Opinión

Los operadores

Sorprendido me pregunta cómo vine a parar al mismo geriátrico que su tía a quien vino a visitar y que es amena acompañante de mis tardes.

Domingo 04 de Noviembre de 2018

Sorprendido me pregunta cómo vine a parar al mismo geriátrico que su tía a quien vino a visitar y que es amena acompañante de mis tardes. Le digo al novato periodista que como todos, primero me hice viejo, igual que luces que se apagan, y al mismo tiempo, o antes o después, no recuerdo bien, llegaron los achaques crueles. Mientras ponen presentable a la tía charlamos. Nada de fútbol ni los preparativos para el respaldo que el Ejecutivo recibirá no gratuitamente del G20 que invadirá esta casa en desorden. Como a muchos, nos están demoliendo los tarifazos de cada día que hacen estragos en todas las clases sociales. Coincidimos en que ya no son sólo pibes los que asisten a los comedores, van familias enteras. Y mete inatajable en el ángulo otra duda cuando me pregunta si tendrá la merecida difusión la brutal actitud de un intendente oficialista del conurbano que visitó un comedor. Los pibes almorzaban fideos, pero él pidió que agregaran a su plato una salsita con carne porque los fideos solos le provocaban inapetencia. El ganador del premio al altruismo no dejó de sonreír para las cámaras cuando le dijeron que los alumnos hace tiempo que no prueban carne porque el precio es inaccesible. El tipo es sincero. Después de todo, nunca supo de la existencia del prójimo. Y como una cosa lleva a la otra, mi joven amigo pretende que lo esclarezca sobre si la información política circulante es escasa o simplemente maquillada. Y la dulce tía que no viene y me deja sin escape. Le digo que en buena parte el fenómeno, por ponerle un nombre, es atribuible a la reinventada posverdad, eufemismo reflotado para disfrazar lo que en verdad es falsedad encubierta o mejor dicho mentira que se emplea en detrimento de los hechos objetivos. Como decía Chaplin, "el arte consiste en ocultar el artificio". Estas jugarretas, donde también entran las noticias falsas, es usada por el oficialismo que tiene amordazada a la Oficina de Anticorrupción, los malos muchachos de los grandes grupos dominantes y, por supuesto, la oposición, que de ingenua ya peca de otra cosa. Así, por ejemplo, la represión queda justificada porque en manifestaciones contra el desgobierno y sin que nadie lo note aparecen veinte o más tipos bien vestidos pero con capuchas para desacreditar a las organizaciones de militantes ante los cándidos de esta singular sociedad. También se hacen encuentros súper secretos que después aparecen publicados con foto y todo. No queda otra explicación que suponer que la supuesta filtración fue una broma del Espíritu Santo que acertó a pasar por esas torres de Babel donde cada uno habla su propio idioma según sus mezquinos y ambiciosos intereses. Nada nuevo, aclaro. Y añado que recuerdo cuando, orgulloso, un contaminado escriba me quiso convencer que era un "operador político", capaz de trabajar en discursos y perfiles que deberían mostrar los candidatos ante los votantes. No fue el precursor, mas en aquel instante pensé que este oficio nuestro se escurría por el caño, nacían los nuevos mercenarios bañados en corrupción. La verdad incomoda con su cara de hereje y nunca es triste, sólo que no tiene remedio, como dice la canción. Pero lo más penoso es darse cuenta que, de un modo u otro, la verdad tiene precio.

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