Opinión

La política tensiona a Santa Fe

Claves. Aunque suene inverosímil, el gobierno y el Frente Progresista van y vienen con sus proyectos de necesidad y urgencia. Sus disputas son una excepción en un país dominado por la agenda de la pandemia.

Domingo 29 de Marzo de 2020

Santa Fe es la única provincia del país donde la política golpea las puertas de los pretendidos primeros planos, en tiempos en que las causas y efectos de la pandemia por el coronavirus gana exclusividad en el resto de la Argentina.

La tremenda pulseada entre el gobierno de Omar Perotti y el Frente Progresista necesita terminar de una buena vez. Al menos, se les sugiere entrar en fase de aislamiento mientras dure la cuarentena.

En la realidad de las cosas, la pelea no es sólo por plata. Es también para ver quién tiene el ego más bronceado. Pero un dato nuevo de la realidad es que se están produciendo episodios políticos que costaba adivinar antes de los últimos días. Por ejemplo, el radicalismo tuvo en el Senado una conducta absolutamente diferenciada de la de los diputados ucerreístas.

Cuando se intenta hurgar entre los protagonistas, todos desmienten que el hecho de que los senadores se abstengan o voten alineados con el peronismo obedezca a una toma de distancia, ya no con los correligionarios, sino con el ex gobernador Miguel Lifschitz.

Algunos simplifican la cuestión clavando el ancla en una explicación algo candorosa. "Los senadores tienen que defender los intereses del territorio. Y en el territorio están los intendentes. Los diputados hacen política", es una de las explicaciones.

Sea como fuere, no es poco lo que logró Perotti en el Senado al partir las decisiones de los radicales. Es más, desde el primer momento la Casa Gris intentó quebrar al Frente para poder negociar con algo de expectativa en la Legislatura. Con los propios no alcanza: el peronismo tiene en Diputados 7 legisladores de 50. "No sólo eso, parece que algunos de los nuestros son librepensadores, porque a la sesión en la que se votó el dictamen del Frente, había sólo tres de los siete. Hay que ajustar esas clavijas", le dijo a La Capital un dirigente peronista de mil batallas.

Donde el peronismo funcionó como una guitarra Fender Stratocaster bien afinada fue en el Senado. El arquitecto del acuerdo con los radicales y con los propios fue, otra vez, Armando Traferri. De pésima relación al inicio del mandato con el gobernador, el cacique sanlorencino dijo esta semana que volvió "a creer en la política" y criticó la decisión de los diputados de Lifschitz.

Para Perotti es clave alinear al Senado, no sólo porque sin el acuerdo con los iniciáticos legisladores rebeldes también era imposible sacar algo que se pareciere a un proyecto de ley, sino porque le cierre el frente interno en el peronismo. ¿Cómo iba a pedirles Perotti a los diputados opositores que le banquen sus peticiones de endeudamientos millonarios si no convencía a los propios? Los idus de diciembre hoy tienen otro clima. Además de sus senadores, la vicegobernadora Alejandra Rodenas (por carta) y el PJ salieron a la superficie muy críticos con Lifschitz y los diputados frentistas.

Lifschitz tiene una astilla con el voto de los senadores radicales, pero dice mantener en orden y alineados a los diputados radicales. Algo parecido sostiene Maximiliano Pullaro, quien talla en el bloque radical.

Pero el verdadero intríngulis para el gobernador es la relación con el intendente de rosario, Pablo Javkin, quien se ha mantenido siempre alineado mucho más con las pretensiones de Perotti que con las de Lifschitz. Esas diferencias quedaron expuestas la noche en que radicales, socialistas y dirigentes de partidos aliados se sentaron a comer un asado en la ciudad de Santa Fe.

Antes de que se iniciara la ronda de chorizos, vacío y asado de tira con ensalada mixta, hubo un contrapunto más caliente que los fierritos de la parrilla. La cosa terminó más o menos bien, pero las diferencias políticas internas se mantienen. En la votación de Diputados por el dictamen oficialista, el legislador Ariel Bermúdez se abstuvo. Bermúdez, para que se sepa, no respira sin escuchar antes la indicación de Javkin, su jefe político.

En la política santafesina, el jefe del Palacio de los Leones es una figura, ciertamente disruptiva que, además de gestionar, hace política. Un día se reúne con Rogelio Frigerio y Emilio Monzó, otro con los intendentes radicales del Frente y, como el viernes, con sus pares del Gran Rosario. Los "aliados" lo miran y se preguntan: "¿Quo vadis, Javkin?".

Así como el peronismo necesita unificar a sus partes y Perotti convocar a todos para involucrarlos en la gestión, en su presente y futuro, los socialistas y radicales deberán evitar la división e, incluso, ir por más. Hay dirigentes radicales y del PRO que ya no niegan la posibilidad de converger en un frente no peronista en 2023. Los opositores de hoy dicen haber aprendido la lección: "Si vamos divididos nos gana el peronismo con poco. No creemos que en 2021 se haga un acuerdo, pero para el 2023 todo se va a alinear naturalmente".

Lifschitz convocará en las próximas horas a la Cámara de diputados para tratar entre martes y miércoles el paquete que llega del Senado. Se votará a favor de los quince mil millones de pesos destinados a luchar contra el coronavirus y se hará un último esfuerzo para que Perotti retire lo que la oposición llama "poderes especiales".

Y ahí está trabada la discusión. Perotti asegura que la pulpa, la razón de ser de todo proyecto de emergencia es la de redireccionar partidas. Lifschitz cree que le dieron todo lo que pidió y que superpoderes no habrá para nadie. La histórica condición republicana de la UCR también va en esa línea.

Vuelve a decirse: es el juego del Gran Bonete: ¿yo señor? No señor. ¿Y entonces quién lo tiene? Vaya uno a saber. Pero la realidad no está para entretenerse con muecas de ludópatas.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario