Donald Trump

Infalibilidad "trumpiana"

La semana pasada John Kelly, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, trató de defender al presidente Donald Trump

Sábado 04 de Noviembre de 2017

La semana pasada John Kelly, el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, trató de defender al presidente Donald Trump después de que lo acusaran de mostrarse sumamente insensible con la viuda de un soldado estadounidense muerto en combate. En el proceso, Kelly acusó a Frederica Wilson —miembro del congreso y amiga de la familia del soldado, quien divulgó lo que Trump había dicho— de haberse comportado mal anteriormente durante la inauguración de un edificio del FBI.

Sin embargo, el video de la inauguración muestra que el reclamo de Kelly era falso, y que los comentarios de Wilson en la ceremonia fueron totalmente adecuados. Así que Kelly, un ex general y hombre de honor, admitió su error y se disculpó encarecidamente. ¿Vieron? ¡Era una broma!

En realidad, claro está, Kelly ni admitió su error ni se disculpó. En cambio, la Casa Blanca declaró que era una falta de patriotismo criticar a generales; esto, además de ser una postura bastante antiestadounidense, resulta absurdo debido a la cantidad de veces en las que Donald Trump ha hecho justamente eso.

Sin embargo, vivimos en la era de la infalibilidad trumpiana: nos gobiernan hombres que nunca admiten un error, nunca se disculpan y, lo más importante, nunca aprenden de sus errores. Evidentemente, los hombres que piensan que admitir un error los hace ver débiles siguen cometiendo errores cada vez más grandes; los delirios de infalibilidad acaban por llevarlos al desastre, y solo podemos esperar que los desastres que vienen no supongan una catástrofe para todos nosotros.

Repito, todos cometemos errores en las predicciones. Si nos equivocamos una y otra vez, eso ciertamente tendría que afectar nuestra credibilidad, pues el historial cuenta. Sin embargo, es todavía peor si no somos capaces de admitir los errores pasados y aprender de ellos.

Ahora bien, todo economista hace malas predicciones de vez en cuando; en caso contrario, no está tomando suficientes riesgos. En lo que a mí respecta, he cometido los míos incluyendo un mal cálculo de mercado en la noche de las elecciones, del que me retracté tres días después, reconociendo que mi consternación política había nublado mi juicio analítico. Sin embargo, siempre trato de enfrentar mis errores y aprender de ellos. Supongo que soy chapado a la antigua. ¿Y qué pasa con los economistas que nunca admiten sus errores y nunca cambian de opinión en virtud de la experiencia? La respuesta, aparentemente, es que se les pone en la lista de los futuros directores de la Reserva Federal de los Estados Unidos.

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