La necesaria ley provincial de fomento al cine
El consagrado director rosarino, creador de la recordada "El asadito", reflexiona sobre la importancia de la sanción de una norma

Domingo 27 de Agosto de 2023

A veces queremos hacer historia y otras veces la historia nos hace a nosotros. Dentro de poco el Congreso de la provincia de Santa Fe tendrá la posibilidad de aprobar la primera ley de fomento a la producción audiovisual de nuestra región. Un hecho que puede hacer historia cuando los actos de justicia parecen alejados del cotidiano en estos tiempos explosivos, aunque decir explosivos en Santa Fe parece un mal chiste. En todo caso vivimos una realidad intensa. Queremos ser artistas en un país que imaginamos o que soñamos, pero somos artistas en un país que no siempre se da la mano con los sueños o los deseos. Hace un tiempo no muy lejano esto podía ser una utopía o la idea de algunos pocos, sin embargo hoy puede ser una realidad y el ejemplo de que cuando los debates se llevan adelante desde la consistencia y la rigurosidad seguramente llegan a buen puerto. Pero como hoy todo entra en un cuestionamiento que tiende a creer que lo propio, la identidad y los recursos del Estado no deben estar destinados a la salud, a la educación o la cultura, es importante hablar del tema o de los temas. El cine tiene la característica de ser arte e industria y cuando hablamos de películas también hablamos de economía y de números. Puedo dar un ejemplo que es contundente, por cada peso que se invierte en la producción de un film o serie, se generan cinco pesos más en otras actividades que quedarán en la ciudad, la región o la provincia. Si se produce una película de 50 millones de pesos en Rosario, a lo largo de toda la producción quedarán efectivamente 250 millones de pesos en la ciudad porque se genera un movimiento por fuera de lo cinematográfico (catering, transporte, hotelería). Y estas cifras ya han sido estudiadas y que no parten de la imaginación de nadie sino de estadísticas tanto nacionales como internacionales. Tener una ley de fomento al cine en nuestra provincia no sólo posibilitará que podamos llevar a la pantalla nuestros relatos -nuestra identidad-, sino que será una fuente inagotable de trabajo y de recursos.

Los cineastas, los productores, los técnicos muchas veces miramos nuestro ombligo sin importarnos lo que sucede fuera de nuestra comarca individual. El cine es una actividad colectiva pero eminentemente vertical y personalista. La unión, aunque se haga desde los matices y las diferencias, puede evitar el silencio o la desaparición de un arte central en cualquier país. Así lo dicen los hechos y así lo dice la Historia, esa que a veces queremos escribir y otras veces nos escribe a nosotros. Esta vez los que hacemos nos juntamos pensando en el todo y no en la individualidad y por eso llevamos adelante un proyecto que de ser aprobado será histórico y pondrá a la provincia en un lugar de real poder audiovisual.

Hace más de cuarenta años me acerqué al cine en esta ciudad y casi en un pestañeo me encuentro en que no tengo dieciocho años, sino que estoy más cerca de los sesenta y el tango “Volver” cobra un sentido mayor en uno de sus versos más conocidos.

En el taller Arteón, cuando las escuelas de cine estaban cerradas o por crearse, filmábamos en Súper 8, el cine en formato reducido. No pensábamos en llegar a los cines porque en los cines las películas se estrenaban con un criterio muy lejano a nuestra práctica. En esos inicios no veía al cine desde una perspectiva industrial sino como una herramienta que me permitiera tener mi propia voz dentro del arte. El espíritu amateur que nació en ese momento se mantiene hoy pero el tiempo me permitió que el propio cine pudiera ser una profesión.

En las provincias nunca fue lo mismo. El federalismo de boca para afuera es el cliché con el que se argumentan las propuestas que mueren siempre dentro de los límites de la General Paz. Sólo un porcentaje muy pequeño de los montos del cine nacional llegan a Santa Fe (menos del 2 %). Esa distancia nos hizo construir otro formato en términos del imaginario cinematográfico pero también en cuestiones de producción y de lenguaje nos ha dado una fuerza con la que hoy nos podemos parar y confrontar con el centralismo. Entonces nos miramos las caras, aquellos que nos mirábamos de reojo o que solo estábamos atentos a nuestro ombligo y nos pusimos de acuerdo en que una ley de fomento no sólo podía ayudar a que el cine fuera la fuente de trabajo que permitiera a técnicos y artistas desarrollar su profesión sino que significaba colocar a la provincia en el mapa del cine internacional mirando de igual a igual a la producción porteña.

Hoy el cine habla más de mercado que de arte, con esa tendencia a dejar que la lógica mercantilista defina quiénes y cómo producen. Una ley de fomento no sólo regulará el mercado dándoles las mismas oportunidades a los distintos actores de la industria, sino que permitirá que convivan las diferentes voces que pueden dar a conocer los relatos, las historias y las vivencias más diversas. En nuestra pequeña industria del cine, al igual que en la mayoría de los ámbitos de producción artística o cultural, siempre estamos con un ojo en el barrio y otro en el centro neurálgico del sistema de producción planetario. El lenguaje se construye a partir de las vivencias individuales que luego se transforman en colectivas. Un recurso cinematográfico, la articulación de dos planos o la marcación de un actor responden a un criterio vinculado con la experiencia vivida en una geografía y un tiempo. Refiere siempre a una manera de mirar y ser mirado, a la contemplación y a la acción. Quedarse quieto o moverse nos da una identidad. Y a su vez movernos hacia allá o hacia acá nos deja una marca y dejamos una marca. La intención y la no intención son maneras de comprender y leer el mundo que nos rodea. Y es importante que desde la política se comprenda que nuestro cine es parte indisoluble de nuestra identidad y es el gran espejo donde podemos reflejarnos. Tener una ley de cine de Santa Fe permitirá que esas utopías con las que soñamos cuando empezábamos a hacer funcionar nuestras cámaras, se hagan finalmente realidad.