Opinión

Las horas más oscuras de la política

Miércoles 02 de Septiembre de 2020

La política suele ser desangelada, propia de corazones duros y con una importante cuota de cinismo. Hay una película que está en la grilla de Netflix, Darkest Hour (Las horas más oscuras), que retrata los primeros días de Winston Churchill como primer ministro de Gran Bretaña, en el contexto de la avanzada nazi en Europa central y la pronta caída de la icónica Francia. El líder del Partido Conservador tiene que formar gobierno con todos los partidos de la oposición y definir una estrategia de guerra. Aun con las “roscas” de pasillos y las intrigas palaciegas, no hay margen para el desacuerdo: el enemigo es uno solo y demasiado peligroso. La sombra del totalitarismo amenaza a las democracias, ya tambaleantes por la crisis económica. Frente a un panorama desolador, Churchill ofrece lo que ya sabemos: sangre, sudor y lágrimas.

La política argentina está en sus horas más oscuras, desorientada, demasiada endogámica y hasta cierto punto desfasada de la realidad. De otro manera no se entiende el bochorno en la Cámara de Diputados, donde el oficialismo y la principal fuerza de la oposición, Juntos por el Cambio, se acusan mutuamente de paralizar el Congreso. Y con el contexto de una pandemia brutal, en el pico de contagios y muertes.

En momentos en que tienen que surgir voces claras y corazones tibios, todo es al revés. Se terminó la empatía inicial. Las medidas sanitarias oficiales que emanan son alentadas a desobedecerlas. Y por los mismos que después exponen con estridencias el fracaso de esas medidas por el récord de casos y muertes diarias. Los médicos, enfermeras, terapistas e intensivistas están exangües. No se los aplaude más, en un momento en que toda la sociedad debería más que nunca agradecerle el esfuerzo que hacen. Porque además de enfrentar el peligro a diario, muchos de ellos están mal pagos.

La desaprensión social tiene su correlato en el violento accionar de los halcones, que han mandado a las palomas a su nido. “No hay lugar para los tibios”, voceó hace poco la presidenta del principal partido de la oposición. Es la confesión cruda de cómo se transita este momento. Sin lugar para los débiles.

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