Miércoles 18 de Mayo de 2022
Julio César Saldaña es el primer daño colateral de una forma de hacer política. Newell’s tiene una conducción verticalista y pendular. Y esa característica fue minando la estabilidad del mánager, quien nunca dispuso del poder suficiente para ejercer su cargo, porque a su tarea desde la gestión presidencial la fueron repartiendo con otros intérpretes, además de ciertos comentarios inoportunos que fueron esmerilando la figura del responsable futbolístico.
La gestión de Ignacio Astore fragmentó el área futbolística al establecer diferentes vías de consultas y negociaciones más allá de Saldaña, porque si bien irrumpe Adrián Lanzoni a manera de asesor presidencial, también el presidente activó a representantes y empresarios futbolísticos en la búsqueda de refuerzos como así eventuales clubes interesados en jugadores de Newell’s a transferir.
Hoy varios de ellos dan cuenta de la confusión que se generó en torno a esta manera de gestionar, y que no sólo se produjo en el fútbol, también en otros aspectos, ya que el inicial discurso de construcción colectiva mutó por un método que fue excluyendo a los convocados originalmente.
La duda y la desconfianza pueden ser herramientas para construir certidumbre, pero nunca pueden convertirse en un sistema, salvo que se trate de un esquema atravesado por el autoritarismo.
En este contexto, Saldaña se fue decepcionado. No sólo porque su espacio terminó acotado, sino también porque ni siquiera su cargo fue formalizado contractualmente como correspondía. Y se despidió con la lealtad que lo caracterizó desde que el actual gobierno se postuló, porque ni siquiera contradijo el argumento que el club usó para anunciar su salida: “Motivos personales”.