Miércoles 21 de Diciembre de 2016
Son el suplicio de Tántalo redivivo. Muestran al que tiene una idea de la felicidad que la suya es totalmente contraria a la concepción de la Municipalidad, la provincia y la Nación. Con estos tres la perinola siempre da Pon todo. Nunca una revanchita, una devolución por un mes sobrefacturado, una exención por buen contribuyente, una cuota más baja por no chocar nunca el edificio, como pasa con las aseguradoras de los autos. Llega principios de mes y las facturas entran por debajo la puerta con toda la prepotencia que les asigna su condición de impuestos. Una, dos, tres, otras, y cada una trae las consabidas cuotas con las que se pretende engañar a la baja los montos. Cada una descerraja el código de barra que dispara 345, 467, 1.244, y cuando el estatalmente agredido empieza a acostumbrarse a las cifras se da cuenta con horror que en el último pliegue del formulario se le había escondido otra cuota, que no son dos, son tres; "no sos vos, soy yo", casi lo mismo. Para celebrar el cumplemeses, pronto se sumarán el gas, el teléfono, el cable, la luz, el agua, porque los limpitos arderán en el fuego del infierno. Groggy tras el uppercut de la TGI y el jab del inmobiliario ya no le quedan fuerzas ni para ensayar una protesta. No pago nada, se van al carajo. El convencimiento se le hace carne. Se imagina liderando un movimiento de vecinos, cortando calles con pancartas que gritan "Por unos impuestos dignos". Va a ir al Concejo para pedir una minuta de comunicación en la que se le exija al Ejecutivo que detalle en qué gasta cada peso. Se imagina también hablando a los movileros de las radios y los canales. Y por fin se imagina cuánta pelota le van a dar "las autoridades". A la media hora le está preguntando al banco como es eso del débito automático.