Opinión

La "vacuna pasiva" contra el nuevo coronavirus

Pandemia. Aparte del desarrollo de una vacuna, investigadores buscan obtener anticuerpos del suero sanguíneo de pacientes que sobrevivieron el Covid-19.

Jueves 19 de Marzo de 2020

A nivel mundial, cerca de 80.000 personas se han recuperado de una infección con Covid-19. Como consecuencia, su suero sanguíneo contiene muchos anticuerpos distintos que pueden combatir el nuevo coronavirus de forma eficaz.

Una vez que estos anticuerpos hayan sido aislados del suero y limpiados, pueden ser inyectados a otros pacientes con coronavirus, inmunizándolos pasivamente. En realidad no se trata de una vacuna, puesto que el organismo no produce los anticuerpos.

Ventajas y desventajas

La ventaja es clara: para combatir una infección, el cuerpo no tiene que producir primero los anticuerpos en un proceso largo y difícil, sino que obtiene directamente los anticuerpos correspondientes para empezar a combatir inmediatamente el agente patógeno.

La desventaja de la imunización pasiva es que, por lo general, solo tiene efecto durante pocas semanas o meses. Puesto que los anticuerpos se debilitan después de aproximadamente 30 días, el cuerpo humano pierde su inmunidad. Después, el organismo incluso puede volver a contagiarse con el mismo agente patógeno, ya que el sistema inmunológico no fue estimulado suficientemente.

Premio Nobel

En 1890, Emil von Behring introdujo la “vacuna pasiva”. El inmunólogo alemán desarrolló este procedimiento como cura contra la difteria. A principios del siglo 20, esta enfermedad bacterial altamente contagiosa causó la muerte a miles de niños.

Hace cien años, el alemán Emil von Berhing salvó miles de vidas con una “vacuna pasiva” contra la difteria y el tétano.

En 1901, el investigador recibió el primer Premio Nobel de Medicina. Su exitosa lucha contra la difteria y el tétano a base de medicamentos con anticuerpos obtenidos del suero sanguíneo le valió en la prensa el apodo del “salvador de los niños” y, durante la Primera Guerra Mundial, el del “salvador de los soldados”.

Contra el ébola y la gripe aviar

La terapia del sueño también se aplicó en 2014 durante la epidemia del ébola. Cuatro años más tarde, durante un brote de ébola en agosto de 2018 en la República Democrática del Congo, un medicamento compuesto de anticuerpos evitó que el virus del ébola atacara a más células en el cuerpo, reduciendo la tasa de mortalidad alrededor de un 30 por ciento.

Ahora, investigadores de todo el mundo quieren usar anticuerpos del suero sanguíneo como inmunización pasiva para combatir el nuevo coronavirus. Ya en febrero, se instaló en Shanghái una clínica especializada en terapias a base de suero.

En Japón, la farmacéutica Takeda Pharmaceutical Co. quiere producir un cóctel de anticuerpos llamado TAK-88 obtenido del suero sanguíneo de pacientes que se recuperaron del Covid-19. El procedimiento es prometedor, puesto que el medicamento está compuesto de muchos diferentes anticuerpos limpiados. Así, los investigadores no tienen que averiguar primero, en un trabajo minucioso, qué anticuerpos son los más eficientes contra el coronavirus.

Otra ventaja es que solo se requieren cantidades reducidas para el tratamiento. Además, se evita el contagio con otros virus y, sobre todo, se puede ganar tiempo. El medicamento ya ha sido introducido, así probablemente se podrán evitar largas fases de prueba y se podrá disponer de él lo antes posible en el marco de un tratamiento o como profilaxis.

El competidor californiano Vir Pharmaceuticals sigue un camino similar: la empresa farmacéutica estadounidense prueba actualmente si los anticuerpos obtenidos en 2003 del suero sanguíneo de pacientes de Sars recuperados también puede neutralizar el Sars-CoV-2. Para ello, colabora estrechamente con la empresa china WuXi Biologics.

Una posible vacuna

Felizmente, el desarrollo de un medicamento y de una vacuna está teniendo lugar al mismo tiempo. Disponer lo más pronto posible de una terapia a base de suero es importante, sobre todo para los pacientes de mayor riesgo, es decir los adultos mayores y las personas con enfermedades crónicas. Además, este tipo de medicamentos podría producirse en masa en enormes tanques de células. Sin embargo, para realmente ralentizar la propagación del nuevo coronavirus o incluso para detener su avance, será necesaria una vacuna. Actualmente, investigadores de todo el mundo trabajan en ello a contrareloj.

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