Opinión

Llegar, aunque sea con muletas

Claves. Otra vez, como en 1989 y 2001, el país ingresó a un fin de semana cargado de angustia e interrogantes. Hay un gobierno que está de salida, pero faltan casi 60 días para las elecciones.

Domingo 01 de Septiembre de 2019

El país vive una situación inédita: la suerte del oficialismo está prácticamente echada, pero no hay, siquiera, presidente electo. Este cuadro dificulta el día a día, traumatiza a la sociedad e impide saber cuándo termina formalmente esta historia y se abre otro amanecer.

El viernes fue uno de esos días a los que nos tiene acostumbrada la mala política argentina, pletórica en gobiernos deficientes, pero también oposiciones y clase empresaria mediocres. El futuro inmediato, el día de mañana y pasado, es un conjunto de interrogantes.

Mauricio Macri tiene el boleto picado desde el 11 de agosto. Lo que haga o deje de hacer es trascendente para evitar o profundizar el caos económico, pero la matemática electoral pareció unirse a la letra del tango: "Chau, no va más". El presidente debe jugar su partido, ahora, para que la historia le reconozca, al menos, no haber espiralizado el incendio. Lo político y electoral del aquí y ahora está liquidado.

Alberto Fernández parece por momentos contribuir a la confusión general, haciendo declaraciones innecesarias a medios influyentes, como fue el caso del Wall Street Journal, donde dijo que el país ya estaba en default. Empiezan a brotar tantos chupamedias de "Alberto", que las críticas por esos dichos quedaron limitados al macrismo, que es parte interesada.

No hay dos sin tres

Se asiste al déjà vu periódico del fin de los gobiernos no peronistas, algo que deberá ser motivo de análisis no sólo en los centros de estudios sino también en los análisis políticos. Los gobiernos de Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa y Macri terminan en medio de la incertidumbre, con la gente derrumbada por la desilusión. Parecen trabajar para la resurrección del peronismo y no para su alejamiento definitivo del poder. Pero, esto, será tema de otra historia. Ahora, corre y aprieta la coyuntura.

"Se está tratando de aguantar, pero es cierto que está todo muy delicado. La oposición tampoco ayuda. Hay conciencia de que se terminó nuestro tiempo, pero hay que hacer todo para llegar lo mejor posible a diciembre", dijo a LaCapital, el viernes a las 6PM, un funcionario del gobierno nacional.

Por cuerda separada, pero en el mismo tono de abatimiento, otro informante admitió un "pésimo clima en Casa Rosada" con "fuertes rumores de nuevos anuncios". Según confió la fuente, "se hace todo para terminar en tiempo y forma, pero no sale. El objetivo es llegar".

El problema de Macri también es un problema para el FMI. Fernández lo dijo en su entrevista al periódico norteamericano. "El FMI es culpable, financió la campaña de reelección más cara de la historia", asestó. Si no llegan los cinco mil millones de dólares previstos para esta etapa, será un problema mayúsculo también para el futuro presidente Fernández, si es que triunfa en octubre. Es lo que debería empezar a pensar.

Falta de reservas, ausencia de renegociación de deudas y bloqueo de préstamos son una tríada que recuerda lo peor del pasado inmediato y mediato de la Argentina. En 2001 se intentó evitar lo peor convocando a una mesa de diálogo que incluyó a la Iglesia, pero en este país no hay Moncloa que funcione. Para aspirar a algo que se parezca a un pacto ordenador debe primar el sentido común.

En el mientras tanto, la campaña está paralizada. La situación condiciona no sólo la campaña nacional, sino la marcha de la transición en la provincia de Santa Fe. Lo que hubo ayer en las arcas del Estado, habrá que ver si está dentro de treinta días.

Por eso, el gobierno anunció el mantenimiento de la cláusula gatillo para la administración pública, pero dejó abierto el interrogante hacia el futuro. Para los trabajadores privados no hay cláusula gatillo que valga.

Desde el lado de los gobiernos y del sector sindical deberá primar la sensatez, de lo contrario las transiciones pacíficas volarán por los aires. Hasta aquí, son los sectores de más bajos recursos los que están dando una lección.

Con la inflación espiralizada, sobre todo en el valor de los productos de primera necesidad, no hubo —hay que cruzar los dedos— estallidos. Pero nada es para siempre. Se necesita un paquete de medidas destinada a garantizar lo mínimo e indispensable. Al fin, se debe evitar que lo que venga sea peor a lo que está.

Macri dejó atado el futuro a alguien que no estaba en su radar más cercano. A diferencia del inepto Nicolás Dujovne, Hernán Lacunza parece estar al tanto de lo difícil del momento. En el terreno político, pese a la caída y las múltiples críticas hacia el otrora pibe de oro, Marcos Peña, el presidente ha decidido mantenerlo como "sus ojos". Ya no hay tiempo para que Peña corra el mismo camino que Dujovne, aunque lo merezca.

Como en 1989 y 2001, todos deberán vocear que el efecto de la crisis torna obligatorio el arte de la conversación. De la supresión de adjetivos. Algo que no entendió, por ejemplo, Elisa Carrió. Pero tampoco Macri, quien la designó vocera oficial. Casi un oxímoron ubicar a Carrió como vocera, cuando lo que se necesita es sentido común, consenso, armonía.

El 27 de octubre queda muy lejos, pero es una cúpula a la que habrá que llegar, aunque sea con muletas. La pregunta es: ¿Cómo llegar en medio del descontrol de los mercados, que ha dejado por el piso el valor de las empresas nacionales, por el cielo la cotización del dólar y en el subsuelo los salarios de los argentinos? La crisis se mixtura con falta de confianza. Y eso, sin tiempo, no es de fácil solución.

Hay un gobierno de salida, pero faltan casi tres meses para que se vaya. El futuro se juega en el día a día.

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