Miércoles 29 de Abril de 2020
Empiezan a florecer debates que hablan a las claras de lo que le espera al gobierno nacional a la salida de la pandemia. Y todas las cosas que deberá resolver la política santafesina en un tiempo brevísimo, que conectará crisis sanitaria con año electoral. Un incordio.
Alberto Fernández tiene que compartir el poder y las decisiones de gobierno con Cristina Kirchner por una razón muy contundente y empírica: gracias a ella es presidente de la Nación. Por eso, antes de salir a enfrentar cada una de las opiniones descabelladas de Eugenio Zaffaroni, o del kirchnerista que fuere (siempre un pelotazo en contra para el sentido común), debe dejar que la opinión pública no kirchnerista se encargue de dejar en falsa escuadra el penalista.
Para que Fernández salga al cruce con armas y enseres debe tener las espaldas reforzadas con el fernandismo. Y eso no existe. Al menos por ahora. Nadie dijo lo obvio: Cristina eligió a Fernández porque no tenía fernandismo. Como cuando Eduardo Duhalde eligió a Néstor Kirchner. Pero Duhalde fue devorado por su propia creación, que le compró todos los punteros y los intendentes donde la política electoral cotiza en bolsa: el conurbano bonaerense.
Por eso, Cristina se aseguró de tener su propio apéndice en la Gobernación bonaerense: Axel Kicillof. Para que Fernández pueda construir el fernandismo comprando intendentes deberá saltear no una, sino dos instancias. La del gobernador y la de la jefa.
Depende de cómo sea la salida de la pandemia será la construcción política del peronismo, hoy dividido en tres ejes: el presidente, el kirchnerismo y los gobernadores.
Los gobernadores de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y el jefe de Gobierno porteño desautorizaron una decisión de Fernández que no produjo daños colaterales en la relación porque estuvo pésimamente explicada por el mandatario nacional.
La frustrada salida por 60 minutos congeló el estado de las relaciones, impidió el inicio de hostilidades. Con mucho tino y sentido de la responsabilidad Omar Perotti, Juan Schiaretti, Rodríguez Larreta y Kicillof dijeron: “Acá no sale nadie”.
Al presidente el exceso de confianza lo hace cancherear. Se escribió aquí hace algún tiempo: existe una tendencia en el presidente a hacer una de más. Quiere ser un volante gambeteador, pero está puesto en ese lugar de poder por sus dotes de peón de brega.
Se cuenta en exclusiva en La Capital: cuando Fernández terminó el discurso del sábado y bajó del estrado, uno de sus allegados le dijo: “Alberto, de nuevo te olvidaste de decir lo más importante, que la cuarentena se extiende hasta el 10 de mayo”. El presidente dejó de tararear una melodía soulera y, con las manos en los bolsillos, respondió: “¿Me olvidé otra vez? Es que va a durar un año y medio más”. Todo terminó entre carcajadas.
Es que el contexto político, la realidad que le bajan los sondeos baña de imagen positiva al presidente. Frente a quienes creen que la pandemia y sus lateralidades, las acciones de los funcionarios, no tienen nada que ver con la política, los gobernantes también construyen política durante todo este tiempo.
Estas historias recién comienzan.