Jueves 30 de Mayo de 2019

Pasa tan desapercibida en el día a día la campaña santafesina, que parece no haber campaña. Los vaivenes nacionales, camino al cierre de listas, empalman con el proselitismo local y no hay deseo de generar adrenalina por las dos cosas. En el mientras tanto, el paro de ayer tuvo una alta adhesión, pero no cambiará el curso de las cosas. Hasta el paro que viene.

“Si la economía estuviese bien ganaríamos en la primera vuelta con el 60% de los votos. El gobierno hizo mucho, hizo caminos, obras gigantescas, pero falló en la economía. Pensé que caminaría bien”, resaltó Jaime Durán Barba, el subjefe comunicacional del gobierno. El jefe es Marcos Peña. Pasaron cosas, habría que decirle al ecuatoriano.

Pese a que Mauricio Macri tiene que remar desde el fondo de la tabla, nada está dicho respecto de la definición electoral. Sí hay una realidad incontrastable: en la foto de hoy, Cambiemos pierde en todos los escenarios.

Sin embargo, los movimientos de la oposición parecen ir dándole algo de luz al oficialismo. La increíble situación que se vivió alrededor de Roberto Lavagna y del progresismo, a quienes el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, pareció querer expulsar del espacio con la propuesta de sumar a Daniel Scioli, y la confirmación de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner, podría dividir al espacio panperonista en tres porciones. Macri debería restregarse las manos.

Pero para poder mirar el futuro con optimismo, la economía debería aplanarse respecto a algunas variables. La contundencia del paro de la CGT demostró que existe en la sociedad masa crítica para este tipo de reclamos. A diferencia de otras medidas de fuerza, nadie —salvo en el oficialismo— salió a criticar la modalidad ni a sostener que el paro “es político”.

El paro fue trascendente y logró hacer converger a los gremios duros y dialoguistas con los del transporte y los movimientos sociales. Cuando se logra esa amalgama, el país se paraliza. Y, ayer, se paralizó.

Una primera fecha clave para dilucidar el futuro electoral de la Argentina operará el 12 de junio. Ese día cierra el plazo para inscribir las alianzas, y ningún gobernador ni intendente pondrá su firma en un papel sin saber quiénes son las referencias.

Hoy, la fórmula Fernández-Cristina está a la cabeza de todas las encuestas. La dispersión del PJ y la caída significativa de Macri como candidato hace creer a no pocos dirigentes kirchneristas que pueden obtener un triunfo en primera vuelta. La escalada de triunfos peronistas en las provincias inclina la cancha, crea sensación de triunfo y le da certidumbre a la ola. “Cuando viene la ola, agachate o subite. Si te quedás parado, te lleva puesto”, es una frase que se escucha siempre en la política.

En la semana que termina, Macri reunió a los ministros y pegó un golpe en la mesa, desmintiendo cualquier posibilidad de cambio de fórmula. “El candidato voy a ser yo, y voy a ganar”, dijo el presidente de la Nación. En los alrededores de Cambiemos no hay seguridad de que ninguna de las dos cosas se produzca.

La UCR no se va

La Unión Cívica Radical hizo un gambito en la convención partidaria para mantenerse adentro de Cambiemos, pero exigiendo ampliar el espacio. Habrá que ver si el dueto Macri-Peña esta vez se abre a hacer lo que nunca hizo: expandir la fórmula, con un radical detrás del candidato a presidente de la Nación. Eso, sin embargo, es mucho menos que lo que pretenden los radicales que tienen futuro político. Y convicciones.

“En la convención había clima de muerte política de Cambiemos, hasta de los que se abrazan a Macri porque saben que dependen de eso para poder tener los bolsillos en calma. Pero así como está, no va más. Hay que abrir, darle lugar a los Monzó, a algunos peronistas, a gente de la sociedad civil que ponga un toque de realismo a una derecha cultural que no puede dar respuestas”, le dijo a La Capital un convencional radical santafesino que trajinó históricamente por todas las alianzas partidarias.

La esperanza blanca que representaba Lavagna está a punto de esfumarse. Habrá que esperar para saber si Sergio Massa se queda regulando en Alternativa Federal junto al salteño Juan Urtubey, o si responde a las invitaciones que le hacen desde el kirchnerismo para volver al pago.

Por lo pronto, en la estratégica provincia de Buenos Aires, Cristina decidió una fórmula muy competitiva con arraigo territorial en el conurbano y con aire renovado que le proporciona Axel Kicillof, de buena llegada entre los jóvenes. Esta vez no hay un piantavotos, como si lo hubo en 2015. Aquella vez, la derrota de Aníbal Fernández le abrió las puertas a Cambiemos.

El escenario nacional comienza a ejercer algún grado de influencia en Santa Fe. El desmoronamiento de Alternativa Federal complica la salida nacional que había pensado Miguel Lifschitz, aunque no son pocos los socialistas que respiran aliviados. “Ibamos a quedar atrapados en una interna peronista que nos hubiera complicado el mensaje final en la provincia, que es «ellos o nosotros»”, confió un legislador cercano a Bonfatti.

Hasta ahora, Perotti no mostró preferencias entre Fernández-Cristina o el espacio federal. Tampoco las va a mostrar antes de las elecciones. El rafaelino intentará mantener un discurso provincialista, aunque desde el socialismo le recordarán su alianza con el kirchnerismo.

José Corral no cambió su metodología, pese a que no funcionó bien en ese enclave la decisión de convocar a la provincia a funcionarios y referentes nacionales. Ahora vuelve a bajar a la provincia Elisa Carrió. Con toda la catilinaria habitual, y las agresiones a los que no están en su misma sintonía.

Esto recién empieza. Aunque haya transcurrido bastante tiempo desde las primarias.

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