Opinión

La persistencia en el esfuerzo honrado

Interrogante. El autor de este texto se pregunta por la cultura social de los argentinos e intenta elucidar si tenemos realmente alguna que nos integre como comunidad nacional.

Lunes 30 de Septiembre de 2019

La realidad para el sujeto humano que la contempla, en su sustrato físico y no como esencia metafísica, no es más que materia y energía. El sujeto mismo así considerado, no es más que la materialidad de su cuerpo y la energía de su fuerza vital. Pero tal sustrato no impresiona los sentidos del sujeto, de un modo pasivo por parte de éste. Es en verdad su propia percepción la que lo hace, pudiendo aceptarla o rechazarla. Sujeto que es además la complejidad de un organismo, es un ser vivo, con voluntad de sobrevivencia por adaptación a un medio para la continuidad de su vida.

En suma: realidad que se integra a la vivencia del hombre como hecho o suceso; así como él, en tanto que además de percibirla la piensa, ha dejado de reducirse a su cuerpo. Piensa con su cuerpo —está claro que sin él, no podría hacerlo—, pero aquello que piensa ha dejado de reducirse a éste; si bien para hacerlo ha debido consumir materia y emplear energía. Además de, por el solo hecho de estar vivo, intervenir en un ambiente. Con un comportamiento que, por el hecho de pensar, es consciente y racional. Y aún más, puede él expresar su experiencia en un lenguaje y fijar a éste en un texto. Lo que quiere decir: comunicarlo y transmitirlo a sus contemporáneos y hasta a futuras generaciones.

Vale decir que en las sociedades humanas, no sólo que hay seres que conviven sino que además comparten y se transmiten técnicas de sobrevivencia. Información que ha dejado de ser sólo genética.

¿Por qué? ¿Qué puede ser lo que ha pensado alguien, y así lo ha expresado, fijado, comunicado y hasta transmitido al futuro, sino algún significado?... Que lo sea para él y pueda serlo para otros. ¿Y cómo llamar a ese conjunto de significados según la experiencia de la realidad, compartida y transmitida, sino cultura social?

¿Y cómo se ha podido hacerlo? Pues valiéndose de la misma materia (y energía) que rodea al hombre y que hasta lo constituye, pero tenida ahora como soporte de significados.

De modo que, si bien hay una cultura social en que los individuos participan, no es porque ella sea algo material, que sólo es su soporte, pero tampoco algo espiritual y fuera de la realidad física. Sería esto volver al animismo primitivo. Sino que juega aquí una subjetividad que es consciente de sí en su relación con el ambiente, que por eso lo piensa.

Conciencia que da unidad a su propio cuerpo; del cual depende pero a su vez domina; y comunica con el medio exterior. Tal es la especialización del evolucionado sistema nervioso del hombre. En un medio al que llega a transformar con su comportamiento, además.

Sin que nada metafísico haya en esto: es unidad del cuerpo así como comunicación con lo que no es él; vivencia de lo real y también retención de lo vivido. Por eso es experiencia.

Que se formaliza en un lenguaje, se comparte y fija por algún medio y se transmite a otras generaciones. Por eso es cultura social.

Ahora bien, ¿tenemos los argentinos alguna que nos integre y en la que cada uno pueda identificarse, encontrando su identidad de base sin perjuicio de las diferencias individuales pero también no obstante ellas? ¿Es que no habremos alcanzado siquiera el nivel de la sobrevivencia y estemos por debajo por debajo de un mundo significativo como fundamento común?

Si aún una auténtica realidad cultural no es más que persistencia en quienes la encarnan; no más que insistencia confirmatoria de su acervo propio… si no se trata más que de signos impresos en un soporte material que por la educación se reactivan y transmiten (y está bien que así sea, porque así sus contenidos no suprimen la libertad individual), ¿cómo habría de haberla entre individuos dispersos o enfrentados?

Cultura que es, por tanto, individual (por la mediación obligada de la conciencia racional de cada individuo) y social (porque su resultado es lenguaje, escritura y transmisión).

Piénsese, volviendo a nosotros, que hasta hemos abandonado el hábito de leer un buen libro… que quien lo hace se reúne con lo mejor de su autor, con su esencia moral. Con lo cual se eleva. Autor que está reflejando su época. Con lo que al leerlo se enriquece.

Lo que no encuentra, es verdad, es contacto humano. También necesario. Pero sí descubre la profundidad de lo humano: esa aspiración a lo universal que peculiariza al hombre y constituye su diferencia específica. Que tan sólo en el acto persiste.

Preguntémonos entonces cómo puede el individuo crecer, por el contrario, en un medio social adverso; cómo la sociedad misma progresar, sin un consenso de valores para una convivencia pacífica y ordenada de sus integrantes.

Meditemos en el tiempo que hemos perdido por nuestro propio e irresponsable abandono de ser, tanto en lo personal como en lo colectivo.

Desde la Antigüedad se enseña que la virtud es un hábito ¿Por qué habremos descuidado la educación en la pertenencia comunitaria y permitido que también esto se politice? ¿Será que no merecemos ser libres?

Porque, ¿cómo se mantiene y continúa en el espacio social y en el tiempo histórico sin trivializarse, una cultura si no es por transmisión de la inteligencia... así como la vida se continúa por adaptación a un ambiente y así se mantiene?

Persistencia es continuación por insistencia de actos significativos. Sólo así se conserva un ambiente que siga siendo humano; comunicación y transmisión de significados no necesariamente idénticos; siendo que ellos requieren ser comprendidos por otros que están lejos de ser receptores pasivos y pueden dar otra interpretación.

Pero lo que sí se requiere siempre es la persistencia: tanto en la continuidad de nuestra vida como en los significados que le dan sentido... sea que lo hagamos para prolongarlos o, a partir de ellos, superarlos.

Lo que no cabe es que resignemos la voluntad de conocimiento y aprendizaje de aquello que nos hizo entendernos con el mundo civilizado. ¿Dónde ha quedado nuestra dignidad cultural, reducidos como estamos a que se nos compre el voto y se nos venda el consumo? ¿Dónde, el mejoramiento de una educación que debía formar un ciudadano capaz de resistir las maquinaciones de los corruptos?

Podrá la vida depararnos todo tipo de alternativas a nuestra libertad de elección; pero para cualquiera de ellas, habrá siempre una sola opción moralmente digna: la persistencia en el esfuerzo honrado.

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