Opinión

La democracia devaluada

Retroceso. El debate legislativo inmerso en contradicciones y falta de argumentos.

Viernes 14 de Septiembre de 2018

Asistimos consternados a una democracia sin partidos políticos, sin convenciones partidarias, sin debates internos. Nos proponen una lista única, extensa y anónima, excepto el primer candidato que se muestra en diferentes medios, con consignas vacías de contenido. No percibimos la gravedad institucional en lo que colaboramos inconscientemente en construir, hasta que, sentados frente a un televisor, asistimos al debate parlamentario en el Congreso de la Nación sobre la despenalización del aborto y verificamos la pobreza argumentativa de la mayoría de nuestros legisladores, en los que muchos leen extensos discursos sin mayores argumentos y otros formulan comparaciones disparatadas que quedaron documentadas para siempre.


El pasado 29 de agosto, la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe, debatía la necesidad de la reforma constitucional. Volví a tener la misma sensación:

a) Legisladores del peronismo que admitían la necesidad de reformarla, pero resistían la reelección del gobernador. Omitían decir que para que exista reelección, primero deben admitirlo los convencionales y luego elegirlo los ciudadanos de la provincia de Santa Fe. Llegaron a sostener que la reelección no era propio de la "República" pero evitaban mencionar las reelecciones indefinidas del gobernador de Formosa; la reelección en 1951 de Juan Domingo Perón; en 1994, Carlos Menem, y en el 2011, Cristina Fernández de Kirchner.

b) Legisladores del Pro que sostenían que el proyecto debía ser girado a "todas las comisiones de la legislatura..." confundiendo su rol de legisladores con el de convencionales. Daban ganas de interrumpirlos para decirles:"Señores diputados: ¡Ustedes no reforman la Constitución! Ustedes deben limitarse a manifestar si la rechazan o si, por el contrario, si cabe reformarla totalmente o parcialmente y en éste último caso, qué disposiciones deben formar parte del "temario". Se aferraban al rechazo de la reelección compartiendo la postura con el peronismo adoptando una conducta hipócrita frente a la decisión de apoyar la eventual reelección de Macri.

c) Legisladores que invocan representar a la "izquierda" y en vez de impulsar la reforma, para que se incorporen al nuevo texto la autonomía municipal, nuevos derechos y principios convencionales vinculados al Pacto Económico, Social y Cultural, mantienen en los hechos una versión liberal en la que el Senado termina transformándose en vigía de los privilegios y dueño del acceso a cualquier iniciativa legislativa, argumentando que la reforma constitucional no es necesaria ni urgente.

En la actividad parlamentaria, el legislador debe impulsar proyectos que colaboren con la resolución de temas necesarios y urgentes. Sin embargo no se limita a éstos, existen otros: los importantes. La reforma constitucional participa de esta modalidad. La importancia está dada en la internacionalización de los derechos humanos (reconocimiento de tribunales supranacionales que dictan sentencias vinculantes para nuestro país, principios y derechos convencionales, nuevos alcances del concepto "soberanía"); en la "constitucionalización" de nuestro derecho civil y comercial; con una profunda transformación de la supremacía constitucional (el derecho penal universal humanitario, denominado "Ius Cogens"; los catorce (14) instrumentos de derechos humanos que el convencional y el legislador federal le ha reconocido la misma jerarquía que la Constitución nacional; el monismo en derechos humanos, etc.); con la llamada "mutación constitucional"; los nuevos principios convencionales (Pro Homine, Pro Actione, Irreversibilidad y progresividad de los DDHH; adecuación normativa, etc.)

John Rawls refiere que el "contrato social" de Jean Jacques Rousseau es una ficción. Era impensable presumir que el amo y el esclavo; el señor feudal y el siervo de la gleba; el propietario y el obrero en el capitalismo, se sentaban en una misma mesa a pautar reglas de convivencia. Lo que los vinculaba, en algunas ocasiones, eran factores de urgencia: contener una invasión, detener una peste o una inundación.

Las urgencias y las necesidades que imponía la convivencia, fueron minando la desconfianza primitiva para construir de a poco un consenso y mucho tiempo después, un contrato constitucional. Acudimos a su formación sin perjuicio de nuestra visión del mundo. Dejamos de lado nuestras diferencias subjetivas de las que somos absolutamente conscientes mortifica al otro (por ejemplo, imponer una determinada religión como obligatoria en una población multicultural) en procura de encontrar un bienestar colectivo, en definitiva, un "consenso superpuesto". De esto se trata cuando hablamos de reformar nuestra Constitución.


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