Mil días de Macri
Claves. El balance del gobierno nacional es negativo, casi por donde se lo mire. Del "mejor equipo de los últimos 50 años" al desmantelamiento del organigrama ministerial. Incertidumbre por el futuro.
Mil días de Cambiemos en el gobierno, y ninguna flor.

Toda la expectativa por el advenimiento de Mauricio Macri en el poder quedó hecha trizas antes del tramo final, con una suma de errores no forzados difíciles de entender para el autopromocionado "mejor equipo de los últimos 50 años".

La desazón por la crisis permanente pega doblemente en la sociedad que votó a Macri cargada de expectativas, al punto de que Cambiemos ganó las elecciones legislativas con la mayoría diciendo que, económicamente, estaba peor que con el gobierno de Cristina Kirchner.

La provincia de Santa Fe representó el mejor ejemplo empírico del valor de marca de Cambiemos y del deseo mayoritario de dejar atrás el pasado. El macrismo ganó las elecciones a diputado nacional con un candidato desconocido para el gran público. Aún hoy, son pocos los que saben quién es Albor Cantard. Macri lo hizo.

El pecado macrista fue creer que los resultados del 22 de octubre de 2017 constituyeron un cheque en blanco, y que la economía podía ser manejada con piloto automático o alguna que otra mano invisible. Dígase de una buena vez: la política económica del gobierno fue y es muy mala.

"A la ceocracia le resultó complicado entender cómo se maneja el Estado. Ese modelo explotó con la expulsión de Quintana & Lopetegui"

La inflación, remixada día a día, se dio de bruces con aquel Macri soberbio, en la campaña, que decía que lo más fácil era bajar los índices. Pero el segundo pecado del presidente fue haber incumplido con otra de sus promesas de campaña. "En mi gobierno ningún trabajador pagará Ganancias", voceó. Había sido el primer mordiscón a la manzana envenenada. Ya era como los demás presidentes que lo antecedieron en materia de promesas incumplidas.

Macri no pudo, no supo o no quiso eliminar de raíz los eternos vicios de los que un día se suben a lo más alto de la pirámide del poder: el encierro político. Se lo dijo con todas las letras Emilio Monzó cuando empezó a verse cierta incapacidad oficial para hacer política. "Tenemos que abrirnos, convocar a dirigentes de la oposición. Hacer lo que hizo Carlos Menem después que ganar las elecciones, cuando se fagocitó a los partidos de la oposición. Pero está cercado el presidente", mensuró el actual presidente de la Cámara de Diputados, quien hoy cuenta los días como un preso para llegar a diciembre y buscar otro destino.

La crisis económica se plantó como un bloque impenetrable para un grupo de personas, hoy en la función pública, que llegaba precedida de laureles en la actividad privada. A la ceocracia le resultó complicado entender el manejo del Estado. Ese modelo explotó con la decisión de echar del gobierno a Quintana & Lopetegui, algo así como los Thompson & Williams del macrismo.

Hay algunas curiosidades en el derrotero del Ejecutivo nacional, y mucha tozudez en querer penetrar la materia. Al presidente no le gusta que haya un ego que supere al suyo. Lo padeció a Carlos Bianchi, a Juan Román Riquelme, a Diego Maradona. Por eso está Nicolás Dujovne como ministro de Economía y, por eso, lo echó a Alfonso Prat Gay. Todo lo que vino después de los cambios iniciáticos fue para peor.

Otra curiosidad fue el empeño en avanzar con políticas de ajuste desde el vamos. Gradualismo o no gradualismo, nunca hubo una decisión a favor de la clase media. Bien vale recordar una sentencia del gurú macrista, Jaime Durán Barba, en plena campaña presidencial: "La idea del ajuste para equilibrar la economía y sacarse la peor parte de encima es una idea sin retorno. No hay gobierno que haga un ajuste y después no sea percibido como hijo de puta por la población" (libro Cambiamos, página 60. Autor: Hernán iglesias Illa). A confesión de parte, relevo de prueba. Ahí está Macri.

Se escribió en esta columna, y debe repetirse. La sociedad ha acompañado a Cambiemos contra viento y marea. Contradiciendo un poco la creencia del ecuatoriano, el macrismo ganó las elecciones legislativas de octubre con una mala economía, pero con la bendición celestial de "la grieta", ese formidable negocio político que Cambiemos cobró todo junto por ventanilla. Con tal de garantizar la derrota final del kirchnerismo, buena parte de la sociedad votó sin pensar en el bolsillo. Como decía John Lennon, el sueño terminó. El presidente está hoy en el peor de los mundos en su relación con la sociedad.

"El gobierno debe legar a marzo. Eso implicará haber mantenido la gobernabilidad, una luz verde para poder tener futuro electoral"

De un plumazo, el jefe del Estado bajó casi veinte a ministerios a 11, pero no hay ni una sola cara nueva. Se comprobó lo que una fuente inobjetable de Cambiemos le dijo a LaCapital antes de la asamblea que se llevó adelante en Olivos, el domingo, mientras Macri veía Boca-Vélez en su quinta privada.

"Hay que aguantar los trapos hasta cerrar el nuevo programa con el FMI, y esperar los anuncios fiscales. Luego, a rezar que nos crean. Si esto no se frena después de los anuncios, habrá que cambiar medio gabinete, sólo como último recurso. Hay una muy fuerte presión para que Macri lo eche a (Marcos) Peña, pero eso no va a pasar. Sería la última carta". Eso se escribió el domingo. Eso pasó y está pasando.

Nadie sabe cómo terminará esta historia. ¿Está extinguido el gobierno de Macri, al punto de pensar en que no tiene viabilidad pos 2019? Dependerá de la realidad y del tiempo. Si llega a marzo es que habrá mantenido la gobernabilidad. Enfrente no hay una oposición sólida, por ahora son oposiciones.

El tiempo y la mala praxis le sacaron el nylon de lo nuevo a Cambiemos. Hasta el punto de tener que convocar a Carlos Grosso (un emblema de la peor política) para que le muestre cómo es la real politik en tiempos de crisis. Al macrismo le falta política, además de sapiencia económica. Debe evitar (cuanto antes mejor) que no se cumpla lo que escribió Luis Alberto Spinetta: "Tu jeep no arranca más Ni siquiera un milagro te haría salir Del barro no volverá".

De los peores laberintos se sale con más y mejor política. Y nunca, al revés.