coronavirus

Las vidas de los que salvan vidas

El Covid ya costó 60 decesos y 17 mil contagios en el sistema sanitario argentino. Un sacrificio enorme y poco valorado por quienes se exponen en aglomeraciones públicas

Martes 18 de Agosto de 2020

Al sistema hospitalario público y privado argentino el coronavirus ya le costó la vida de 60 personas entre médicos, enfermeros, camilleros y administrativos. Además 17 mil trabajadores de la red sanitaria de todo el país se contagiaron en el ejercicio de sus funciones. Eso implica que hayan quedado fuera de servicio lo que, por consiguiente, supone una sobrecarga de labores sobre los que siguen trabajando.

Estos datos fueron confirmados esta semana por la Federación Sindical de Profesional de la Salud. En el caso de los fallecidos implica la caída de personas a quienes sobreviven hijos, padres y hermanos, a los que les queda el exiguo e improbable consuelo de que sus seres amados dieron la vida intentando salvar las de otros.

Por eso cuando en nombre de la libertad se concretan en algunas ciudades del país movilizaciones en la calle en el momento más crítico de esta enfermedad que azota al mundo, exacerbando los riesgos de contagio que como sabemos se propaga por el contacto humano, hay que hacer fuerza para no ceder a los sentimientos más primarios. En especial porque las personas de este modo expuestas deliberadamente a infectarse deberán terminar, si eso les ocurre, ante un trabajador de la salud que los examine y los atienda.

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Hay en eso algo injusto hasta el desquicio. Una minoría de personas, porque eso son, se expone para proclamar sus derechos en aglomeraciones que están desaconsejadas de manera racional por la Organización Mundial de la Salud. Pero si caen enfermas serán atendidas por un sistema sanitario que tiene bajas notorias por este virus sin vacuna. Y que no solo muestra agotamiento por seis meses de labores sin pausa sino porque, además, los que quedan en pie están exhaustos por ser cada vez menos.

Decir que se cercena la libertad cuando la gente está en la calle, hay transporte público y funcionan los negocios es irritante. Lo que hay son restricciones elementales ante un virus que mata gente. Y es lamentable que no sean más enfáticos los que especulan con no espantar a posibles clientelas electorales mientras mueren o pueden morir enfermeros o médicos. El esfuerzo, el tiempo y las vidas de los que salvan vidas no dan para ninguna irresponsabilidad. Para ninguna chifladura.

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