Opinión

Nicanor Parra ha muerto, viva Nicanor Parra

Había pasado los 103 años y Nicanor Parra ya tenía que morir. La noticia fue devastadora porque ya nos habíamos habituado a la idea de su inmortalidad.

Viernes 26 de Enero de 2018

Había pasado los 103 años y Nicanor Parra ya tenía que morir. La noticia fue devastadora porque ya nos habíamos habituado a la idea de su inmortalidad. Hasta hace apenas unas horas era uno de los más grandes poetas vivos de nuestro tiempo.

Su máxima creación: la antipoesía. Con ella, Parra fue capaz de interpretar algo inexpresado de la existencia y del mundo, que acercó profundamente la poesía a la vida y cuya consecuencia final es tan desestabilizadora, tan contraria, que hace de él la mayor figura crítica que ha producido la poesía escrita en castellano.

Parra se encargó de aniquilar primero lo "artístico", lo literario con la invención de la antipoesía. Su Poemas y antipoemas, publicado de 1954, amenazó lo que se entendía por "superior" en la literatura. En 1972, con la publicación de Artefactos, demolió los emblemas de la cultura, entre otros el libro: la edición consistía en una caja con cientos de tarjetas postales destinadas a colarse por debajo de las puertas de las casas. Parra quería eliminar cualquier idea de jerarquías y llevaba a la poesía por las rendijas de los hogares, como se llevan los panfletos políticos, los catálogos comerciales y el menú del día.

Lo que la antipoesía propone es la compartición de todas las fuerzas que yacen coartadas bajo el concepto de propiedad, nos muestra que en una sola partícula del habla común están contenidas todas las obras maestras del mundo. En dos palabras: que ese es el profundo comunismo de las palabras. Que ellas nos hacen a todos de todos, a todos: todo. Lo que la antipoesía propone es compartir las fuerzas que yacen coartadas bajo el concepto de propiedad. No somos propietarios del habla. Las lenguas humanas son el gran reservorio donde todas las obras, desde los poemas homéricos hasta los Artefactos, emergen y al cual vuelven.

Su implacable humor, su ironía y prosaísmo, su sentido de lo real, no solo revitalizaron la poesía, sino que crearon una nueva mirada, al punto de que se puede afirmar que la sociedad chilena antes de Nicanor Parra no es la misma que la que emergió después de Nicanor Parra.

Parra apela a la democracia de las palabras, a su propiedad comunitaria y compartida. La eliminación de la inequidad dentro del lenguaje junto con liberar toda la potencia creativa del lenguaje, nos hace ver un terreno común donde los seres humanos, al igual que sus palabras, carecen de jerarquías y, por ende, son profundamente iguales. La misión de la antipoesía fue liberar a las palabras obreras, aquellas que cotidianamente fundan la vida de los seres humanos, de la sumisión que les imponen las palabras sagradas. La utopía de los antipoemas de Nicanor Parra, su sueño final, fue el fin de los propietarios, vale decir: el fin de la soledad.

Nicanor Parra ha muerto. Viva Nicanor Parra.

Raúl Zurita

Poeta chileno

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