Análisis político

La fragancia Lavagna

Claves. Para que el ex ministro de Economía sea candidato, deberá bajarse Massa. Las rarezas de la política argentina. Cambiemos necesita que el presidente pare de caer en los sondeos. Y en la realidad.

Domingo 24 de Marzo de 2019

A tres meses del cierre de listas nacionales, nada está seguro en la política. Lo único que unifica las voluntades y las creencias es la caída del gobierno nacional en la gestión y, por ende, en las encuestas.

Argentina es un país tan extraño que, hoy, lo que que está de moda es Roberto Lavagna, un dirigente de 77 años que estaba más cerca de dedicarse a cuidar a los nietos que de volver a la actividad pública. Así de raro es el país, con sus altas y bajas.

Hasta hace no mucho tiempo el valor del "cambio" venía sobregirado por los consejos de los emprendedores, de los nuevos yuppies, de los sin corbata. La consigna para que algo tuviese expectativas era su pertenencia "a lo nuevo". Algo así como un revival del Diario de la Guerra del Cerdo, esa extraordinaria novela de Adolfo Bioy Casares. En política era contradecir esa cita de Perón, quien decía que en política no se trataba de "tirar todos los días un viejo por la ventana".

Al menos en este momento de la historia, el ex ministro de Economía parece predestinado a morigerar y/o pasar por arriba de "la grieta", ese negocio tan favorable al macrismo y al kirchnerismo que le permitió, a ambos, pasar a cobrarlo por ventanilla. Pero, que nadie crea que esa disputa ya quedó anclada en el pasado.

Pantuflas y sandalias

Para que Lavagna sea candidato deberán darse algunas condiciones. Por ejemplo que no compita Sergio Massa. El hombre que pasa sus vacaciones en Cariló le ha dicho a unos pocos cercanos que si el líder del Frente Renovador se presenta a primarias, él vuelve a las pantuflas y a las sandalias. Han recorrido un camino juntos.

En las encuestas de estos días que se han hecho en Rosario aparecen dos datos sorprendentes: la caída sin piso cierto de Mauricio Macri y la aparición de Lavagna, sumando más intención de voto que Massa. Vale la pena decir que el economista aún no blanqueó su candidatura.

Un sondeo de Innova Opinión Pública refleja que, si las elecciones fuesen hoy, en Rosario Cristina recogería el 23 por ciento de los votos, Macri 15 por ciento, Lavagna 12 por ciento, Massa 8 por ciento y Urtubey 6 por ciento. Lo que se dice, un escenario abierto, con un poroteo individual que no convierte a nadie en gran elector. Un dato explica la caída del presidente de la Nación: Corral (quien es el intendente de la capital provincial y tiene alto desconocimiento en Rosario) mide un punto más que él.

En términos de imágenes, Macri tiene en Rosario una positiva del 24 por ciento, Miguel Lifschitz una positiva del 58 por ciento. Al principio de las dos gestiones, ambos tenían percepciones muy parecidas. Será clave para la chance de los candidatos de Cambiemos una mejoría de la gestión nacional para que se reinstale un escenario de tres tercios.

Hay un dato que no es bueno. La oposición llegará a la campaña nacional sin haber elucubrado un proyecto alternativo consensual, articulado y profundo. El candidato que resulte designado para enfrentar a Macri (a menos que aparezca el Plan V, de María Eugenia Vidal) será un caballo de Troya, que llevará en su panza lo peor y lo mejor del antimacrismo, pero sin programa real. No hay tiempo para que esa realidad pueda ser distinta.

Al margen de los posicionamientos en el peronismo federal, los votos de la oposición mayoritarios están hoy en manos de Cristina. Si la ex presidenta de la Nación se presenta como candidata cambia de modo directo el decurso de la cosas. Con el peronismo y la oposición toda repartiendo los votos a diestra y siniestra, aparecerá la única chance de reelección del jefe del Estado.

"Con Macri tenemos dos problemas. La economía no arranca nunca y la política tampoco. Hay antecedentes que indican la posibilidad de reelección con una mala economía, pero no con las dos cosas", le dijo a LaCapital una primera figura de Cambiemos, pidiendo, con lógica, reserva de fuente.

En 1995, Carlos Menem obtuvo la reelección en un escenario complicado de la economía, pero con un liderazgo indiscutible en lo político. Macri parece meterse todos los días en un problema nuevo. Cuando el único tigre de papel de la comunicación política, en un año electoral, es "no podemos hacer otra cosa", obtener resultados positivos es casi un milagro.

Siempre los años impares funcionaron en Argentina como acicate para mejoras en el consumo popular, paritarias aceitadas y horizontes de expectativas crecientes. Nada de eso ocurre en marzo de 2019, año en que todos se juegan algo importante.

Otro cambio llamativo es que, pese a la sensación de que la cuestión económica va de mal en peor, no hay amagues de cambio de gabinete. ¿Creerá Macri que aun con un mal gobierno podrá ganar las elecciones? Por lo pronto, la excesiva apuesta a mantener en el tiempo "la grieta" lo hace mostrar convencido —al igual que a su alter ego, Marcos Peña— de que el rival a vencer será el kirchnerismo.

"Cristina sabe que los primeros que la meterían presa son los propios peronistas que no la quieren", le dijo una calificada fuente oficial a este diario, cuando caía la tarde en el primer piso de Casa Rosada. El funcionario apostaba todo a una postulación de CFK. "Y si no es candidata, será el que ella diga", agregó la fuente, convencida de que ni el kirchnerismo ni el macrismo son "núcleos duros", sino mayorías políticas.

Por lo pronto, la investigación judicial de los cuadernos, y la mafia que sobrevuela el escándalo D'Alessio-Stornelli, impactan de lleno en los dos lados de la grieta.

Y esto recién empieza.

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