Opinión

La crisis económica es también ambiental

Miradas. Desde hace décadas, la constante del neoliberalismo fue separar lo ecológico de lo social y lo económico.

Viernes 01 de Noviembre de 2019

Desde los inicios del ambientalismo a fines del siglo XIX, la constante del liberalismo económico fue separar lo ecológico de lo social y lo económico. Fue y es de tal magnitud esta separación que el comercio, la producción y las finanzas pareciera que giran por fuera del planeta Tierra. La percepción divorcia tanto al ambiente de la actividad económica de la humanidad que nos impide ver y sentir que estas dimensiones forman una totalidad ambiental inclusiva.

El neoliberalismo fracasó económicamente pero triunfó culturalmente. Sólo la atomización de lo que razonamos puede generarnos tanta insensibilidad frente a las 6.000 millones de personas con escasos recursos en el mundo, que viven con menos de 2,50 dólares diarios.

Este sistema de pensamientos y de sentidos invade los lugares de trabajo y otros ámbitos sociales, atravesados por la violencia y la envidia de mercado. Se desea el deseo, que es el objeto y no las personas. Lo que sea distinto y busque visiones integradoras va a ser resistido y abolido.

Dividir lo que observamos entre lo económico y lo ambiental es engañarnos. Y también es ser funcional a la alta contaminación de nuestra Casa común, la Tierra.

Tenemos que recrearnos en el ambientalismo inclusivo, que nos plantea que debemos analizar la realidad desde una totalidad ambiental.

Las políticas públicas en general y las económicas en particular impactan en las personas. Estas forman parte de la comunidad biológica de la naturaleza. Por ende, ya no son sólo actos políticos y económicos únicamente, sino también ambientales. Esa es la totalidad.

Fragmentarnos es irresponsabilizarnos. Si el plan económico neoliberal del gobierno actual en Argentina ha producido 35,4 por ciento de pobres es también una lesa ambientalidad, es decir un daño ambiental que nos interpela por la ausencia de solidaridad ecológica.

Estamos tan neoliberalizados mentalmente que en general opinamos que el ambientalismo se reduce solamente a los problemas que puedan tener la fauna y la flora. O bien que los participantes de las actividades ecológicas son personas que han resuelto sus necesidades primarias y tienen una ética y estética innecesarias. Ni hablar que para otros el ambientalismo es el momento "soft" de las noticias de actividades lejanas y a veces promocionadas como excéntricas. Mencionemos también otra percepción muy común entre nosotros: a una obra que genera impacto ambiental negativo se le contrapone como argumento que su no realización va en contra de miles de puestos de trabajo. Se reitera la constante neoliberal: las necesidades sociales por un lado y las ambientales por el otro. Todas las falencias sociales deben ser integradas dentro del ambientalismo inclusivo que abarca las necesidades de todos los habitantes de la Casa común, es decir, de toda la diversidad biológica, lo abiótico y los elementos culturales.

¿Qué es lo positivo de una visión integral de la realidad, a partir del ambientalismo inclusivo? Primero, poder acceder a una observación lo más completa posible de los problemas de la realidad. Segundo, evitar la lesa ambientalidad, es decir el daño ambiental de la irresponsabilidad científica por no realizar estudios complejos con un abordaje multidisciplinario del/los proyectos a realizar. Tercero, lograr que se generen políticas públicas positivas, eficaces, eficientes y prácticas. Cuarto, direccionar las políticas públicas hacia la justicia social y ambiental para toda la comunidad. Quinto, lograr superar la fragmentación individualista de nuestra percepción y poder producir empatía y solidaridad en nuestra sociedad. Sexto, el respeto de toda vida y de todos los habitantes de la Casa común. Séptimo, la visión integral inclusiva de la realidad es la base para constituir un pacto del ambientalismo para desneoliberalizar la cultura y la percepción. Por último, que es lo primero y fundamental, que todas las personas humanas y no humanas puedan vivir mejor.

Vivir mejor, entre otras cuestiones, es conseguir desmercantilizar todo lo que se pueda la vida cotidiana. Porque hace a un sano ambiente inclusivo. En el Agora de los Habitantes de la Tierra desarrollado en Sézano (Verona) en diciembre de 2018, se planteó la necesidad de tener un análisis integral de la realidad. Entre otras cuestiones se expuso la desmercantilización de la vida.

En Rosario se han logrado procesos de desmercantilización: mediante el Derecho de Jarras las personas pueden acceder al derecho humano al agua en situación de paseantes urbanos sin tener que pagar. Es decir, agua potable libre y gratuita en bares, restaurantes, espectáculos públicos y en grandes supermercados superiores a 1.200 metros cuadrados. Un gran paso lograr desmercantilizar lo naturalizado.

Los alimentos fisiológicos básicos (aire, agua, conocimiento, salud, ambiente sano, semilla y comida) deberían ser inalienables y estar fuera de la mercantilización. Porque son derechos sociales, humanos y ambientales. Sería todo un avance para desmontar la cultura neoliberal.

El neoliberalismo, con su impuesta fragmentación mental para toda la sociedad, logra que todos miremos solo la foto de los problemas. La dictadura de la foto. Y los problemas ambientales son un proceso, exceden a una foto. El neoliberalismo cultural tiene una herramienta muy valiosa para que todos nos quedemos quietos mentalmente: el facilismo analítico y la velocidad. Porque para analizar seria y profundamente el proceso de un conflicto se necesita tiempo de reflexión, observación y, fundamentalmente, de pensar distinto, desde lo otro y con una velocidad que no nos atrase. Debemos darnos el tiempo para pensar y para ello se va requerir de la rebeldía frente a lo cotidiano. Es en el detalle de todos los días, donde está lo universal. Debemos recordar que nuestra inteligencia está ahí, escondida esperando ser recuperada.

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