Análisis político

La fórmula SanCor

Claves. El tándem Lifschitz-Schiaretti se propone actuar como eje federal para evitar que el poder central y el peronismo nacional los obligue a quedar presos de una interna exclusivamente peronista.

Domingo 07 de Abril de 2019

Miguel Lifschitz y Juan Schiaretti cerraron un acuerdo para caminar juntos.

Primero, como un modo de enfrentar las preferencias del gobierno nacional hacia provincia de Buenos Aires y ciudad de Buenos Aires. Y, segundo, para encontrarse en el ruedo electoral cuando cierren las listas nacionales.

Pero, para eso, Schiaretti deberá seguir gobernando Córdoba y Antonio Bonfatti deberá ganar las elecciones en Santa Fe. De lo contrario, no hay juguetes para nadie. En el mientras tanto, Schiaretti decidió ir a comicios en alianza con el socialismo y el GEN, borrando del mapa la idea delasotista de Unión por Córdoba.

Los dos gobernadores se han reunido muchas más veces entre ellos que con el presidente de la Nación. "¡Qué bien que están en las encuestas en Santa Fe!", le endulzó los oídos, el jueves, Schiaretti a Lifschitz, en el inicio de un asado extraño. Se sirvió primero el bife de chorizo que las achuras. El mandatario santafesino le devolvió la gentileza a su par, anticipándole una victoria contundente frente a la UCR, que va dividida con dos candidatos. El macrismo, en Córdoba, tiene rostro radical. Como en Santa Fe.

"Miguel, tenemos entre las dos provincias más de cuatro millones de electores, somos dos Estados gemelos. Hasta tenemos dos jueces en la Corte que son comprovincianos. O ponemos un presidente SanCor, o imponemos a (Roberto) Lavagna", dijeron el jueves con tonada cordobesa.

El que pierde, se cae

Primero, Lifschitz debe llegar al cierre de listas de fines de junio próximo con un triunfo en la provincia y en la ciudad de Rosario, una empresa nada fácil, atento a que la oposición tiene buenos candidatos en la bota. También en la principal ciudad.

Los dos gobernadores quedaron en no volver a agitar la campana preelectoral y a dedicarse a caminar con exclusividad los territorios. Lavagna le dio el gusto al santafesino de declarar que él no quiere formar parte de una interna peronista exclusivamente, algo que rompería el ideario socialista. "Nosotros no vamos a participar de una interna peronista. ¿Cómo haríamos en Santa Fe para convencer a los nuestros de ir con los justicialistas en una boleta compartida a diputado nacional", se preguntan a metros del gobernador.

Ahora bien, sería toda una novedad que Lavagna se desentienda del peronismo para cerrar un acuerdo con la progresía santafesina y bonaerense. Además de la parte del radicalismo que no pudo mojar la aceituna del poder central. "El acuerdo con Lavagna ya está. Sólo falta saber cuántos radicales vamos a estar de ese lado. Y eso dependerá de cómo le vaya al gobierno durante los próximos meses", le dijo el viernes a LaCapital un convencional radical, de paso por Rosario.

Si la convención radical se convoca en las actuales condiciones, nadie garantizaría la continuidad de la alianza con el PRO. Pero, lo más, preocupante es que tampoco se garantizaría el normal desarrollo de las deliberaciones. Ante esto, no hay que descartar que se llegue a "la libertad de acción política", para que cada dirigente haga lo que quiera.

Por ahora, Lavagna sale a la cancha con socialistas, radicales y margaritos. Y con una profusa constelación de dirigentes sindicales, patrocinados por Luis Barrionuevo. ¿Cómo se compatibiliza ese enjambre político? Hay que esperar para saberlo.

La aparición del ex ministro de Economía en el firmamento electoral lo llenó de ansiedad (otra vez, ¿y van?) a Sergio Massa, quien no le hizo caso a la cita napoleónica de "vístete despacio, que tengo prisa" y largó su candidatura presidencial.

El tigrense ya sabe por las encuestas que Lavagna va camino a comerle buena parte de sus electores y, por eso, quiso decir: "Acá estoy". En los sondeos que se conocieron en la provincia de Santa Fe, pese a un flamante nivel de instalación, Lavagna ya supera a Massa y a Juan Urtubey. Por el andarivel de esos episodios, el economista tomó distancia del líder del Frente Renovador, bajándole el precio.

Pero por más que las figuras y figuritas del peronismo no kirchnerista paseen sus egos por la hoguera de las vanidades, la que tiene mayor cantidad de votos es Cristina Kirchner. No hay ninguna razón para que la ex presidente no sea candidata. Tiene un piso de votos muy considerable (aunque el techo sea limitado) y, aún perdiendo, podría quedar como jefa de la oposición.

Hay otro dato que se mencionó en esta columna hace muchas semanas atrás: la composición del Congreso es por los resultados de la primera vuelta, no del ballottage, por lo que, de presentarse, Cristina sumaría una numerosa cantidad de diputados y senadores. El verdadero cisne negro de la política argentina se posaría sobre la realidad si CFK se decidiera a no competir.

El gobierno nacional apuesta a que sí se presente, a mantener la grieta con a mayor tensión política y a ensayar un gambito con los radicales para evitar alguna fuga de proporciones hacia Lavagna. "¿Adónde van a ir los radicales que nos importan? Se quejan, pero tienen legisladores como nunca, gobernadores, intendentes?", se preguntó en voz alta un diputado nacional del PRO. Pareció emular lo que alguna vez dijo Eduardo Angeloz. "Nadie se va del calor del poder, afuera hace frío".

En el gobierno están convencidos de que los que están moviendo olas son dirigentes radicales que no están ni estarán en el gobierno de Cambiemos, y que ya han decidido hacer alianzas con un sector del progresismo. Creen allí que el socialismo busca a Lavagna, no para ganar las elecciones, sino para encontrar una referencia nacional que evite lo ocurrido en los comicios a diputado y senador de 2015, que castigó al propio Hermes Binner.

Es el año 2019. Y todo es política preelectoral.

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