Jueves 25 de Abril de 2019

Como desde el momento mismo del inicio de la campaña, todos los escenarios están abiertos. Y, además, nadie tiene manteca (léase votos) para tirar al techo.

Todos los ojos de la política nacional se posarán sobre la provincia. No es lo mismo una victoria contundente de alguno de los tres frentes que una planicie de tres tercios. En el gobierno nacional decidieron desembarcar al presidente de la Nación para apoyar a José Corral, esperando que el intendente santafesino logre empardar lo que Unión PRO Federal cosechó en las Paso de 2015, cuando logró poquito más que el 20 por ciento. Es poco, pero es lo que hay.

Así como en las performances anteriores en otras provincias argentinas Cambiemos se conformó con un segundo o tercer lugar, justificándolo en el "voto útil" a partidos provinciales triunfantes, aquí el discurso previo de autoridades nacionales es que en el peor momento del macrismo (desde que asumió Mauricio Macri), sigue siendo competitiva la marca. Dicen. Eso se sabrá, de manera empírica, cuando se abran las urnas.

El jefe del Estado está en el peor momento, hasta tal punto que ayer resultó imposible saber en qué localidad se iba a realizar el acto de campaña. Las gacetillas previas hablaban del "Departamento General López", sin precisar la localidad, en un intento de que ni la prensa ni los curiosos se acerquen. Lo concreto es que José Corral aceptó la llegada de Macri, haciendo oídos sordos a los que le decían: "José, evitá que venga, que es un collar de piedras".

Vino y se mostró junto al candidato a gobernador el mismo día en que el riesgo país alcanzó la cima de la tabla y el dólar pegó el enésimo salto.

En ese escenario comparativo del 2015, el Frente Progresista tuvo valores muy parecidos a los del PRO, también alcanzando casi el 21 por ciento. Ahí se sumaron los votos de Mario Barletta (entonces aliado socialista) y de Miguel Lifschitz.

El que estuvo lejos entonces fue Omar Perotti, con casi el 14 por ciento de los votos. Todo cambia: el domingo próximo, el peronismo va a cantar victoria en la provincia: la suma de Perotti más María Eugenia Bielsa le permitirá ganar. Salvo algo impensado.

Ahí también debería colarse el Frente Progresista, pero por votación individual. El resultado de triunfo del peronismo debería traer también una victoria del candidato a gobernador socialista, Antonio Bonfatti, como más votado invidualmente. Eso es lo que dicen las encuestas. La verdad se define en las urnas.

Sin sobresaltos

La campaña en la provincia transitó por carriles normales, salvo por el habitual exabrupto que pronuncia Elisa Carrió cada vez que pisa la bota. Esta vez, anexó a Córdoba a su cadena de irracionalidad verbal. Por afuera de la diputada, la tarea proselitista de los postulantes fue tan módica como aburrida. Sin sobresaltos.

Se cumplió a rajatabla lo que se pronosticó desde el análisis político: la recesión económica puso a los votantes tan lejos de la oferta preelectoral como a Rosario de Alaska. "Así como le digo que esperamos formar parte de un escenario de tres tercios a gobernador, le digo que en Rosario la situación es rarísima. Notamos que el rosarino nos putea a nosotros por la economía, pero también a los socialistas por el tema seguridad", le dijo un ministro del gobierno nacional a LaCapital.

El funcionario confiaba en que la competencia interna del macrismo rosarino le suba el precio a la marca, si se tiene en cuenta que, en 2017, Cambiemos cosechó 207 mil votos a concejal y ganó cómodamente esa parada.

Lo que más asombra es el poroteo de las intenciones de voto en Cambiemos y el Frente Progresista. Hay una enorme dispersión, producto de las características políticas de Rosario. Además del peronismo, el Frente Progresista y Cambiemos, aparece Ciudad Futura y otras constelaciones pequeñas. Nadie debe sentirse seguro de tener el cielo al alcance de la mano.

Sea cual fuere el resultado de las Paso, como nunca quedará establecida la necesidad de mantener las formas, camino a las elecciones generales de julio. Pablo Javkin y Verónica Irizar se necesitarán mutuamente después del 28 de abril para intentar mantener vigente la hegemonía del Frente Progresista en Rosario, amenazada ahora por el peronismo. Pero tampoco hay que descartar a Cambiemos.

Habrá que esperar hasta el domingo para saber si la apatía manifiesta (aunque parezca un oxímoron) de la ciudadanía en la campaña se traduce en ausencia notoria a la hora de ir a votar. Puede que haya cambiado el contexto: las campañas ya no son lo que eran, pero la gente mantiene en alto sus ganas de presentarse a sufragar.

No es un dato menor, porque hay un porcentaje altísimo de ciudadanos que no se definió. En 2015, casi el 40 por ciento de los electores resolvió su voto en las 24 horas previas a la primera vuelta o adentro del cuarto oscuro.

Santa Fe será la antesala de los comicios en Córdoba. El peso específico convierte a ambos turnos en decisivos para medir la temperatura electoral. Con el gobierno y con la oposición.

Lo que viene, lo inmediato, son las elecciones en Santa Fe. No resultarán indiferentes para el gran escenario nacional.

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