Opinión

Multitud rosarina y ruego cordobés

Claves. El peronismo apuesta a un rosariazo electoral, tanto como el macrismo pone sus deseos en otro cordobazo amarillo. Así cerraron sus campañas .

Jueves 08 de Agosto de 2019

Termina la peor campaña electoral que se recuerde desde 1983. Pero, el lunes, empieza otra.

La excepción que confirmó la regla fue el acto de ayer en Rosario, en el que la fórmula peronista apeló a la movilización popular y a los trazos gruesos de las campañas tradicionales. El país va a unas primarias que no definen absolutamente nada desde lo empírico, y cuyo interés radica en saber en qué lugar está parado cada candidato. Algo así como la creación de climas..

Hay microclimas instalados. No es lo mismo percibir el momento preelectoral en Rosario que en Córdoba. En la ciudad se espera una victoria contundente de Fernández-Cristina, según lo reflejan todas las encuestas.

Pero, además, son los propios candidatos los que envían señales para ser auscultadas por el análisis político: Mauricio Macri apostó a un acto 360, chiquito, en el club Banco Nación. Vaya paradoja: el candidato del establishment no mantuvo reuniones con ninguna referencia institucional de esos sectores. Sí lo hizo Fernández, previo al contundente mitin en el Monumento Nacional a la Bandera. El referente del Frente de Todos se reunió con empresarios, sindicalistas, gobernadores, almorzó en la Bolsa de Comercio y conversó con algunos periodistas.

Tono crispado

El final de campaña encontró al presidente abrazado a María Eugenia Vidal como principal referencia, casi como una tabla salvadora para un náufrago. Se sabrá el lunes a la madrugada si ese esquema le permitió salir a flote. También cambió el tono del candidato a la reelección. Poco quedó en este final de campaña del lenguaje casi budista de otros tiempos. No anduvo con chiquitas Macri, ayer, en las redes sociales, al atacar a "los burócratas, los mafiosos, los corruptos, los matones, los coimeros, los delincuentes, los narcotraficantes, los falsos". El que se calienta, ¿pierde?

Un dato saliente de la comarca santafesina resultó el apoyo explícito de Omar Perotti al dúo Fernández-Cristina. El gobernador electo hizo de enlace para que el ex jefe de Gabinete se reuniese con la Asociación Empresaria y los empresarios de la Bolsa de Comercio. "Todos los sectores que me apoyaron en Santa Fe cumplieron hasta el final. Yo no podía hacerme el boludo", se le escuchó decir a Perotti, respecto del apoyo a los Fernández.

Ese aval sin fisuras de los gobernadores peronistas —salvo el cordobés Juan Schiaretti, quien prefiere una victoria macrista— es el principal activo que le deja a Fernández el final de campaña. Y lo aprovechó ayer en Rosario, agrupándolos en la Facultad de Derecho para firmar un convenio de eventual adhesión si el peronismo gana las elecciones.

Zona centro

Pero todo analista neutral que se precie debe evitar caer en la tentación de hacer pronósticos fundamentados en el microclima. Habrá tres provincias que columpiarán el resultado de la gran encuesta nacional: Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. El resto acompaña.

Y en esos enclaves aparece un gran signo de interrogación. En 2015, la zona centro le proporcionó 800 mil votos de plus a Cambiemos. Hoy esa historia puede llegar a modificarse. O no. En provincia de Buenos Aires se espera una victoria del Frente de Todos, aunque falta saber el porcentaje. A partir de las Paso empezará, como en todos lados, otra historia.

En Córdoba hay tantas especulaciones y encuestas como clases de semillas. Cambiemos le ganó a Scioli por casi 750 mil votos de diferencia en octubre de 2015. Y en el ballottage, la paliza fue mayor. ¿Cómo habrá influido la crisis económica, el desgaste por el tiempo de la gestión en el ánimo de los cordobeses? Atento a esa cuestión estratégica, Fernández fue varias veces a la provincia. Pero el problema de los cordobeses era con Cristina. Y Cristina no fue ni una vez.

Se sabrá el domingo si la primera vuelta podrá convertirse en un ballottage de hecho. Y, para eso, habrá que mirar dos ecuaciones: el porcentaje que alcance el ganador y la performance de la tercera fuerza.

El gobierno parece haber conseguido la polarización que tanto buscó. Al final del camino, sólo podrá ganar Macri o Fernández. Esa idea de ir a fondo contra la fórmula peronista presentó un problema inesperado para Marcos Peña y Jaime Durán Barba, que tuvo que ver con la decisión de Cristina de bajarse un peldaño de la escalera. Aunque sin bajarse definitivamente de la escalera.

Habrá que esperar para saber si Fernández logra atraer un voto panperonista que Cristina, por sí sola, nunca hubiera logrado. ¿Cuál es el ejemplo pulimentado de esa afirmación teórica? La presencia casi unánime de los gobernadores peronistas en el acto de ayer, a la vera del río Paraná.

A la hora del análisis cualitativo, muy poco queda de una campaña carente de ideas. No sólo faltaron propuestas. Hasta las promesas quedaron fuera del ajuar. Es verdad, que tras las primarias se abrirá un camino hacia la primera vuelta que extremará los discursos y las necesidades.

Fernández desde Rosario y Macri desde Córdoba clausuraron la campaña. Ambos sueñan, por canales diferentes, con un rosariazo peronista y un cordobazo macrista. El presidente, más que pedir el voto, les rogó anoche que sufragaran por Juntos por el Cambio. El candidato del Frente de Todos ubicó estratégicamente a Perotti junto a Cristina y a él.

Esta campaña electoral se termina. Sin pena ni gloria. Pero la más importante, empieza el lunes.

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