Opinión

Ni "primer domingo" ni sólo del "niño"

Domingo 16 de Agosto de 2020

Hay una frase bella de Italo Calvino que dice: "Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir".

Creo que es muy cierta porque por más que las cosas cambien con el tiempo hay relatos, frases, palabras, películas, series, canciones y hasta jingles que siguen diciendo.

¿Un desafío? ¿Quién no recuerda sin cantar a " Primer domingo de agosto Día del Niño, hoy más que nunca regale amor, regale juguetes, regale cariño...". Un clásico que nació como propaganda de la Cámara Rosarina del Juguete y luego se propagó en Buenos Aires.

Hoy el actual presidente de esa cámara, Juan "Coco" Benzi, no recuerda quién creó esa genialidad publicitaria perpetua. Pero La Capital le preguntó al publicista Alberto Banchero, de 87 años, quien develó el enigma: "Lo creó Ernestina Nené Latorre, una mujer que trabajó en nuestra agencia".

Esa mujer, una de las pocas publicitas importantes de la ciudad en esa época, es lamadre de la criatura: un jingle creado en su propia agencia en 1976. Un reconocimiento a quien dejó su impronta sobre un tema alegre, en un año negro del país.

El jingle pervive a pesar de que hace tiempo el Día no se festeja el primer domingo del mes, momento que se había instalado por conveniencias comerciales. Más tarde, atendiendo a las necesidades del mercado, la malaria y los pagos de sueldos en cuotas o diferidos, se corrió el día al tercero del almanaque, por eso esta vez el Día se celebrará el 16.

Pero antes de esto hubieron más cambios. La idea de niño niño mutó varias veces con los siglos y eso se plasmó, entre otras cosas, en la literatura.

En el siglo XVII solo se les tenía alguna consideración a los hijos de la burguesía y por esa época ya circulaban relatos orales creados para adultos, luego difundidos y popularizados gracias a la imprenta, pero que no todos podían leer por falta de alfabetización. Cuentos que en general terminaban bien pero con escenas escabrosas que escuchaban los niños sin temor ni precaución de sus mayores. Otra muestra de que los infantes eran considerados adultos en pequeño.

Y digo "otra" porque no olvidemos que muchos ya trabajaban como mano de obra dócil y barata en las fábricas, hasta que el proletariado organizado comenzó a cuestionarle a un capitalismo en alza las vidas inhumanas de los hijos del pueblo. Una reivindicación que se leerá por siempre en Dickens (Cuento de Navidad, 1843, Inglaterra) o en Víctor Hugo (Los Miserables, 1862, Francia), entre tantos.

A mitad del XIX la infantilización fue otra y eso se refleja justamente en los relatos, hoy considerados clásicos. Cuentos que terminan mal: advierten, aleccionan, dejan moraleja. Relatos atrapantes con la función (y en esto la escuela ayudó bastante) de respetar normas y evitar transgresiones como las de meterse solo o sola en el bosque o mentir a riesgo de que crezca la nariz.

Aunque también estaban algunas obras menos rígidas, fantasiosas y de aventuras osadas como la de la maravillosa Alicia de Lewis Carrol (1865) o El Libro de la Selva, de Kipling (1894) o Tom Sawyer (1876) y Huckleberry Finn (1884), de Mark Twain: solo un acotadísimo puñado de obras para niños y niñas más cercanos a los que conocemos, criamos y mimamos hoy.

Pero con los años y leyes de escolaridad, movimientos independentistas, aspiraciones democráticas y reflexión pedagógica mediante, hacia el 1900 (también en América y en Argentina), ya se ven libros ilustrados, revistas (Billiken, 1919), enciclopedias y literatura de ficción.

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¿Por qué todo este cuento?

Para llegar a que la concepción de niño cambió tanto como el de niñez y el Día del Niño se convirtió en un más plural Día de las Infancias. Una iniciativa de la secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, aunque en 2018 ya la legislatura Santa Fe había impulsado esta perspectiva para el momento en que se armaban las vidrieras y lo aprobó el gobierno.

Por suerte también se amplió la mirada en este sentido en Mendoza, en Neuquén, en Ciudad Autónoma y Chaco, si bien las infancias qom de los barrios rosarinos, cuyos adultos tienen origen en esta provincia, no sólo no tienen juguetes, sino que carecen de alimento saludable y muchas veces hasta de agua potable.

Y ahora, un cambio más.

Muchos y muchas ya hablan de "niñes" (en reemplazo de niño y niña), una marca de época de una lengua siempre viva (si no hablaríamos en lenguas romances, reflexiona la inmensa autora argentina María Teresa Andruetto). Pero además, toda una actitud política frente a la heterogeneidad de las personas y la igualdad de derechos a ser nombrados desde que nacemos.

Cada uno, cada una podrá usar el lenguaje inclusivo o no de acuerdo a muchas cuestiones: bastará al menos con dejar de excluir (una sugerencia de la autora sevillana radicada en Rosario, filóloga y profesora universitaria y ciega, Rocío Muñóz Vergara).

Vaya a saber si se adoptará o no colectivamente este lenguaje, pero por ahora, tal vez sea suficiente que gobiernos y sociedad civil pensemos en todas las infancias posibles, en sus derechos lo que incluye respeto por la identidad de género, tener comida, agua, escolaridad, amor, juguetes (y por qué no buenos relatos, libros y canciones) y cariño como decía ese clásico jingle, que nunca termina de decir.

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