Día de la Bandera

La bandera no se mancha

Claves. La ausencia del presidente en Rosario evitó que se tensionara el clima en la ciudad por las cuestiones de seguridad y avivó las desconfianzas entre los gobiernos. Novedades políticas.

Jueves 21 de Junio de 2018

Como tantas veces desde 1983 hasta hoy, el acto central por el Día de la Bandera quedó secundarizado por los vaivenes políticos. Aunque todos los funcionarios, siempre, quieran vocear que lo más importante es la "enseña que Belgrano nos legó". Una fruslería.

El contexto político, social y económico que vive el país influyó directamente en la decisión presidencial de ausentarse de Rosario. Incluso, a Mauricio Macri tampoco se lo había visto cómodo hace un año, pese a que el estado del país estaba mejor. Aquella vez fue una mañana de caras largas y narices frías, con rostros adustos de presidente, el gobernador Miguel Lifschitz y la intendenta Mónica Fein.

"El diáfano día a sol abierto, temprano por la mañana, no pudo ser disfrutado por el rosarino medio por motivos que tienen su explicación: el temor a los escraches a Mauricio Macri y la incomodidad que le genera estar un par de horas en la ciudad, justo el día más importante de la rosarinidad, si es que eso existe. Durante años la queja era que el kirchnerismo se apropiaba de una efeméride que le correspondía a la historia no al Nunca Menos. Ahora, ni siquiera hay apropiación de nada: desapareció el desfile, todo es gélido, puro protocolo", se escribió aquella vez. Hoy, esa interpretación cobra más vigencia que nunca.

Al fin, al margen de los cruces por una palabra de más entre Lifschitz y Rogelio Frigerio, el faltazo de Macri tampoco le vino del todo mal al gobierno provincial De hecho, el gobernador le dijo al ministro del Interior el martes al mediodía que no se iba a tratar del primero que falte a la cita. La ausencia del presidente —y de toda autoridad del gobierno nacional— le permitió a Lifschitz compartir con la gente la jornada en la zona del Monumento.

La instantánea que tendrían que soportar los rosarinos, de una ciudad vallada por un par de horas por los temores a escraches e incidentes tampoco le valía de nada al jefe del Estado. Es lo que dijeron el gobernador y Frigerio al unisono: "Ambos decidimos privilegiar el festejo de vecinos al acto político".


Esta nueva situación de coyuntura pone en primer plano también una relación plagada de desconfianzas entre el gobierno nacional y provincial. De hecho, Lifschitz hace mucho que no se ve cara a cara con Macri.

Voceros del gobierno nacional admiten que la relación entre ambos tiene interferencias, al punto que no fue invitado a conversar sobre la situación actual tras el acuerdo con el FMI. Es, hasta acá, Frigerio el que luce como intermediario y gestor para que las cosas no pasen a mayores.

El tema a acordar entre Nación y provincia es el de la deuda por la coparticipación, que tiene ya un mandato vencido. En ese sentido, Lifschitz cree que se puede llegar a buen puerto, pero que la clave pasa por el valor de los bonos.

"Insistimos con la necesidad de contar con algún mecanismo de actualización de los bonos para evitar que se devalúen con el paso del tiempo y con los índices inflacionarios que, estimamos, se van a mantener durante unos años más allá de lo que estime el gobierno", es lo que sostiene el gobernador por estos días.

Todas las marchas y contramarchas alrededor del acto por el Día de la Bandera, eclipsó las repercusiones por una columna publicada el domingo pasado en La Capital, respecto al futuro político de Lifschitz y del socialismo, titulada: "¿Y si Lifschitz rompe con el partido?". La nota generó todo tipo de especulaciones adentro del socialismo, hasta que el propio gobernador tomó posición. "Lo que más me molesta en política son los traidores y los panqueques", dijo.

Lifschitz no cede en su intento de ir por la reforma constitucional —reelección incluida—, al punto que ingresó a la Cámara de Senadores un proyecto de modificación de la carta magna, en paralelo a la que ya tiene discusión en comisión en Diputados.

El jefe de la Casa Gris quiere poner a prueba a los senadores peronistas que en su momento le dieron aval a la posibilidad de la reforma constitucional. Esos legisladores que luego supeditaron la decisión a lo que resuelva el congreso del PJ, ámbito al que nunca se convocó.

La otras dos novedades políticas de la semana vinieron desde el lado de Cambiemos. Quedó confirmado que Luciano Laspina decidió no presentarse como candidato a gobernador, con lo que el PRO tendrá que definir quién o quiénes serán sus caras visibles en el intento de ir por la Gobernación.

Y, como cada vez que incursiona por Santa Fe, la que movió el avispero de la interna macrista-radical fue Elisa Carrió. "Nuestro candidato era Laspina, pero lamentablemente acaba de decir que no, por falta de acompañamiento y por problemas familiares. Así que vamos a acompañar a (Mario) Barletta. Está haciendo una buena gestión en la embajada y es un hombre que sabe de pymes y tecnología", sorprendió Lilita, quien tiene un vínculo parental con el ex intendente.

Pero Carrió fue más allá, cuando le preguntaron por José Corral, hasta aquí el preferido del jefe de Gabinete, Marcos Peña. "Yo no lo apoyo. Si perdemos (la interna) no importa, pero con algunos no vamos, bajo ninguna circunstancia". Mucho tendrán que trabajar desde el laboratorio político de Olivos para bajar las pulsaciones y lograr un remanso interno camino al 2019.

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