Opinión

Los laberintos del peronismo

Claves. La decisión de Cristina sobre su candidatura es lo que definirá el escenario político. Si el peronismo legitima a su candidato en una gran interna bonaerense podrá ganar. Macri recibió a Boasso.

Domingo 26 de Marzo de 2017

Cristina Kirchner será candidata a senadora por provincia de Buenos Aires sólo si su situación procesal resulta asfixiante y esa opción se convierte en el único salvoconducto para mantener la libertad ambulatoria. Ningún líder que se precie vuelve del 54 por ciento de los votos en una elección presidencial a correr el riesgo de terminar su carrera política perdiendo con una figura menor del macrismo.

La decisión final de la ex jefa del Estado condiciona al peronismo: hoy, ninguno de los que quieren encarnar el poskirchnerismo tiene más votos que ella, ni los tendrá al momento de las elecciones. CFK es la excepción a la regla actual de la Argentina, que carece de liderazgos. Aunque a Cristina no le alcance para volver a ser presidenta. Su imagen negativa es muy alta.

Sólo Mauricio Macri y Cristina tallan hoy como líderes en los espacios políticos, aunque cada uno con su librito, sus activos electorales diezmados y las imágenes negativas copiosas. Pero hoy, nos ocupa el peronismo: en el otrora movimiento nacional organizado, la política no funciona sin un jefe. Allí, el horizontalismo es sinónimo de crisis, de pérdida de poder.

En la provincia de Buenos Aires está la flor y nata de lo que viene. Los números le dan muy mal a la gestión del gobierno nacional en el conurbano profundo, producto de una economía que nunca despegó pero, fundamentalmente, por el aumento de la pobreza. Allí, como contrapartida, los números le dan más que bien a Cristina. Pero, el conurbano profundo siempre fue peronista.

Peronistas en su tinta

Si el peronismo unifica sus estrategias bajo un solo paraguas y deja de lado las divisiones internas, el macrismo tiene que preocuparse en provincia de Buenos Aires. La gobernadora María Eugenia Vidal, con toda su carga balsámica que la hace aparecer como un personaje naíf, pero con el indiscutible mérito de haberle ganado al PJ en su cara y en su cancha, no estará en las boletas.

Cambiemos necesita que los votos peronistas en el principal distrito del país se dividan en dos o en tres partes. Que Sergio Massa juegue su partido, que Cristina sea de la partida y que Florencio Randazzo demuestre en la cancha que no está sobregirado.

Ese escenario sería el más refractario para candidaturas oficialistas que no generan encandilamiento, tales los casos de Jorge Macri o Esteban Bullrich.

Elisa Carrió —la que tiene mayor adhesión y sí genera emociones— comprobó en los últimos días lo que se adelantó en esta columna: Macri no le va a regalar la chance de terminar con el kirchnerismo y poner a Cristina definitivamente en el arcón de los recuerdos. En otro momento, la indómita diputada hubiera puesto el grito en el cielo, pero ahora ella sabe que no tiene destino inmediato posible sin Cambiemos. Saludo uno, saludo dos, hace ahora Lilita.

Pero hay que volver al peronismo. Massa, tras algún momento de duda, decidió que el camino a seguir es de la mano de Margarita Stolbizer y no del PJ. Con buen olfato, comprende que la derrota peronista en provincia de Buenos Aires, primero, y en la Nación, después, es una señal contundente de un nuevo signo de los tiempos. Si a Macri y a Vidal les va bien, se habrá terminado algo más que el kirchnerismo.

El problema que tiene Massa es de mercado político. La unión con la progresista Stolbizer le suma para la foto, pero le quita espesor en los extremos. A Margarita también. ¿Cuántos peronistas votarían a una candidata que quiere meter presa a una ex presidenta peronista? ¿Cuántos progresistas votarían a un peronista?

Massa aparece como un jarrón chino, sin poder ubicarse en medio de una elección de mitad de mandato que está cada vez más contaminada por la grieta, al fin una pelea irracional y desbocada entre macristas y kirchneristas que teje y dibuja todas y cada unas de las capas de la realidad. Un ejemplo cercano fue el acto en la ciudad de Buenos Aires por el 24 de marzo, totalmente impregnado de kirchnerismo. En Rosario fue otra cosa, para bien de la memoria y de la justicia.

Los mismos problemas respecto de una mejor ubicación tendría Randazzo si es que decide ser de la partida. El ex ministro del Interior y Transporte debería pelear su tajada electoral con el kirchnerismo paladar negro y con el massimo, aunque dio otras señales.

Cerca de fin de año Randazzo se reunió con dirigentes socialistas santafesinos, a quienes sondeó sobre la posibilidad de explorar caminos en conjunto. No está de más recordar que varias veces el hombre de Chivilcoy blandió la posibilidad de llevar a Antonio Bonfatti como candidato a vicepresidente, No pudo ser.

En este momento de ebullición, el PJ santafesino está perdido como pickle en pan dulce. Agustín Rossi, pese a ser considerado desde el perottismo y otros sectores internos como "piantavotos", se plantó con su candidatura a diputado por adentro de la estructura. Si gana conduce, y si pierde expandirá kirchnerismo desde adentro de la lista. Los que pueden presentar una posición alternativa son los senadores. Omar Perotti trata de no hacer ruido: cree que su partido se juega en 2019.

Hoy, salvo Rossi en el PJ, ningún otro frente tiene definido el primer lugar. LaCapital pudo saber que, el jueves pasado, el presidente Macri recibió en Casa Rosada a Jorge Boasso, quien le trasladó su decisión de ser candidato a diputado. El jefe del Estado sorprendió al hacer mención a la interna macrista local. Cómo irá Cambiemos a las Paso es una incógnita.

Al tiempo que la Casa Rosada deberá armar su construcción electoral, no deberá perder referencia de lo que haga la oposición.

Como bien dice hoy el politólogo Roberto Stark en página 16 de LaCapital: lo único más o menos rescatable que tiene hoy el gobierno es que enfrente no parece haber nadie.

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