Opinión

Las personas buenas somos más

A un año del atentando terrorista en Nueva York. La Imperiosa necesidad de escuchar a los familiares de las víctimas. La importancia de alcanzar justicia.

Sábado 27 de Octubre de 2018

El 31 de octubre de 2017 nuestro país aparecía otra vez en las portadas de los diarios del mundo. No se trataba, por desgracia, de un nuevo descubrimiento científico o una victoria deportiva de las que nos tienen tan bien acostumbrados las figuras de Argentina. Ese día se anunciaba un atentado terrorista en el que habían sido asesinados cinco compatriotas.

Diego Angelini, Hernán Ferruchi, Ariel Erlij, Hernán Mendoza y Alejandro Pagnucco habían viajado a Nueva York con otros cinco antiguos compañeros del Instituto Politécnico de Rosario con el propósito de celebrar el trigésimo aniversario de su graduación. Lo que seguramente nunca imaginaron es que su vida iba a quedar truncada a causa del terrorismo fundamentalista.

Hace tres meses tuve la oportunidad de conocer a Martín Marro y a Juan Trevisan, sobrevivientes del atentado, en el marco de un encuentro de sobrevivientes de atentados terroristas de distintas ciudades del mundo que realizamos en Buenos Aires en ocasión del 24º Aniversario del Atentado contra la Amia. De ese encuentro participaron también Ana, Luciana, María Alejandra y Vera, madres y sostenes de las familias que perdieron a sus maridos en el atentado.

El encuentro con los sobrevivientes y familiares de las víctimas del terrorismo nos ayudó a comprender el proceso por el que pasan quienes se ven directamente afectados por este flagelo, pero fundamentalmente nos enseñó que las víctimas no son solamente quienes mueren en un atentado; son también quienes lo sobreviven, muchas veces teniendo que resignar su duelo para enfocarse en la búsqueda de justicia.

Cuando pensamos en terrorismo, muchas veces se nos vienen a la mente imágenes terribles de tiroteos y explosiones en latitudes muy lejanas que vemos a través de los medios de comunicación, imágenes que, por más perturbadoras que nos resulten, son lejanas a nuestra realidad cotidiana y por lo tanto resulta difícil ubicarnos en esa escena. La espectacularidad y el impacto de los hechos terroristas en los medios de comunicación nos hace perder el foco en lo que sí queda por hacer: ayudar a recomponer la vida de los sobrevivientes.

Las voces de las familias afectadas por el terrorismo no solamente merecen ser escuchadas, sino que muchas veces piden a gritos ser escuchadas. El relato de las víctimas es un testimonio obligado para una sociedad que desea ser dueña de su destino y no ser secuestrada por terroristas fundamentalistas.

Cuando terminó el encuentro de sobrevivientes de atentados, me tocó la tarea de resumir los dos días de trabajo. En la sala estaban presentes cinco huérfanos de dos rosarinos asesinados en Nueva York, cuatro niños y una adolescente. Con lo difícil que resultaba hablarles en ese momento, dije algo así: "En el mundo hay muchas personas malas. Sin embargo, las personas buenas somos más. Si estamos juntos venceremos", y el estar juntos es también ser sensibles ante los muertos y sus familias".

El terrorista que mató a ocho personas en Nueva York, entre ellos los cinco rosarinos, fue detenido tras el atentado y a está a punto de ser condenado, a un año del ataque. Distinto ocurrió con los perpetradores del atentado contra la AMIA y la Embajada de Israel, que a 25 años aún burlan a la justicia.

Sin dudas la sentencia no subsanará las pérdidas de las familias víctimas. Sin dudas, la ausencia de detenidos, como sucede en nuestro país, atormenta cada día a las familias y sobrevivientes, por recordar cada mañana que no se hizo justicia y que los atentados aún están impunes.

A un año del asesinato de Diego, Hernán, Ariel, Hernán y Alejandro, los recordamos con el compromiso inquebrantable de seguir construyendo una sociedad en la que el amor venza al odio.

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