Jorge Almirón se despidió de Lanús ovacionado por el público y reconocido por la comisión directiva. Lo que para algunos es oro para otros es casi nada. Ni en Central, ni en Newell's hubiera podido entrenar con el margen que tuvo en la entidad granate.

Viernes 08 de Diciembre de 2017

No hay que confundir gordura con hinchazón. La frase muy de moda en otros tiempos podría emparentarse por ejemplo con otra: no todo lo que reluce es oro. En síntesis, conviene desconfiar de las apariencias, o en todo caso ubicar las cosas, las situaciones, las personas, los procesos en el tiempo y el espacio que les corresponde para no pifiar, por ejemplo, en la elección de un entrenador. Se aplica también para la contratación de un futbolista.


   En estos días todo el mundo se llena la boca con la gestión de Jorge Almirón en Lanús y no es para menos: un torneo local derrotando en la final a San Lorenzo, una Supercopa argentina venciendo a River y una Copa Bicentenario imponiéndose a Racing. Ocho goles a favor y ninguno en contra: 4 a 0 a San Lorenzo, 3 a 0 a River y 1 a 0 a Racing. Dicen, los granates, que es el entrenador más importante de la historia del club. Fue toda una rareza para el fútbol argentino la despedida del lunes en La Fortaleza con plaqueta de la comisión directiva y reconocimiento del público. O en todo caso para los más puntillosos del lenguaje no es común que un director técnico se vaya de una institución porque su ciclo, exitosísimo, terminó en el mejor de los mundos tras perder una final de Copa Libertadores de América.


   San Lorenzo se apuró a tentarlo, en algún momento Central pensó en él, algunos inclusive lo relacionaron con Boca cuando River empezó a acercársele en el sprint final del torneo pasado. Muchos suponen, incluso, que hoy por hoy es el mejor entrenador del fútbol argentino.


   Lo cierto es que Almirón y Lanús parecen ser tal para cual, almas complementarias. Una institución muy seria, de crecimiento exponencial, conocedora al dedillo de sus limitaciones deportivas pero no por ello resignada al papel de partenaire encastró perfectamente con la sapiencia de un entrenador mucho más meticuloso de lo que parece, cultor de un mensaje futbolístico que tiene en el tiempo a su principal aliado y enamorado de un perfil bajo muy similar al de la institución que lo contrató.


   ¿Almirón es un gran entrenador? Por supuesto, lo demostró en Lanús.


   ¿Es Lanús el lugar en el mundo para Almirón? Muy probablemente, los próximos años de su carrera tendrán la respuesta. ¿Es Jorge un técnico para cualquier institución? Seguramente no.
   Algunos ejemplos con formato de preguntas.


   ¿Cuántos errores devenidos en goles les hubieran soportado los hinchas de Central primero a Monetti y después a Andrada? ¿Dos, tres, cuatro? ¿Cuánto tiempo hubieran tolerado el toqueteo al ritmo cansino de Román Martínez? ¿O la salida temeraria entre arquero, centrales, laterales y volante central que muchas veces terminó, en el mejor de los casos, en mano a mano con el delantero?
   No es lo mismo crecer como entrenador junto a la institución sin tiempos que poner el cargo en juego casi cada 90 minutos.


   Más ejemplos.


   El ciclo Coudet reinsertó a Central en el primer nivel del fútbol argentino, pero hoy se remarcan más sus errores en la elección de refuerzos que haber jugado dos finales de Copa Argentina o los cuartos de final de la Libertadores. Porque en realidad, las necesidades de Central son mucho más urgentes que las de Lanús. Y la tolerancia mucho menor. Y todo lo que no sea un título se borra con el codo. Apenas los clásicos sirven como morigeradores durante un puñado de partidos.


   Entonces no es lo mismo un banco de suplentes que el otro. Y si no, basta con ver hasta dónde está subida la vara para Leo Fernández. Y no está tan mal. La vara está a la altura de las necesidades de Central. Lo que sí es cierto es que resulta muy complicado comprender cuáles fueron los parámetros con los que la comisión auriazul contrató a Paolo Montero si la vara fue la misma. Pero esa es otra historia.


   En el fútbol-histeria de estos tiempos todas las necesidades están exacerbadas y las obligaciones por las nubes.


   Quizás mañana, pasado, alguna vez, Almirón se transforme en un entrenador de élite a prueba de cualquier urgencia y con la espalda necesaria para bancar los apuros, pero por ahora es un técnico muy serio y exitoso capaz de conducir a instituciones calmas, sin necesidades imperiosas, hasta lugares que jamás soñaron.


   De aquel Lanús con cancha de tablones de madera que volvió a primera en 1992 de la mano de Miguel Russo a este protagonista principal del máximo torneo continental pasaron sólo 25 años.


   ¿Sólo 25 años? Sí, para Lanús fueron años de crecimiento. Para otros es una eternidad. No pueden permitírselo. Ni Boca, ni River, ni Independiente, ni Racing, ni San Lorenzo, ni Newell?s, ni Central.


   Por eso, antes de enamorarse de un entrenador hay que ponerle el marco que le corresponde a su trayectoria.


   Gustavo Alfaro es un técnico eximio, una máquina de sacar puntos que en Central apenas duró 4 meses. En San Lorenzo también fracasó.


   De nuevo, no es lo mismo la gordura que la hinchazón. Alfaro hizo grandes campañas en Quilmes y sobre todo Arsenal, pero no es lo mismo. Hoy conduce con bastante éxito a Huracán, pero tampoco es lo mismo.


   ¿Cuánta espalda tiene Jorge Almirón para sentarse en la silla eléctrica del Monumental o la Bombonera? Ninguna.


   A propósito de espaldas anchas o delgadas. Almirón, hincha confeso de Independiente, lo que podría significar un plus, dirigió al Rojo poco después del regreso a primera división, pero aunque cosechó más del 55 por ciento de los puntos en juego se tuvo que ir antes del año. Una vuelta olímpica de Racing y una derrota ante el clásico rival pudieron más que el lógico proceso de reacondicionamiento a la categoría que la institución debía afrontar.


   Los procesos en el fútbol argentino no tienen nada que ver con la extensión en el tiempo de los programas de trabajo. Dependen de las necesidades de las instituciones.


   Por eso, no es lo mismo la gordura que la hinchazón. Lo que para algunos es oro para otros es casi nada.


   Jorge Almirón recibió un reconocimiento muy emotivo de la gente de Lanús a pocos días de perder la final de la Copa Libertadores de América. Lo que para Lanús es un motivo de orgullo, para Newell's es un karma por duplicado por las dos finales perdidas. No es lo mismo. Almirón tenía todo cerrado para asumir en Las Palmas, equipo de la primera división del fútbol español que con apenas tres victorias y un empate está en zona de descenso, pero al final no arregló.

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