Opinión

Las patologías de la organización laboral

Bajo análisis. Lo que ocurre dentro del trabajo genera enfermedad en las personas, por lo que es necesario regresar a la solidaridad y la empatía.

Lunes 27 de Mayo de 2019

La modernidad se caracterizó por discontinuar la vida doméstica y el trabajo. En el feudalismo los espacios eran promiscuos: taller, trabajo y familia en el mismo lugar. La modernidad marcó y marca que dónde se produce es distinto y distante de donde se realiza la reproducción biológica, el goce y la expansión de los cuerpos. La institución laboral en su reproducción material y de servicios marca la división de funciones. Esa división puede ser génesis de conflictos. De desigualdades, indignidades y exclusiones entre las personas que trabajan. Las instituciones laborales producen violencias laborales cuando objetivizan, cosifican y desusbjetivizan a los trabajadores, produciendo enfermedad.

Una organización del trabajo cuya vida institucional se logra absorbiendo la energía de los empleados es patologizar las relaciones de las personas. Porque dicha estructura estaría sometiendo a la gente. Es decir, es la estructurización o triturización del carácter, la creatividad y la autonomía de los empleados. Éstas entidades pertenecen a un antiguo y caduco pensamiento. No hay vida en las organizaciones si los que la componen no la tienen.

Hemos heredado tres estructuras laborales:

1 La clásica configuración vertical. Una pirámide gerencial con cuadros medios, submedios y la base. Una orden que proviene del vértice, luego viene la distribución y su acatamiento en cadena. El ejemplo es el fordismo.

2 La organización horizontal, donde la concentración del poder está diseminada pero contenida direccionalmente. El ejemplo es el trabajo en equipo.

3 La combinación entre la verticalidad y la horizontalidad laboral es la estructura que más respetan la subjetividad individual en su ámbito de trabajo.

En la era actual de la financiarización neoliberal se ha generado una configuración organizacional vertical a ultranza, que coadyuva y mucho para que la violencia de mercado invada las relaciones del trabajo. Así, la competencia y el individualismo entre trabajadores y el autoritarismo del empleador han llevado a profundos desgastes de la salud. La desocupación y las deudas que ha contraído el empleado son los grandes disciplinadores laborales y sociales. Entra por los poros y el bolsillo la violencia de mercado. Las rivalidades en el trabajo se han desregulado. Antes sólo era entre pares y por el mismo puesto de trabajo, en un mismo lugar. Ahora, la competencia en el trabajo se ha expandido a distintos puestos y lugares. La competencia sin razón.

Un ámbito laboral, donde la estructura tiene vida en desmedro de la vida del trabajador, genera patología pura. Máxime cuando se ha instalado que en el trabajo tiene que haber perdedores y triunfadores, derrotadores y derrotados que conviven ocho a diez horas por día. Si a ello se le suma la envidia sin pasión que atraviesa a casi todos los vínculos del trabajo, la combinación es de máxima potenciación de la violencia laboral.

Se llama patología de organización laboral porque es generada por un sistema o estructura montada de tal forma que erosiona la salud de las personas. El empleador cumple un rol fundamental, en el caso que nos ocupa, en patologizar vínculos, porque muchas veces incentiva y promueve conexiones nocivas entre trabajadores para lograr una gobernabilidad en pos de un aumento excesivo de rentabilidad. En el mundo hay trescientos millones de depresivos y un millón de suicidios anuales, gran parte por violencia de mercado devenida en violencia laboral.

Las configuraciones laborales basadas en el secretismo, la no comunicación y el no reconocimiento del compañero de trabajo resultan ser dispositivos de alta nocividad constituyentes de las patologías de organización. Hay casos en los que entre compañeros de trabajo no se dirigían la palabra y se comunicaban solamente por correo electrónico. Otro caso es la utilización de la desatención cortés, diría Bauman, para desconsiderar a la otra persona en sus méritos laborales. Lo más llamativo de estas nocividades de organización laboral es el secretismo o desinformación. Así podemos detectar la omisión de toda información al empleado iniciario sobre cómo funciona la entidad a la que ingresa o bien quiénes son los jefes, quiénes los funcionarios, para el caso de la administración pública, y cuáles son las tareas que cumplen. Muchas veces no se le da información al empleado sobre cuál es su propia función. ¿Cuántas veces se le ocultan datos indispensables al otro compañero de trabajo porque se lo ve como un competidor atroz a vencer?

Veamos lo que sucede en un equipo de fútbol. Son competidores entre sí los mismos jugadores del equipo al que pertenecen. Así, la lesión de un jugador es la oportunidad de otro que se encuentra en el banco de suplentes. Asimismo compiten frente al otro equipo al que tienen que vencer. Es un caso de competencia sin mapas y sin límites. La violencia de mercado, evidentemente, ha invadido todas las instituciones.

Hay que lograr que la solidaridad y la empatía vuelvan del destierro. Tenemos que tener el coraje de expulsar la violencia de mercado para construir desde la diversidad. Porque todos somos distintamente iguales. Construir con el otro y no contra el otro es lo fundante. Para eso necesitamos abrir muchas ventanas y puertas de las instituciones, para que la amabilidad laboral sea la invitada, logrando así que el estar bien entre todos sea lo deseado por el todos nosotros.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario