Opinión

Las deudas pendientes

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento declarativo adoptado por Asamblea General de las Naciones Unidas

Sábado 08 de Diciembre de 2018

La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento declarativo adoptado por Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 217 A (III) el 10 de diciembre de 1948, en París. Consta de un Preámbulo, que la fundamenta y de 30 artículos que determinan los derechos humanos considerados básicos, a partir de la Carta de las Naciones Unidas, que es el tratado internacional fundador de la Organización, conocida como Carta de San Francisco (California- EEUU), firmada el 26 de junio de 1945.

En el Preámbulo se determinan dos conceptos fundamentales de esos derechos: "El reconocimiento de la dignidad inalienable de los seres humanos" y "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos".

La elaboración del documento fue confiada a un comité presidido por Eleonor Roosvelt (EEUU), y compuesto por 18 países. Se reconoce que el texto está inspirado en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789 (Revolución Francesa).

A partir de la Declaración se han elaborado los Pactos, hasta ahora 9, que son tratados internacionales que obligan a los estados firmantes a cumplirlos. Al conjunto de esta Declaración y los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y sus Protocolos se le ha denominado la Carta Internacional de los Derechos Humanos.

Las trágicas consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, con la pérdida de decenas de millones de seres humanos, en la que ocurre el Holocausto Judío, y las explosiones de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki determinan la búsqueda de un camino de paz y encuentro, intentando un orden internacional mundial, menos violento y más justo a través de la creación de las Naciones Unidas y sus documentos fundamentales. Si bien se ha preservado a la humanidad de un nuevo desastre mundial, se ha avanzado en el reconocimiento de los valores humanos, y se ha logrado un importante desarrollo científico y tecnológico, no se ha logrado una sociedad mundial que contemple los conceptos fundamentales de la Declaración.

En muchas regiones del planeta se viven hoy circunstancias traumáticas para cientos de millones de personas:

• Las guerras y los conflictos violentos que se desarrollan en regiones de Oriente Medio, en Siria, Irak, Yemen, en Palestina, que matan y obligan a niños, mujeres y hombres a emigrar.

• La extrema pobreza, radicada en amplias regiones del planeta, África, Asia, América Latina, que alcanza la cifra de 820 millones de personas que pasan hambre, frío, enfermedad.

• Más de 150 millones de niños y adolescentes trabajan en el mundo, muchos de ellos en condiciones de explotación.

• La inmoral carrera armamentista, que liderada por las grandes potencias mundiales y países desarrollados, destina recursos millonarios para las armas, que venden y utilizan y que podrían cambiar la suerte de toda la humanidad. Ha comenzado un rearme mundial, que incluye a las grandes potencias y a casi todos los países, entre ellos de nuestra América Latina.

• El creciente deterioro de nuestro planeta. Más allá de acuerdos y promesas en Río, en 2012, y en París en 2015, sigue sin desarrollarse una acción real en favor del desarrollo sostenible.

• Las dramáticas olas migratorias que se desarrollan desde Africa a Europa a través del Mediterráneo, desde el Cercano Oriente al este europeo. Las actuales caravanas de migrantes de países de Centroamérica rumbo a EEUU y desde Venezuela a otros países de la región. Todas ellas nos duelen.

A 70 años de la Declaración, unas reflexiones finales para intentar posicionarse, como educadores, como trabajadores, ante el panorama actual.

• No podemos aceptar con resignación ni guerras, ni conflictos violentos ni carrera armamentista.

• No debemos aceptar un orden económico injusto para los países pobres, que los condena al subdesarrollo.

• No debemos tolerar que cientos de millones de seres humanos vivan en la extrema pobreza, mueran de hambre, de enfermedades evitables, mientras la opulencia, el despilfarro, el consumismo indigno, en el cual también nosotros nos sumergimos, dilapide recursos y saquee el planeta.

• No podemos conformarnos con que las fuerzas y los intereses imperialistas continúen agrediendo y explotando a los pueblos.

La respuesta a estas interrogantes, la actitud a asumir, las doy con palabras del gran maestro brasileño: "No sólo soy objeto de la historia, sino también su sujeto. En el mundo de la historia, de la cultura, de la política, no constato para adaptarme, sino para cambiar. En el mundo físico mi constatación no me lleva a la impotencia… Constatando nos hacemos capaces de intervenir en la realidad, tarea incomparablemente más compleja y generadora de nuevos saberes que nuestra simple adaptación a ella. También por eso, no me parece posible y aceptable la postura ingenua o, peor, astutamente neutra, de quien estudia, sea físico, biólogo, sociólogo o matemático, o pensador de la educación. Nadie puede estar en el mundo, con el mundo, y con los demás de manera neutra… ¿Con qué fin estudio? ¿A favor de quién estudio? ¿En contra de qué estudio? ¿En contra de quién estudio?". (Paulo Freire. Alfabetización y Miseria).

Por Víctor Brindisi / Movimiento de Educadores por la Paz (Uruguay)

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