Opinión

Macri está atado a Lilita

Claves. Carrió le marcó la cancha al presidente, que deberá atender sus reclamos.

Jueves 11 de Octubre de 2018

Mauricio Macri atraviesa su peor momento desde que fue elegido presidente, y su caída tampoco registra antecedentes mientras fue jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Se ha quedado con su núcleo duro, está perdiendo el favor de las clases medias. Elisa Carrió lo sabe.

Macri y Carrió pertenecen a mundos distintos. Aunque la alianza con el macrismo le haya hecho perder a Lilita aquella repentización que la alejaba de la clase política argentina, sigue siendo la única dirigente por la que un ciudadano común puede perder 20 minutos de su vida para escuchar lo que dice un político.

Se ha escrito en esta columna: Cambiemos dura hasta que Carrió diga "nos vamos". La pérdida de Macri en las encuestas y, sobre todo, la toma de distancia del votante blando, el que lo eligió en el ballottage, lo ha transformado, apenas, en un referente de clase. Al menos por ahora. El futuro de la crisis le pondrá el resultado final.

"A medida que cae la aprobación del gobierno, cambia también la naturaleza de su popularidad. Se profundiza el sesgo de clase. Hoy, la pata más débil de la marca es Macri", apunta el sociólogo Ignacio Ramírez, director de Flacso. Es interesante la mirada de Ramírez, quien dice que "toda la narrativa de Cacho, María, el mate, la estética de la proximidad" lo necesitó Cambiemos para intentar sostener comunicacionalmente la ligazón con la clase media, hoy lesionada por el contenido de las facturas de los servicios públicos.

Cambio dentro del cambio

Esa erosión empezó a hacer mella en Carrió, quien cayó en las encuestas, a la par del gobierno nocional, no sólo como consecuencia de la muy mala política económica, sino de una serie de movimientos errados de la diputada, que fueron pésimamente recibidos por su núcleo de pertenencia: la clase media. Por estas horas, Lilita evalúa irse del gobierno y, por eso, le puso plazo a Macri para que "cambie". Sí, así como se lee. Le marcó la cancha al presidente.

Macri no puede darse el lujo de expulsar a Carrió, como sí lo hizo con otros personajes de ego alto, tales los casos de Alfonso Prat Guy y Francisco Cheto Cabrera, entre otros. El presidente tiene una particularísima tirria con quienes gozan de alta exposición y contraponen su liderazgo.

No es de ahora ese rasgo: ya lo puso en práctica cuando presidía Boca Juniors. Quiso ser, además del presidente, el director técnico y el número diez. Por eso se llevó tan mal con Carlos Bianchi, Juan Román Riquelme y Diego Maradona. El síndrome del cockipt del auto de Fórmula 1 —donde entra sólo uno, el piloto— trasladado a la política.

Ese mismo ego portentoso lo tiene Carrió. Desde otro lugar ha sabido convertir en una suma la diferencia de formación con Macri, quien carece de la preparación intelectual de Carrió, de la formación teórica y de un liderazgo declamativo que la hace atractiva para los medios.

"Carrió aparece como la única demandante de cambios internos en el gobierno. Se contrapone al silencio de la UCR"

La chaqueña no pegó el portazo porque sabe que las renuncias son mal vistas y gozan de mala prensa en la Argentina. El antecedente mediático de Carrió —su espejo y contraespejo: fue Carlos Chacho Alvarez. Pocas veces en la posdictadura apareció un liderazgo tan visceralmente mediático como el del dirigente de Balvanera. Sin embargo, a partir de haber abandonado el cargo de vicepresidente se convirtió en una sombra, en una esfinge.

La gran duda es cómo va a colmar el gobierno las demandas de Carrió, si no es con lo que ella misma pide: el alejamiento del ministro de Justicia, Germán Garavano, y de todo cuanto huela a Coti Nosiglia.

Por ejemplo, en esa línea de diferenciación, debe interpretarse la mala onda de Lilita con el intendente de Santa Fe, José Corral. Es más, le dijo a gente que la frecuenta que vendrá varias veces a la provincia a hacer campaña contra el dirigente radical, si se convierte en candidato a gobernador.

Carrió es así. Indómita, contradictoria, difícil de contener, destructora de sus propias construcciones, pero de una honestidad comprobada que la hace escalar peldaños en la política. Y capaz de haber hecho denuncias hace muchos años que, ahora, se tramitan en la Justicia.

"Cristina y Macri se necesitan. El presidente tiene la imagen negativa tan alta como la de su antecesora en el cargo"

A Cambiemos, Carrió le saca un poco de almidón, mueve la coctelera del macrismo, muy desbalanceado en discurso y acción hacia posiciones nada complacientes en materia de lucha contra la corrupción. Difícilmente, hubiera habido clímax político para avanzar en algunas investigaciones sin la presencia, activando, de la jefa de la Coalición Cívica.

Ahora, hay un punto de fricción y contradicción profunda entre ella y su gobierno. Cree Carrió que hay un intento del macrismo y de sus operadores judiciales de no avanzar en el desafuero de Cristina Kirchner. No es una novedad que Jaime Durán Barba la quiere libre, en campaña permanente. La única chance que tiene Macri de ser reelecto pasa por la división del peronismo. Y para eso, Cristina no tiene que ir presa.

La ex presidenta sigue siendo la que más intención de voto tiene en la oposición, pero también la que despierta más rechazo. Macri no dispone de margen para repudiarla: su imagen personal es tan mala como la de CFK.

Para poder tener chances de reelección, el jefe del Estado necesita mantener la gobernabilidad, pasar diciembre y no sufrir deserciones en su equipo, que nunca fue, ni por asomo, "el mejor de los últimos 50 años". Y ponerle una y mil velas al peronismo para que siga igual.

Si el peronismo y el panperonismo hacen un movimiento de unidad, no hay demasiado para imaginar. Esto quedará reflejado si prospera la sesión especial para derogar el nuevo tarifazo del gas.

En todos los casos, Macri necesita que Carrió no pegue el portazo.

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