Opinión

Mejor no hablar de ciertas cosas

Claves. La política enfrenta por primera vez una campaña en pandemia. Deberán convencer al santafesino de que se sale con más y mejor política

Jueves 03 de Junio de 2021

Los candidatos, los periodistas políticos y hasta los asesores comunicacionales están ante un problema: ¿cómo funciona la política preelectoral en tiempos de pandemia?

  Frente a un cuadro de precariedad económica y de crisis sanitaria, el riesgo para los candidatos es mostrarse ocupados en otra cosa. Aunque, dígase desde el vamos: de toda crisis se sale con más y mejor política.

  Alguna candidata quiso hacer un movimiento disruptivo colocando carteles que promocionaban su figura. A medida que la gente pasaba por el lugar y miraba el afiche cuanto menos lanzaba un insulto. Ver para creer.

 La provincia de Santa Fe tiene un problema extra a la situación nacional: aquí se terminaron los grandes electores. El último fue Miguel Lifschitz, quien, sin embargo, nunca había asegurado una candidatura a senador nacional. Un sondeo que realizo la Casa Rosada dejó estupefactos a algunas personas por lo extraordinarios niveles de desconocimiento de quienes se aprontan a convertirse en candidatos.

Paquete cerrado

  El riesgo, entonces, está cada vez más cerca de convertirse en realidad: la nacionalización querrá vender envasado en Ciudad de Buenos Aires el paquete de “la grieta”, que no es otra cosa que un negocio mayúsculo que cobran por ventanilla Juntos por el Cambio y el Frente de Todos. Aunque nadie fuera del círculo rojo este pensando en las elecciones, ha comenzado el calendario electoral.

  El lanzamiento del perottismo como sector interno (casi con el mismo nombre que el de Juan Schiaretti en Córdoba) avivó los pensamientos del kirchnerismo santafesino. Vaya uno a saber cómo acuerdan Cristina y Perotti las listas. El gobernador tiene ante sí un desafío cada vez más incómodo con la pandemia. El mismo dijo ayer que Santa Fe está en problemas, y no hay señales de que la situación mejore en el corto plazo. Para Perotti, de ahora en más gobernar es vacunar.

  En esta columna se escribió hace tres meses que el peronismo es el kirchnerismo. Por algo, se convierte en el exclusivo foco de ataque de un par de grandes medios nacionales identificados con el macrismo. Al margen de gustos personales, al presidente Alberto Fernández no le queda otra que recostarse en Cristina.

  Nunca llegó a presentarse en escena la liga de gobernadores. Tampoco hay margen para que un gobernador del interior (por caso Schiaretti, quien ha dado alguna señal en ese sentido) repita lo que en su momento hizo Carlos Menem, quien hasta se dio el lujo de que los porteños votasen mayoritariamente a su coterráneo Erman González.

  Hoy, con la centralización mediática y los costos de campaña eso es imposible. Lamentablemente, la centralidad porteño-bonaerense es cada vez más fuerte. Haga el lector el esfuerzo de adivinar cuántos integrantes del gabinete representan al interior del país y se llevara una sorpresa máxima.

  Pero volvamos al kirchnerismo como cepa exclusiva de la actualidad peronista (Jorge Asís dixit), acompañado por Sergio Massa, quien sabe que sin el kirchnerismo no se va hacia ningún lado. Es más, hasta un iniciado en política sabe que la única chance de que el peronismo gane una provincia grande viene de la mano del conurbano bonaerense. Allí, Axel Kicillof le sacó 15 puntos a María Eugenia Vidal, de muy mala gestión.

  El Frente de Todos perderá Córdoba, Mendoza, Caba, Entre Ríos y se le complica Santa Fe. ¿Por qué se le complica? Porque sin Lifschitz en la cancha y con el éxodo radical a Juntos por el Cambio el menú no se repartiría en tres tercios. Aunque los partidos se juegan y se ganan en la cancha.

Llamando a Bonfatti

El socialismo debe apelar a Antonio Bonfatti como candidato a diputado o senador nacional. Por todas las razones que se citaron en párrafos anteriores: es el dirigente más conocido por su pasado como gobernador y puede intentar unir voluntades con otros sectores. El progresismo conspira contra sí mismo con la división: socialismo, radicalismo de Libres, Ciudad Futura, Carlos del Frade, Rubén Giustiniani (y siguen las firmas).

  Esa división de los que piensan lo mismo le regalan el escenario, las elecciones y el poder a los que no piensan lo mismo. Tampoco hay allí un as de espada como para disciplinarse, es una cuestión de sentido común, salvo que la testimonialidad sea el objetivo.

  Ese modus operandi antes le correspondía al peronismo, dividido en cien mosaicos. Ahora entendieron que con una frase (“unidad en la diversidad”) dejaban contentos a los peronistas variopintos. Y ganaron la Gobernación hasta en Rosario.

  Ayer, en una consulta de fuentes, un dirigente peronista de años respondió con una letra de Luca Prodan a la pregunta sobre cómo será la campaña electoral con semejante clima social y sanitario: “Mejor no hablar de ciertas cosas”.

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