Opinión

La política sube el telón

Panorama político. Por Mauricio Maronna. En Santa Fe, el gobierno intentará que el justicialismo muerda el anzuelo para convocar a una reforma constitucional, aun cediendo (a priori) una cuestión que para los socialistas es la base de la modificación a la Carta Magna: la bicameralidad. En el plano nacional, la lógica del poder bifronte esta vez parece funcionar.

Domingo 27 de Enero de 2008

El año político comienza a abrir el telón.
  En Santa Fe, el gobierno intentará que el justicialismo muerda el anzuelo para convocar a una reforma constitucional, aun cediendo (a priori) una cuestión que para los socialistas es la base de la modificación a la Carta Magna: la bicameralidad. En el plano nacional, la lógica del poder bifronte esta vez parece funcionar. Néstor Kirchner cumple un rol destacado entre las sombras, dejándole a Cristina Fernández las fotos, los anuncios, el centro de la escena y el atril.
  Envalentonado por los triunfos del 2005 y del 2007, el Ejecutivo provincial pretende que, sea como fuere, en 2008 se vote para designar convencionales constituyentes, aprovechando la crisis del justicialismo y la ausencia de cualquier otro partido que pueda hacerles algún mínimo daño electoral.
  Aunque el ministro de Gobierno y Reforma del Estado, Antonio Bonfatti, haya blanqueado que en un núcleo de coincidencias básicas la bicameralidad podría quedar afuera, sabido es que según la doctrina constitucional bien puede una Asamblea Constituyente declararse soberana e ir más allá de los acuerdos preestablecidos.
  La Capital consultó a tres fuentes de la primera línea del Partido Socialista, tomando como eje las patas de una mesa cada vez más delineadas en la interna. Un binnerista de la primera hora se mostró sorprendido por la hipótesis esgrimida pero no porque no la hayan considerado. La estrategia es no sacarla a la luz hasta que las elecciones pongan las cosas en su lugar. “No se muestran las cartas antes de jugarlas...”, esgrimió una de las piezas clave en la Legislatura.
  Desde el numen del PS rechazaron de plano esa opción: “Los acuerdos se hacen para cumplirlos. Si el peronismo accede a la reforma con nuestra promesa de mantener la unicameralidad habrá que sostenerlo a rajatabla por más que la doctrina nos ofrezca variantes. Pero es verdad, algunos piensan en eso”.
  En el sector de Miguel Lifschitz monitorean otra cuestión, la que tiene que ver con la reelección del gobernador. Saben, como se escribió aquí hace quince días, que, llegado el momento, habrá muchos binneristas que pedirán la continuidad del actual gobernador por cuatro años. “Eso sería una declaración de guerra; a los socialistas nos gusta el amor, no la guerra”, despejó entre sonrisas forzadas un funcionario del Palacio de los Leones.
  ¿Se tragarán los muchachos y muchachas peronistas la zanahoria que deja ver el palo socialista? En pocos días más se iniciará la ronda de consultas con los partidos políticos y se verá si el peronismo se aviene a que en el 2008 se lleve adelante la reforma. Como se anticipó la derrota del PJ al haberse derogado la ley de lemas, desde aquí se puede pronosticar un rotundo fracaso electoral opositor si esos comicios se hacen durante el año en curso.
  Binner sigue gozando de la luna de miel con los santafesinos, aunque empieza a comprobar que determinadas cuestiones tienen un sabor distinto cuando se está en la oposición. La andanada de críticas que se le hicieron al peronismo desde el 91 por “no privilegiar a Rosario” en diversos tópicos, vuelve como un boomerang.
  La realidad de la ciudad de Santa Fe, con los lazos sociales destruidos, un clima de violencia extrema y carencias absolutas en otros ámbitos ha hecho permanecer al gobernador casi el 90 por ciento de su tiempo en la capital de la provincia. Ni hablar de las ventajas comparativas de Rosario y el sur de la bota con el norte profundo, de características más parecidas a las de provincias limítrofes.
  El nuevo gobierno deberá hacer algo en materia de seguridad que vaya más allá de los gestos: los índices crecen, los robos están a la orden del día y el mapa del delito ya no deja espacios en blanco. Esa será la cruzada principal de la gestión. Para diferenciarse de los años peronistas, la Casa Gris pretende cambiar el panorama que domina los días previos al inicio del ciclo lectivo. Cuenta a su favor con un buen número de sindicalistas afines al socialismo, que no trepidaron en hacerles la vida imposible a los ministros de turno de Jorge Obeid pero que ahora cuentan hasta diez mil para pronunciarse. Lo mismo sucede con los organismos de derechos humanos, que se mostraron impávidos tras la denuncia de Agustín Rossi respecto de que en Logística del Ministerio de Seguridad cumple tareas un funcionario complicado por las muertes del Diciembre Negro.
  Los peronistas tienen en esto una cuota de responsabilidad: mientras se miran el ombligo pensando solamente en la interna el oficialismo tendrá todo el campo a su favor para avanzar tirando tacos, caños y jugando para la tribuna. Los ministros de Cristina Fernández cumplen a rajatabla el pedido de la presidenta: tratar al socialismo santafesino con guantes de seda, evitando cualquier alineamiento con Elisa Carrió y preparando el terreno para coptar a Binner más cerca de las futuras elecciones.
  El PS es funcional a esa estrategia: pone su mejor cara frente al pantagruélico tren bala, y Lifschitz critica a la líder de la Coalición Cívica cada vez que tiene un micrófono adelante. El viernes, el cuestionado Julio De Vido se encargó de ratificarle al gobernador que las obras prometidas tendrán su curso y que el poder no dejará de asistir a la administración socialista.
  Como el arándano del postre, el PJ quiere incorporarse a la socialdemocracia, una muestra de la incongruencia política nacional. Solamente en Argentina un partido puede pegar semejantes barquinazos: de los coqueteos con el socialcristianismo derechista de los 90 (antes figuraba como leit motiv el “ni yanquis ni marxistas, peronistas”) a los refinados posicionamientos del socialismo internacional. ¿Alguien se imagina a los barones del conurbano formando parte de la Internacional Socialista? ¿Será un nuevo pase de magia, similar al del tren bala a 460 pesos para cubrir Rosario-Buenos Aires mientras un convoy tarda diez horas en llegar desde Mar del Plata a Constitución?

Anestesiados. En la Casa Rosada tampoco se observan demasiados nubarrones. La clase media está anestesiada por los calores de la temporada estival y no parece preocuparse demasiado por el notable ascenso social del ex presidente Kirchner, quien aumentó 8 veces su patrimonio en cinco años. Mucho menos por las derivaciones del caso de la valija chavista.
  Con la tonelada de soja a 1.000 pesos los commodities están asegurados, como seguros están en Balcarce 50 de que han neutralizado a Hugo Moyano para su redil. El desafío para la administración nacional será encauzar las paritarias por un desfiladero que oscile entre el 15 y el 20 por ciento de aumentos salariales, un porcentaje raquítico cuando los salarios van por la escalera y los precios por el ascensor (o por el Cobra, el tren bala tan bien maqueteado).
  El kirchnerismo no quiere sobresaltos en el terreno partidario, por eso el santacruceño ahora aspira a liderar un partido al que consideró inútil para cualquier emprendimiento. “Va a darse un baño de pejotismo porque sabe que en cualquier momento aparece (José Manuel) De la Sota o alguna otra referencia. A los Rodríguez Saá les gana 10 a 1”, dice un ex gobernador con dos mandatos cumplidos.
  El único contratiempo grave que puede sufrir el gobierno está alojado en el Servicio Meteorológico Nacional. La extrema fragilidad de la infraestructura energética amenaza con colapsar cada vez que la temperatura se acerca a los 36 grados. En los días más tórridos de enero, los medios nacionales más importantes silenciaron varios focos de protesta que, cacerola en mano, se acercaban peligrosamente a la Quinta de Olivos.
  Hoy, las cacerolas están bien guardadas. Y desde el poder sale una sonrisa olímpica.

mmaronna@lacapital.com.ar

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