La Facultad de Ciencias Agrarias
Si alguien analiza la frase de Joaquín V. González que dice: "Conocer es amar, ignorar es odiar", podría concluir que es lapidaria y negativa porque en nuestra corta existencia es prácticamente imposible que lleguemos a “conocer” todo y a todos en forma plena.

Lunes 21 de Enero de 2008

Si alguien analiza la frase de Joaquín V. González que dice: "Conocer es amar, ignorar es odiar", podría concluir que es lapidaria y negativa porque en nuestra corta existencia es prácticamente imposible que lleguemos a “conocer” todo y a todos en forma plena. A lo que el ilustre Joaquín V. González debió apuntar es a que, dentro de nuestras relaciones personales, cuanto menos debemos “conocer” todo aquello que nos rodea y dentro de lo cual desarrollamos nuestra existencia. De no ser así, tal desgano, desapasionamiento o ignorancia equivaldría al odio.

Nada mejor que este comprometido principio para tener una acabada idea de lo que es la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario al cumplir su 40ª Aniversario.

Corría el año 1967 y con el doctor Manuel de Juano, eximio jurista rosarino y rector de la Universidad Nacional del Litoral, pensamos en una contradicción que nos asombraba: cómo, siendo Rosario la capital agropecuaria, carecía de una Facultad de Ciencias Agrarias. Mi idea era que se crease en un “potrero”. La realidad de nuestra zona, rica en fértiles campos, era que no siempre estaban correctamente cultivados, por lo que necesitaban el decidido apoyo de la ciencia y de la tecnología para producir más y mejores bienes para el acrecentamiento de nuestra grandeza nacional.

Coincidimos con De Juano sobre la necesidad de empalmar nuestro proyecto con el INTA, habida cuenta que el mismo ya estaba desarrollando su cometido en amplias extensiones agropecuarias del país y en la provincia de Santa Fe.

Al poco tiempo viajamos a Buenos Aires. En primer lugar intentamos interesar en el proyecto al ingeniero agrónomo Gastón Bordelois, presidente del INTA. Habida cuenta de la cercanía de Rosario con la Estación Experimental INTA-Oliveros, pensábamos que allí podría continuarse la complementación de los estudios teóricos con la necesaria práctica de campo, pero por toda respuesta obtuvimos la negativa ya que Bordelois consideraba que la función del INTA era la investigación y la extensión y no la docencia. Sin amedrentarnos ante este primer fracaso, decidimos el mismo día seguir nuestra gestión frente al secretario de Cultura y Educación de la Nación, Carlos María Gelly y Obes, quien ante nuestra sorpresa aceptó la propuesta y le requirió a De Juano que redactara un esbozo del proyecto de creación de la facultad, cosa que hizo.

A la distancia, en un país tan complicado por la burocracia y el egoísmo partidista e individualista, nos asombra recordar cómo, merced a la grandeza de funcionarios probos, se pudo llevar adelante sin excusas ni trabas de ningún tipo una iniciativa así y que ésta se convirtiera en la realidad que actualmente disfrutamos.

Cuarenta años después, nuestra Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR tiene sus propios “potreros” en Zavalla gracias a la generosidad de un benefactor, José Víctor Villarino, quien donó parte de sus tierras con fines educativos, y a la visión de su primer decano, el ingeniero agrónomo Ernesto Emilio Girardi. Allí posee todos los elementos naturales, físicos, químicos, materiales y humanos necesarios para apostar al desarrollo agrícola, ganadero, tambero, hortícola, frutícola, etcétera, como un epicentro de avanzada para el desarrollo de la Nación, no sólo en lo económico sino también en lo científico y tecnológico.

Es una verdad insoslayable que el progreso científico se origina en la investigación (y no en la mera repetición de reglas ya aceptadas) y, por ello, nuestra facultad tiene el orgullo de contar en la actualidad con un campo experimental de 508 hectáreas con diferentes módulos productivos, infraestructura de invernaderos, gabinetes y laboratorios equipados con los que se han gestado y se siguen gestando verdaderos adelantos en las distintas áreas de incumbencia agropecuaria, lo cual la pone a la cabeza de la excelencia en Latinoamérica y en el mundo.

Quienes seguimos la premisa de Joaquín V. González nos honramos en decir que la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR es en su rama un modelo de enseñanza (recientemente acreditó con la máxima calificación ante el Ministerio de Educación de la Nación), de investigación y de apoyo al crecimiento sustentable de la producción nacional con miras a optimizar las reservas alimenticias de la humanidad. No hay quien pueda dudar de ello.

En el atardecer de mi vida he procurado hacer un nuevo aporte a mi querida y joven facultad instituyendo un concurso para estudiantes y egresados con la temática “El sector agropecuario y el apoyo gubernamental”, teniendo presente la memoria de mis amados padres Emilio Girardi y Josefa Bonetto, quienes muy jóvenes vinieron desde Italia y dejaron sus sueños y su amor a la tierra en este suelo patrio, trabajándola de sol a sol hasta el final de sus días con la esperanza cierta de que sus hijos tuviéramos un futuro más promisorio. El jurado estuvo integrado por prestigiosas personalidades como la Decana de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR, Liliana Ramírez, el constitucionalista Gregorio Badeni, el académico José Claudio Escribano y los titulares de las cuatro instituciones más importantes del agro argentino: Luciano Miguens (Sociedad Rural Argentina), Mario Llambías (Confederaciones Rurales Argentinas), Fernando Gioino (Coninagro) y Eduardo Buzzi (Federación Agraria Argentina).

Este concurso fue declarado de interés parlamentario por la Cámara de Diputados de la Nación el 7 de noviembre de 2007, y honrado con el primer premio de 7.000 pesos el ingeniero agrónomo Gonzalo Federico Pijuan, en tanto el segundo de 3.000 pesos quedó en manos de la ingeniera agrónoma Maricel Romero. También hubo menciones especiales para el estudiante de quinto año Andrés Pratignani, para el ingeniero agrónomo Juan Gange y su colega Natalia Prece.

Como final, permítaseme decir que me siento plenamente orgulloso de poder contemplar el aura de grandeza que se ha instalado definitivamente sobre esta magna casa de estudios, gracias al aporte que permanentemente está haciendo para que nuestro campo sea abonado por el superador conocimiento de las nuevas generaciones de profesionales que se renuevan año tras año, nutriéndose en la excelencia profesional que se imparte en sus generosos y austeros claustros.


(*) Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, Productor Agropecuario y mentor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNR.