Opinión

Hay que pasar la primavera

Claves. El aval al presupuesto y la contención social, claves para la gobernabilidad.

Jueves 20 de Septiembre de 2018

"El tiempo vuelve a pasar, pero no hay primavera en Anhedonia", canta Charly García. Y calza como un guante en el aquí y ahora de la política argentina, producto de la gris economía.


Para el gobierno nacional la consigna más movilizadora es: "Hay que pasar la primavera". Primavera que, en términos de indicadores de bolsillo, viene malherida para la gente. El macrismo tiene dos objetivos de máxima y mínima que cumplir. Primero, contener y dar curso a los reclamos de los sectores más postergados, esos que sufren más que nadie la caída estrepitosa de la microeconomía.

Hoy, existe en ese vector una respuesta oficial que intenta llevar calma. La asistencia social, dicen los que saben en esa materia, no ha escaseado. Por medio del ministerio que conduce Carolina Stanley, el gobierno intenta no dejar sin respuesta a los sectores que dependen de un plan social o de la ayuda estatal en materia de asistencialismo. Sobre todo —o casi exclusivamente— en el conurbano bonaerense.

A la par de la contención social, la otra necesidad urgente que tiene el gobierno es lograr un acuerdo político con la oposición, que le permita maniobrar manteniendo la gobernabilidad.

Peronismo dudoso

El presupuesto tiene ese valor de gobernabilidad para la Casa Rosada, y llena de dudas al peronismo representado por los gobernadores, los diputados y los senadores. ¿Cómo aprobarle el presupuesto a Macri sin quedar pegados al ajuste contundente que se expresa en la madre de todas las leyes?

Para el gobierno es clave pasar la primavera, dejar que el acostumbramiento por una economía en gris no derive en estallidos y esperar el verano con un cambio de estado de ánimo en las clases medias. Aunque haya menos posibilidades de veranear en el exterior, vacaciones son vacaciones.

En ese sentido, el fantasma de diciembre se columpiará como cada mes que ese icónico mes se acerca. Las organizaciones sociales presionarán cada vez más y el gobierno tendrá la obligación de romper todos los chanchitos. Por primera vez en mucho tiempo, se ingresará a un año electoral con recesión e inflación. Una mezcla poco seductora.

Para Mauricio Macri el futuro inmediato se limita a llegar a marzo con gobernabilidad. Superado el estupor, se advierte con claridad que el presidente ya no se jacta de ser el director técnico del mejor equipo de los últimos 50 años, ni de prometer lluvias de inversiones, segundos semestres y brotes verdes. Ahora, la consigna de Jaime Durán Barba respecto del jefe del Estado es haberse convertido "en un piloto de tormentas". Vaya cambio de paradigma y de objetivos.

No es naif la nueva táctica comunicacional del gobierno. A falta de grandes logros y de promesas incumplidas, el leit motiv de cara a las elecciones será ese: haber domado la crisis. Siempre y cuando se pueda domar a tigres bravíos, como el dólar, la recesión y la inflación. Esos sí que no son tres tristes tigres, como en el trabalenguas.

Vaya dilema, entonces, para los peronistas. Si Cambiemos logra la aprobación del presupuesto, en el marco de una economía en crisis pero con cierta estabilidad a futuro, Macri podrá gritar ese aval legislativo como un gol a Brasil. Para todo lo demás está Cristina Kirchner, quien recorre los Tribunales de Comodoro Py y debe permanecer a la defensiva frente a la impresionante andanada judicial y mediática que intenta acorralarla.

Desde el banquillo

En el 2019, la ex presidenta va a tener que afrontar tres juicios orales. Podría decirse que va a componer su campaña electoral desde el banquillo. Salvo que, antes de esa instancia, haga un renunciamiento histórico en favor de una supuesta unidad peronista.

Debe decirse: Miguel Pichetto, Juan Urtubey el cordobés Juan Schiaretti prefieren cuatro años más de Macri, antes que el regreso de CFK.

"Esos saben que si Cristina vuelve a ser presidenta, los pasa a degüello", opinó, el domingo pasado el politólogo Andrés Malamud, en una entrevista con La Capital, que tuvo amplia repercusión en los ámbitos de la política nacional.

Y dijo algo más Malamud: "No hay hoy un peronista con chances, y eso es bueno para ellos: nunca los vemos venir. Hasta 1988 era Cafiero, hasta 2001 era Reutemann. Kirchner fue el descarte. Massa y Urtubey tendrían serias dificultades". Hay una obra que está esperando al actor. Nadie sabe si esa conjunción se dará ahoraEs más, nadie sabe si, finalmente, el peronismo supuestamente racional podrá convertirse en alternativa. Hoy, la única que talla competitivamente es Cristina. Pero, a la vez, es a la única que Macri le ganaría en un ballottage.

Empieza la primavera sin un sólo brote verde. Parece un oxímoron.


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