Opinión

La economía tan temida

Claves. La oposición quedó ayer a un voto de derrotar al gobierno en Diputados por el tema de las tarifas. Hasta ahí, la Casa Rosada no tenía ninguna sensación de temor. Inflación, el fantasma que vuelve.

Jueves 19 de Abril de 2018

Al gobierno no pareció importarle ser política y económicamente incorrecto.

A la inflamable inflación, le agregó fuego con el aumento de tarifas. No le preocupó la caída en las encuestas ni la complicada situación del ministro de Economía, Nicolás Dujovne. Hay una explicación: no hay oposición, sólo una sumatoria de opositores que no mueven el amperímetro, porque forman parte más del pasado que del futuro.

Pero, ayer, los diputados de la oposición estuvieron a un voto de forzar una sesión especial para decidir el bloqueo del aumento de tarifas. Lo salvó un impresentable y payasesco diputado, que se alejó de su banca para ahogar la posibilidad de que el anti macrismo llegue al número 129.

La escena vivida en el Congreso también dejó en claro —para alivio del macrismo— que Elisa Carrió y los radicales en Cambiemos amagan con convertirse en opositores, pero no concretan ese paso cuando se juega por los puntos. A la hora de la votación, ni Lilita ni los ucerreístas estaban en sus bancas.

En verdad, las críticas de Carrió no son sólo fuego amigo sino que le permiten a Mauricio Macri tener oposición dentro del oficialismo. Una especie de oxímoron impracticable en algún país políticamente serio. "Lilita nos es funcional, porque permite mantener adentro de Cambiemos un voto de clase media que, sabemos, está molesto por la inflación y las tarifas", revela un diputado nacional por Santa Fe, como si hiciera falta la aclaración.

Otra vez, como siempre, el gobierno apuesta al "segundo semestre" de 2018 como acicate para el inicio de la campaña electoral. La obra pública en provincia de Buenos aires es el intento oficialista de ganar por mayor margen que en 2017, tratándose de un Estado que tiene el 40 por ciento de los votos nacionales. Además, de ese primer objetivo, Marcos Peña tiene diseñado su orden de prioridades, en el que figura Santa Fe como la provincia que deberá cambiar de color.

En Córdoba, la situación es diferente. Al presidente le importa poco si gana un candidato radical, la Coneja Baldassi o Juan Schiaretti, el amigo cordobés con el que hasta cantó temas de Gilda arriba de un escenario. El voto cordobés le importa a Macri para su propia reelección, atento a que es la meca de Cambiemos.

En las últimas horas, el jefe de Gabinete convocó a los jefes parlamentarios de Cambiemos para intentar salir del laberinto tarifario. El impacto en los bolsillos de la clase media puede generar reclamos que molestarían, y mucho, a la Casa Rosada. Ejemplo: ruidazo y/o cacerolazo.

El hecho de que la oposición haya estado a un solo voto de lograr quórum complejiza el futuro inmediato y la relación el peronismo. La designación de Luis Barrionuevo como interventor del PJ no tiene un elemento de racionalidad. Si bien le sirve al macrismo para intentar despejar la posibilidad de un acuerdo entre los diferentes sectores del peronismo, el gambito de la eterna jueza María Romilda Servini de Cubria es imposible de digerir para los peronistas de distinta estirpe.

La preocupación que se notaba ayer en algunos despachos del gobierno nacional contrastaba con la alegría casi provocadora del presidente del bloque del PRO, Nicolás Massot, quien se mofaba del resultado final poniendo los dedos en "V".

Una fuente calificada del bloque oficialista se sinceró ante LaCapital: "Son victorias pírricas que no sirven de nada en el mediano plazo ni en el largo plazo. Nosotros tenemos que negociar todas las leyes con la oposición, de ahora en más".

Con el proceso inflacionario "desbocado", como declaró el gobernador Miguel Lifschitz, y con Dujovne —encargado de ponerlo en caja— acusado por tener buena parte del patrimonio afuera del país y por haber blanqueado sumas millonarias, Macri necesita dar señales de cambio. ¿Y de renovación en el gabinete?

En ese sentido, el presidente actúa como un político clásico: no mueve funcionarios cuando se lo pide la oposición. Ya lo decía Carlos Menem en los 90: "A mí no me van a correr con la vaina".

Sea como fuere, el gobierno tiene una ventaja inédita respecto de sus antecesores: la debacle opositora. Además, debe restregarse las manos el jefe del Estado cuando escucha las reflexiones del presidenciable Juan Urtubey y de Miguel Pichetto, más preocupados en diseccionar la interna peronista que en convertirse en alternativa política al macrismo. Por lo demás, ya se sabe que solo con Cristina no le alcanza al peronismo.

El gobierno nacional tiene con la economía el mismo inconveniente que el gobierno santafesino con la seguridad. A Macri la situación lo llevó a decir que no es "mago ni estafador" y a Lifschitz a sentar a los funcionarios del área de seguridad para ponerles las barbas en remojo. En esas dos variables se juega el futuro de uno y de otro.

Respecto a la reforma constitucional, todo se ha dicho. La Casa Gris hizo lo que tenía que hacer, envió el proyecto a la legislatura y, ahora, son los legisladores los que tienen la palabra final. Nunca estuvo tan cerca un gobernador de lograr la modificación de la Carta Magna. Ahora la resolución es política, todo lo demás son excusas.

En ese sentido, el mandatario provincial tiene la chance de mantenerse arriba de la agenda mientras haya alguna mínima posibilidad de conseguir la reforma. Pero, en paralelo, también crecerán las voces que dirán que no sólo no alcanzan los tiempos sino que hay cuestiones urgentes a resolver. Lo dicho respecto de la violencia narcourbana.

En lo que refiere a la fase electoral, empiezan a proliferar las candidaturas. Por el momento, todos quieren ser postulantes. Después del Mundial de Rusia vendrán las confirmaciones.

Carrió y los radicales macristas amagaron con plantarse por las tarifas pero prefirieron no estar sentados en sus bancas a la hora del planteo opositor

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