Enfoque

Hileras que definen y marcan límites

Durante la pandemia hay pocas cosas más recurrentes que estar en fila. Pero no todas son iguales

Domingo 11 de Abril de 2021

Barbijo obligatorio, distancia mínima de dos metros entre personas y mucha paciencia. En pandemia, hay hileras por todos lados y todas –a primera vista– se parecen. Al acercarse, sin embargo, queda claro que se trata de hileras muy diferentes. Hay hileras que definen y marcan límites.

Falabella: largas colas al rayo del sol para aprovechar las ofertas por cierre, titulamos en los días posteriores a conocerse la decisión de la empresa de capitales chilenos de abandonar el emblemático local de Sarmiento y Córdoba.

Después de contar sobre los 110 empleados despedidos, evocar la historia previa de La Favorita y hablar del duro golpe que implica para la economía local (y en particular para el centro de la ciudad), las crónicas del diario se orientaron a detallar cómo muchos rosarinos aprovechaban la oportunidad para comprar. Tantos, pero tantos rosarinos que la tímida hilera de clientes que habitualmente ocupaba unos metros de la peatonal se convirtió esta semana en una cola de varias cuadras.

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Triste el artículo que llegó el viernes: “Desaforados por conseguir ofertas en Falabella, tiran mercadería al piso y dejan la tienda hecha un desastre ”. Ajenos al drama de los trabajadores -y desconociendo los buenos modales- muchos clientes desesperados por obtener “el mejor precio” generaron caos en la tienda y esto derivó en que el angustiado staff de la empresa, que carga con la horrible certeza de saber que pronto engrosará el ya abultado porcentaje de desocupados, debiera estirar su horario para acomodar el desastre. Cero solidaridad, cero empatía.

También hacia el fin de semana, otra hilera fue noticia. “Crece la demanda por hisopados gratuitos en el camión sanitario itinerante ”, titulamos. En la foto podía observarse la larga cola de gente esperando hisoparse en Oroño y el río.

Según confiaron las autoridades sanitarias y representantes del sector privado de salud, muchos rosarinos se fueron de viaje en el fin de semana largo de Pascua y volvieron contagiados. La demanda de hisopados se incrementó notoriamente y también el índice de positividad.

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A la espera de un hisopado, la fila suele extenderse por la vereda de la avenida de la Costa hasta la altura de bulevar Oroño.

A la espera de un hisopado, la fila suele extenderse por la vereda de la avenida de la Costa hasta la altura de bulevar Oroño.

Hace semanas que se venía advirtiendo sobre lo que hoy ya es una realidad: la llegada de la segunda ola. Lo que más preocupa, tal como quedó en evidencia luego de las nuevas medidas restrictivas anunciadas por el presidente, es cómo frenar la curva. Viajar a lugares repletos de gente donde difícilmente se cumplen protocolos claramente no ayuda. Y si bien la actividad escolar no es señalada como foco de contagios, tampoco ayuda el contraste entre las hileras bien organizadas de los nenes para entrar o salir de los colegios mientras los adultos que los llevan o los traen circulan frenéticamente sin ningún tipo de cuidado.

Este sábado, las fotos que registraron los reporteros gráficos del diario muestran otras "hileras". Una es de autos, otra de gente caminando. Una movilización de vecinos en Fisherton. La nota: “Fuerte marcha a favor del joven que mató a los ladrones que le robaron”.

Los reclamos de seguridad en los diferentes barrios de Rosario -y también en el centro- son moneda común en los últimos tiempos, pero el de este sábado fue más allá. Ante las cámaras, los manifestantes aseguraron que el vecino que persiguió y atropelló a dos jóvenes solo quiso defenderse y no matarlos, por lo que debería ser liberado. Repiten lo inseguros que se sienten en el barrio, que se repiten los robos y situaciones violentas.

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Entre el homicidio simple y la legítima defensa, un debate tras el doble homicidio de Fisherton ”, fue el título de otra nota que publicamos. Este doble homicidio actualiza el eterno debate sobre la justicia por mano propia. Como sucede cada vez que linchan a un presunto delincuente, como los escraches espontáneos a presuntos responsables de actividades ilícitas. Si no confiamos en la Justicia, ¿qué nos queda?

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