Opinión

Los países emergentes autoritarios suman socios: ¿también a la Argentina?

En la poblada categoría de los países emergentes, mientras en el terreno económico se observan grandes coincidencias, en el del modelo político hay enormes distancias.

Martes 06 de Agosto de 2019

En la poblada categoría de los países emergentes, mientras en el terreno económico se observan grandes coincidencias, en el del modelo político hay enormes distancias. Desde la dictadura totalitaria y sin fisuras de China a los países que optan por la democracia de tipo occidental liberal, como Perú, Chile, Uruguay en la región y la India en Asia, acompañada de Taiwán, Corea y otras naciones del Asia-Pacífico.

   Pero en el medio destaca un lote creciente de naciones que se inclinan por un nuevo autoritarismo. En este modelo hay elecciones pero no opciones reales para el elector. Acá figuran la Rusia de Putin, la Turquía de Erdogan, la Venezuela de Maduro, y, también, la Bolivia de Evo Morales. Deben sumarse las naciones ex soviéticas de Asia central y Bielorrusia.    

   Con distintos grados de autoritarismo y caudillismo, estos países coinciden, como las democracias plenas, en el modelo de desarrollo económico, que es el de casi todos los países emergentes: exportación masiva de commodities (minerales, hidrocarburos, granos) que permite hacerse de divisas para comprar bienes de consumo e intermedios.    

   Aunque las distancias entre muchas de estas naciones son abismales, el factor común es que se declaran democracias pero no lo son, o bien han dejado de serlo gradualmente, o están iniciando este proceso. Las recientes manifestaciones reprimidas con mano de hierro en Moscú son una reiteración de la Rusia autoritaria de Putin y de la que viene, aún más autoritaria. Putin ganó en forma abrumadora el año pasado un nuevo período presidencial, pero contra nadie. Todos sus adversarios de peso estaban anulados, apresados...o asesinados. Igual hizo Maduro en 2018 y por eso no es reconocido por la comunidad internacional, o al menos por la de tipo occidental, que reconoce como mandatario legítimo a Juan Guaidó (son 54 naciones, desde Estados Unidos a Corea del Sur, desde Argentina a Japón, desde España a Canadá). Erdogan, un nacionalista conservador e islamista que está sepultando la tradición laica de Turquía, hizo repetir las elecciones de Estambul cuando las perdió hace unos meses. Estambul es por lejos la ciudad más importante de Turquía y la más cosmopolita. El partido de Erdogan perdió por segunda vez y debió rendirse, lo que evidencia que las grandes urbes modernas son los centros de resistencia a estos hegemonismos dictatoriales, que tienen sus reservorios de votantes fieles en las zonas más atrasadas del interior de sus vastos países. Se puede calificar a la democracia turca como una democracia en agonía. El viraje autoritario de Erdogan, que viene de años, se hizo perceptible a simple vista desde el frustrado golpe militar de 2016. El líder turco aprovechó el cuartelazo frustrado para multiplicar la represión del periodismo y los sectores de la sociedad civil laicos y críticos. Es un buen ejemplo de cómo el creciente caudillismo autoritario anula al sistema institucional de una democracia débil. Similar proceso se vivió en Venezuela con Chávez y luego Maduro, con gran crudeza y violencia represiva.

   En otro tono, Evo Morales en Bolivia también va por este camino. La clave es que cuando el caudillo empieza a perder votos anula el mecanismo democrático, lo bloquea, tal como han hecho Putin y Maduro. Y desde el inicio hostiga a los opositores competitivos, sus jueces los llenan de denuncias penales por cargos falaces, como “complot contra el Estado” o “traición a la patria”, se los encarcela o fuerza al exilio. El aparato estatal juega de forma tan descarada que la competencia electoral se desarrolla en una cancha muy inclinada. Es lo que ocurrirá en Bolivia dentro de pocos meses. Nuevamente.

   La pregunta que da vueltas por la cabeza de algunos por estos días es si Argentina, en caso de una victoria del kirchnerismo, podría sumarse a este grupo de países emergentes con democracias débiles y presidentes hegemónicos y autoritarios. Evo asegura que la división de poderes es un invento del capitalismo estadounidense. Acá tuvimos algo similar con aquel proyecto de “democratización de la Justicia”, replanteado por el ex juez supremo Zaffaroni. Este tema y otros no anticipan nada bueno para los que prefieren una democracia cabal y plena, según manda la Constitución.

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