POLICIALES

La anarquía se instaló en las bandas, ganó las calles y tiñe el ritmo de una protesta

Una ciudad vacía, la ausencia de patrulleros y una guerra sin final entre personajes residuales de bandas criminales siembran las calles de muertos

Domingo 13 de Septiembre de 2020

Desde el 1º de enero y hasta anoche, en el departamento Rosario se registraron 140 homicidios. Es decir 25 más que a esta fecha de 2019. Y ese número, aunque asuste, es casi milagroso teniendo en cuenta las balaceras que se registran a diario contra viviendas en distintos barrios dejando un tendal de heridos. No es una cifra fría. Atrás de cada número hay nombres, apellidos, historias y familias destruidas. Pero hay algo que parece unir la feroz saga criminal: un clima de anarquía parece abrazar a la “Chicago argentina”.

Una vez más Rosario ve trepar la cifra de crímenes como en los peores años de la última década. Un alto número de casos están vinculados a las disputas territoriales por el narcomenudeo, lo que incluye cruce de balas rivales a cualquier hora y en cualquier lugar, ataques contra casas para ser usurpadas y utilizadas como puntos de venta de drogas, venganzas por viejas disputas entre otros motivos. Y todo parece suceder de una forma anárquica.

Hace unos años se sostiene que las grandes bandas que manejaban el negocio narcocriminal en la ciudad fueron desbaratadas y sus líderes están presos o muertos. Entonces, quienes ocupaban las segundas y terceras líneas de esas organizaciones no quieren perder el terreno ganado, pero lo hacen sin una conducción clara, sin órdenes concretas ni jefes que manden. En síntesis, hacen lo que quieren, o lo que pueden, a cualquier costo.

Para eso aprovechan las calles desoladas y vacías por el avance del coronavirus, lo que hace de algunos barrios terreno fértil para hacer sin ser vistos. Pero también gozan de la ausencia de patrullajes en una ciudad en la cual ver un móvil con sus balizas azules parece un juego de la búsqueda del tesoro porque parte de la flota está fuera de servicio. Y cuando aparecen, lo hacen por decenas cuando el crimen ya ocurrió.

Quizás en ello también haya cierto margen de anarquía, más allá de la ambiciosa reforma policial enunciada por el ministro de Seguridad y cuya implementación no solo deberá ser aprobada por la Legislatura sino que demandará al menos un par de años, aunque se hayan anunciado mejoras salariales y laborales para aplacar la también anárquica protesta que un grupo de policías retirados y familiares de efectivos en actividad realizan desde el miércoles en la puerta de Jefatura. O de la puesta en marcha de nuevos operativos de prevención e interceptación de delitos anunciada por el subsecretario de Formación y Capacitación del Ministerio de Seguridad, Andrés Rolandelli, quien sostuvo que “no necesariamente una mayor presencia policial implica mayor seguridad si no hay un fundamento de inteligencia previa que permita distribuir los patrullajes con un criterio cualitativo y no cuantitativo”. Mientras tanto los muertos se suman.

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