Opinión

La reforma impositiva

La reforma impositiva proyectada apunta a cambios en diferentes tributos.

Sábado 11 de Noviembre de 2017

La reforma impositiva proyectada apunta a cambios en diferentes tributos. Disponer una reducción sensible de la tasa impositiva del principal tributo en una estructura tributaria, como es el impuesto a las Ganancias, mejora sin duda la competividad y atrae cataratas de inversiones.

Este efecto se produciría con rapidez ante un shock de aplicación inmediata reduciendo la tasa del 35 por ciento al 25 por ciento. Aquí la reforma se queda corta: un plazo de 5 años para lograrlo es mucho tiempo. Si se hubiera dispuesto para el primer ejercicio luego de aprobarse la ley, la recaudación se recuperaría prontamente por mayor actividad y negocios.

La condición de que se capitalicen los resultados —como exigencia para otorgar una alícuota atemperada del impuesto— resulta acertada. Para las personas humanas se ha omitido plantear un cambio profundo en la escala determinativa del impuesto. Si bien fue corregida en el 2015, necesita ajustes profundos.

Son cambios indispensables fijar mayor cantidad de escalones, definir porcentuales menores en los primeros tramos y aumentar sensiblemente el tope máximo, aplicar la mayor tasa luego de $ 320.000 cuando al menos debería superar los $ 2.160.000 ($ 120.000 x 18). Así como está no marca progresividad alguna.

Del famoso monotributo se continúa pensando en fijar como nuevo tope además de los ingresos contemplar el patrimonio de la persona. Tiene asidero y razonabilidad dependiendo del monto fijado. Previamente deberían modificarse las normas de valuación de inmuebles en Bienes Personales para evitar injusticias pues es diferente el valor atribuido si el propietario lo compró tiempo atrás o recientemente, en especial por el cambio en la cotización del dólar.

La derogación del Impuesto a la Transferencia de Inmuebles (ITI) agrega equidad, al exigir tributar sobre la ganancia de capital obtenida en la venta de estos bienes en los casos que no exista habitualidad. Ello ayuda a blanquear la economía en el mercado inmobiliario, ya que los compradores tenderán a suscribir la escritura por el valor real de la operación a los fines de computar su costo. El resultado debería determinarse en dólares, comparando costo de adquisición amortizado con su precio de venta y recién allí convertir a pesos en esa fecha. No es lo que plantea el proyecto. Se propone solo corregir el valor de compra cuando los índices al por mayor muestren una inflación superior al 100 por ciento en los últimos 3 años. Este esquema es de dudosa aplicación, dado que el gobierno intenta reducir fuertemente el gasto y frenar el déficit fiscal; ambos objetivos buscan disminuir sensiblemente los porcentuales.

Atención que, si una empresa o sociedad vende propiedades adquiridas antes de la vigencia del proyecto, continua la distorsión al calcularse el impuesto a las ganancias por falta de actualización y pagará sobre una renta ficticia.

Por Santiago Sáenz Valiente / Contador público. Especialista en temas tributarios


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