Opinión

La conversación: teorías, análisis y reflexiones sobre el fenómeno GOT

"Game of Thrones" se erigió en un fenómeno cultural planetario que no empieza y termina con la emisión de cada capítulo de la serie sino que se extiende, por obra y gracia de las nuevas tecnologías, mucho más allá.

Viernes 10 de Mayo de 2019

¿Qué tiene de nuevo “Game of Thrones”? Prácticamente nada. ¿Por qué entonces se erigió en un acontecimiento global comparable con la final del Mundial de Fútbol o el Super Bowl? Precisamente por eso, por el tamaño, por la dimensión de fenómeno cultural transversal que cautivó al planeta, desde una punta a la otra del globo terráqueo. ¿Demasiado? Sí, pero real.

El primer capítulo de la temporada final de la serie fue visto por unas 100 millones de personas alrededor del mundo en las primeras 24 horas de su estreno. HBO lo estrenó a la misma hora en todas partes, lo que generó situaciones curiosas: en Estados Unidos, que se emitió en el prime time, lo vieron 17,4 millones de espectadores, récord absoluto para la televisión del "gran país del norte", y en Australia, donde salió al aire a las diez y media de la mañana, 1,3 millón. Números extraordinarios que, sin embargo, son solo eso, números.

Son números que llaman la atención, más en un momento en el que a los medios la pregunta de “¿a dónde se ha ido la audiencia?” les quita el sueño. El programa de Tinelli, el gran show de la televisión argentina, ya no hace las mediciones de audiencia que solía hacer, lo mismo le pasó a Pergolini en la radio y se pasó a Instagram. Les pasa a los unos y a los otros y no les queda otra que tomar pastillas para el insomnio. Mientras tanto, los YouTubers del Club Media Fest reventaron el Metropolitano con chiques frenéticos, gritones, histéricos, como los fans de los Beatles en su primer desembarco en el aeropuerto JFK, en Nueva York.

"Alguien podría decir, con buen tino, que el fenómeno no es distinto al de "Gasoleros" y no se equivocaría, la diferencia es la magnitud"

Ojo, su primera presentación en el famoso programa de televisión de Ed Sullivan fue vista por 73 millones de personas solo en Estados Unidos. Comparen los números. Piensen también que no había streaming -Netflix, quiero decir-, ni cable, tampoco VHS ni televisión satelital, si querías ver a los Beatles tocando “Love me do” tenías que prender el televisor a la hora y en el canal indicado y armate de paciencia, porque si el viento te jugaba una mala pasada y justo en el momento en el que Paul sacudía la melenita y cantaba “love-me-dooo-uuuu-uuuuu” se movía la antena clavada en la terraza y estabas condenado a ver estática y nada más que estática.

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Eso cambió, cambiaron muchas cosas, cambió cómo se consume la televisión y esa es la maravilla de “Game of Thrones”: la conversación. El ida y vuelta que se genera antes, durante y después de cada capítulo de la saga inspirada en una obra literaria que la legión que sigue semana a semana las peripecias de Danearys, Jon Snow, Arya, Samsa, Tyron, Cersei y Jamie Lannister apenas conoce. Aman y odian a los personajes que creó George R.R. Martin sin que se les cruce por la cabeza hundir la nariz en alguna de sus novelas de miles de páginas y aventuras inquietantes. Como los fans de “Sinceramente”, que compraron el libro, aplauden a Cristina y con suerte lo “solapearon” o leyeron el resumen que publicaron los diarios. Nada más.

La serie está realizada con esmero y presupuestos excesivamente generosos para las magras arcas de la televisión de hoy. Se lo ganó gracias al éxito de sus ocho temporadas y, también, aunque usted no lo crea, a la conversación. Sí, a ese tsunami de comentarios, teorías, especulaciones, memes, videos, podcasts que arrasan la web cada domingo a la noche y que hacen que las redes sociales -Twitter, sobre todo- y YouTube y Facebook y, cómo no, Instagram extiendan el entretenimiento que propone HBO a límites inimaginables.

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Es tan fascinante ver la hora y pico que dura cada capítulo, tanto como las repercusiones que generan. Hay foros de discusión sobre lo que pasa en la serie, hay todo tipo, y en todos los idiomas, de reflexiones, misceláneas, análisis que hacen que la experiencia GOT no se termine con los títulos finales de la serie ni con el trailer que adelanta lo que sucederá en el próximo capítulo. Es un fenómeno que asombra porque se trata de una fantasía medieval, un género que difícilmente alguien hubiera imaginado a priori pudiera atrapar a los viejos tanto como a los jóvenes. Y lo hizo, con una receta no muy distinta a otros éxitos televisivos -es un pastiche que mezcla las leyendas de caballeros con el horror zombie-, y provocando una intensa, genuina e incesante conversación.

Alguien podría decir, con buen tino, que el fenómeno no es distinto al de “Gasoleros”, la telenovela de Pol-ka que durante meses tuvo en vilo a la Argentina con el esquivo romance de Roxy y Héctor. No se hablaba de otra cosa en la verdulería, en el bar, en la oficina, todos se preguntaban si la Roxy de Mercedes Morán le iba o no dar bola al colectivero entrador y chamuyero que encarnaba Juan Leyrado. Y sí, el fenómeno es similar, la conversación sobre “Gasoleros” no es distinta a la de “Game of Thrones”, la diferencia es la escala y la instantaneidad, ese legado fulminante que nos dejó la segunda pantalla.

Nadie deja para mañana lo que puede hacer hoy. No hace falta. Si querés comentar con tus amigos lo que ves en la pantalla del televisor, o de la compu, no tenés que esperar a verlo, a cruzarlo en la verdulería, en el bar, en la oficina, hoy basta con un mensajito en escrito a dos pulgares en la pantalla del celular para compartir el pensamiento, la reflexión, la ocurrencia que, ese mismo momento, te dispara “Game of Thrones”. Y lo compartís con Hope, que vive en Denver y se hizo el peinado de la Reina de los Dragones o con Gaby, que se come las uñas en Barcelona para saber qué va a pasar con Bran o con Mariela que ni piensa asomar la nariz a calle en Lyon hasta que se sepa quién se va a sentar en el Trono de Hierro .

Y lo hacés en ese momento, en tiempo real, ya, ahora mismo, sin demora, como nos gusta a los millenials.

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