Opinión

La grieta vive

El gobierno atraviesa sus peores días y como estrategia para superarlo se plantea reflotar la dialéctica del blanco o negro, de esto o el pasado. O, en suma, de Macri o Cristina

Domingo 12 de Marzo de 2017

Los propios correligionarios de María Eugenia Vidal le imputan su primer gran error no forzado de proporciones aún inciertas: los docentes. Algunos dirigentes con acceso diario al despacho presidencial creen que la excesiva confianza de la mujer mejor posicionada en la credibilidad pública le causó un daño significativo al gobierno de Mauricio Macri. Esto, en la "quincena horribilis" que atraviesa la gestión (Correo, Avianca, pobreza), preocupa y mucho. Haber "comprado" una crisis con los maestros es mucho más que millones de chicos sin clases. Ya se sabe que el escenario público ganado por los líderes de ese sector es un dolor de cabeza seguro.

Se sostiene desde estos sectores que la gobernadora de Buenos Aires fue la impulsora de la idea de no convocar a una paritaria docente a nivel nacional como ocurría siempre. Vidal estaba convencida de poder torcer la mezquindad política de la dirigencia sindical de su distrito con el apoyo popular que la acompaña desde hace tiempo. Sin embargo, que sea respetada y mucho no alcanzó. El fracaso de las propuestas del 18 y 19 por ciento de aumento sobre un sueldo de pobreza no sólo hizo estallar la huelga (desmesurada, anunciada de manera ladina) por tiempo casi indeterminado de los sindicalistas bonaerenses, sino que salpicó todo el territorio nacional con gobernadores que reclaman fondos al tesoro nacional a cambio de evitar una medida de fuerza extendida.

El gobierno teme que los maestros en las calles ya convocados por la rosarina Sonia Alesso de CTERA para el 15, 16, 21 y 22 de marzo (¿no es mucho?) puedan catalizar el descontento social por la situación económica y motorizar el clásico "pequeñismo" del peronismo dolido por la derrota y acosado en los tribunales por cientos de denuncias de corrupción en la década ganada.

Por lo primero, el lapidario informe de la Universidad Católica que cuenta más de un millón y medio de pobres nuevos en esta gestión y más de medio millón de indigentes es preocupante. Desmalezando los que usan este informe mientras hace meses sostenían que Alemania y Canadá tenía más pobres que la Argentina o los que, a la inversa, usaban a la UCA como Biblia y hoy la niegan antes de que cante el gallo, los 14 primeros meses de mandato Macri son letales para la industria nacional y la construcción y, más globalmente, para la ciudadanía que sigue pagando la devaluación trasladada a precios, los incrementos tarifarios y la no llegada de la tierra prometida y rebautizada como segundo semestre.

Por lo segundo, el peronismo pendula entre la racionalidad de algunos dirigentes como Juan Manuel Urtubey, Florencio Randazzo o el PJ que repudia al grupo que quiere, en serio, que Macri se vaya ya, y los talibanes que se imaginan a la ex presidenta dando órdenes desde Puerta de Hierro anhelando su llegada para salvarlos. Las imágenes de esta semana de Amado Boudou en manifestaciones populares o de Aníbal Fernández intentando trepar al palco de la CGT hablan por sí mismas. A propósito: es verdad que Mauricio Macri habló con los líderes sindicales antes de la manifestación. Las fuentes consultadas aseguran que el presidente nunca pidió que no se hiciera el paro porque ya sabía de boca de Hugo Moyano y de Luis Barrionuevo que la medida era inevitable. La charla fue áspera pero nadie pidió nada ni mucho menos, ninguno prometió algo. El líder de los gastronómicos salió a sobreactuar, una vez más, lo ocurrido. Pero si se olvidan los adjetivos petulantes, es más que una luz amarilla lo que dijo por estas horas. Que un sostenedor por largos meses del equipo de Macri ahora hable de "chicos bien", "alcahuetes" o "pibes de Punta del Este" a ese mismo gobierno da cuenta del clima interno.

¿Va a haber paro general, entonces? La respuesta responde a palabras textuales de un avezado sindicalista: "Estamos condenados a hacerlo. Los muchachos del Excel no laburan como los mejores convocantes".

Estrategia

Planteadas las cosas así, el gobierno empezó a diseñar su estrategia y, sobre todo, de campaña electoral para octubre. Desde el sillón principal del gabinete, Macri ordenó a sus ministros exhibir resultados concretos en lo social y económico. No fue casual que ayer presidiera el lanzamiento del Procrear, proyecto K remozado por Cambiemos. Sus ministros se sintieron apremiados por el pedido presidencial. La fragmentación de las secretarías que manejan la economía no es más que un escollo para intentar unificar ideas. De paso: para la microeconomía del día a día de los ciudadanos, hay poco para mostrar. Si hasta se tuvo que postergar el aumento de tarifas de servicios públicos por el temor de su impacto social.

La otra pata es dogmatizar la política. "Habrá que recurrir a la grieta", le dijo a este cronista un secretario de estado. ¿Qué significa esto? Poner en dialéctica de blanco o negro que es esto o es la vuelta al kirchnerismo. El conflicto docente, otra vez, es un buen ejemplo. "Baradel es Cristina. Vidal es el futuro", explicó en tono de eslogan el mismo funcionario. Y así, la idea es llevarlo a todos los ámbitos. Dujovne o Kicillof. Peña o Aníbal.

No es casual que funcionarios de peso hayan vuelto a recurrir a la opción "era esto o Venezuela". Allí está la mano de Jaime Durán Barba, que sigue teniendo un protagonismo indiscutido. "No le entran las balas de Carrió, de Monzó ni de nadie", continuó contando en reserva la misma fuente. El ecuatoriano estuvo en la Casa Rosada esta semana y dijo que las elecciones se va a dirimir entre la esperanza del futuro o la nostalgia del pasado. Macri o Cristina, en suma. De allí la importancia que se le está dando a Carrió, la exponente más cabal de estas oposiciones. En esta coyuntura es que se explica la tolerancia del equipo gobernante hacia los dichos de la chaqueña, que no tiene empacho en herir con sus declaraciones a amigos personales y alfiles políticos del presidente.

Si esta es la estrategia, el riesgo que se tomará es altísimo. No sólo porque, como se dijo, hay poco para exhibir en cuanto al mejoramiento de las condiciones cotidianas de subsistencia de las mayorías, sino porque la apuesta es a todo o nada. Si el resultado electoral es favorable al gobierno, habrá que esperar dos años de la misma política. ¿Y si no lo es? ¿Maneja Cambiemos márgenes para salirse de sus postulados? ¿Hay, en suma, plan B? Nos esperan seis meses de enorme tensión.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario