Opinión

Ilusiones, desilusiones y desafíos

El banderazo. El festejo de los alumnos que terminaron cuarto año del secundario generó una vez más un intenso debate. Cómo construir cuidadanía desde un hecho social que concita tantas opiniones a favor como cuestionamientos.

Viernes 24 de Noviembre de 2017

El jueves a las 22, comenzó una movilización de estudiantes para festejar que terminan su cuarto año del curso secundario. Este festejo que se prolongó por aproximadamente 20 horas con secuestro de cientos de litros de alcohol y 1.700 artículos de pirotécnica conforme las informaciones recogidas por este diario.

Como todo acontecimiento social que tiene su origen en el ámbito educativo, no puede dejar de suscitar la reflexión de quienes trabajamos por un compromiso con la educación en la profunda certeza que ésta es la gran esperanza para los argentinos todos.

Deseo comenzar haciendo un análisis de la realidad desde lo que ilusiona y lo que desilusiona de la misma, para luego hacer un aporte en orden a cómo construir ciudadanía desde un hecho social sobre el que se debe operar para que sea siempre causa de alegría y celebración.

Las ilusiones. Surgen las ilusiones cuando:

—Vemos que a la juventud le gusta celebrar sus logros positivos.

—Se advierte sentido de solidaridad creativa para buscar un lugar de reunión, generalmente una familia generosa que ofrece su casa. La amistad que existe en el curso de sus hijas e hijos se acrecienta para ayudarles a gustar la alegría de vivir unidos y en comunión y perdurar en el tiempo.

—Vemos que esa alegría se expresa de manera festiva, en la que se implica el cuerpo que se manifiesta expansivo, que baila, que ríe, que muestra la vitalidad propia de la juventud y que siente en esa expresión su fortaleza, su energía, su impulso de crecer.

—Hay una pluralidad de colegios en el festejo en el que miles de jóvenes pueden reunirse y divertirse, contentos de tener el privilegio de realizar un proyecto que los pone a las puertas de un mejor porvenir.

—La sociedad quiere y necesita pensar que estos jóvenes tienen la posibilidad de ser la semilla que pueda dar fruto en la construcción de una realidad social y política más favorable que la actual.

—Mermaron los daños y conductas violentas contra otros colegios.

Las desilusiones. Surgen las desilusiones cuando:

—Hay jóvenes que no pueden celebrar con sana alegría sus logros, sino que necesitan "suplementos" como el alcohol, las sustancias tóxicas, los ruidos e explosivos. -

—Verlos indiferentes al impacto de su acción al no pensar en los otros que no forman parte de su "fiesta".

—Los chicos y chicas intoxicados que sólo pueden pensar en ellos y sus intereses, sin poder pensar en nada más que el "ahora".

—Algunos de los padres "primeros educadores" se transforman en cómplices complacientes, silenciosos o miedosos que hacen "la vista gorda" a los excesos de sus hijos, estimulando malos hábitos.

—Se ve que, por el modo de actuar hay adolescentes que actúan como "huérfanos funcionales" es decir con "no padres" que no están o no saben lo que les pasa a sus hijos, no quieren ver o no desean asumir la maravillosa y difícil misión de acompañar, el avance de ellos en la vida. -

—La alegría se desfigura con la agresión al propio cuerpo de los jóvenes que debilitan su salud y su vitalidad sacándoles, o mejor dicho robándoles la posibilidad de disfrutar conscientes y despejados de nubes alienantes su mirada del hermoso momento que tienen el privilegio de vivir.

—Cuando esos miles de jóvenes que festejan se olvidan de los otros que sufren y se perjudican por su festejo (los inconscientes que tiraban bombas frente a la Maternidad Martín, geriátricos, miles de hogares de trabajadores) y por eso, actúan egoístas, olvidándose que ellos son privilegiados porque esa sociedad los contiene y les da una posibilidad de la que están privados otros jóvenes de su edad a los que la vida, la realidad social, política, económica, cultural y familiar les impide vivir.

—Un conjunto de inescrupulosos mercaderes que, con nefasta impunidad y sin riesgo para su mercadeo espurio, llenan sus bolsillos vendiéndoles alcohol, pirotecnia o espejitos de colores, porque necesitan esclavos consumidores de su ambición grotesca por tener.

—Cuando se ve que estos fenómenos sociales crecen desprovistos de valores nobles que ayuden a una convivencia menos herida de excesos y transgresiones. Y qué sino se previene, un día, puede pasar algo no deseado.

En un brillante fallo dictado por la jueza de Menores Gabriela Sanso en el año 2016, la misma expresa: "… se evidencia que los desbordes de los festejos no son producto de la inconducta de todos los adolescentes, sino de alguno de ellos. Pero está claro que, en cierto modo, el contexto festivo tal como se viene dando, de alguna manera viabiliza esas manifestaciones violentas. Al darse en un marco masivo, sin control adulto, en la vía pública, afecta y pone en riesgo a todos los adolescentes involucrados y a la comunidad en general". Esto, sin dudas, desilusiona.

Los desafíos

—El primero de todos, decirnos la verdad. El desafío más fuerte es poder preguntarnos todos los actores sociales que directamente o indirectamente participamos de esta realidad que preocupa es: ¿cómo abrir el espacio para la verdad, de forma que no la ahogue el poder de la mentira? Parece algo sencillo, pero si tenemos en cuenta que vivimos en un momento de la historia donde va cobrando relevancia el fenómeno de la "posverdad" la cuestión se complejiza.

En la época de la posverdad estos hechos innegables tienen menos peso sobre la opinión pública que los sentimientos y creencias personales . Así las cosas, lo "malo es bueno" para la posverdad porque al privar los sentimientos y creencias personales sobre los hechos objetivamente malos, se argumentan dislates tales como: "en el último año los excesos son buenos", "son chicos y tienen derecho a disfrutar".

Esta postura relativista nos pone cerca del indiferentismo moral, y la irresponsabilidad que cierra el paso a la verdad. Sin verdad no se puede crecer ni como persona ni como sociedad.

El segundo desafío, la concertación de los que conforman estos nuevos escenarios para:

1) Privilegiar lo que es bueno e ilusiona y acordarlo, poniéndole forma de "pacto o acuerdo social", dándole el marco legal correspondiente. Para ello: Poner obstáculos concretos y sanciones a: los que promocionan lo que es inconveniente y peligroso; a los que proponen y generan riesgos para la vida de los jóvenes y para terceros; a todo lo que conmociona la sana convivencia y obstaculiza la posibilidad del encuentro y la paz social.

2) En este diálogo deben participar y aportar quienes pueden regular este tema desde el principio de legalidad:

a) La sociedad y sus representantes políticos; b) Las familias en diálogo con sus instituciones. c) La escuela.

Y así abrir un espacio para escucharnos y acordar la construcción del festejo, potenciando lo bueno y lo que merece el reproche social y de las autoridades. -

El tercer desafío: cumplir con el compromiso. Entender que los acuerdos se cumplen. Que no son "plastilina" para que cada uno le ponga la forma que quiera y que el que incumple debe aceptar las consecuencias.

Anticiparnos a que las ausencias de acciones concretas nos pongan en el camino de la amargura por no ser previsores, y gestores de la paz en nuestra sociedad.

Concluyo con las palabras del Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si: "Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales. En ese sentido, la ecología social es necesariamente institucional, y alcanza progresivamente las distintas dimensiones que van desde el grupo social primario, la familia, pasando por la comunidad local y la nación, hasta la vida internacional. Dentro de cada uno de los niveles sociales y entre ellos, se desarrollan las instituciones que regulan las relaciones humanas. Todo lo que las dañe entraña efectos nocivos, como la perdida de la libertad, la injusticia y la violencia". (LS n°142). —

Manos a la obra para que crezca la ilusión y el compromiso de todos por crecer en más humanidad.

Héctor Gustavo Dimónaco

Abogado

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