Opinión

Hansel, Gretel y Macri

20 de Junio. Ideología y simbolismo en el acto del presidente en Rosario. La escuela pública y las infancias que no son escuchadas.

Viernes 28 de Junio de 2019

Hace exactamente tres años atrás, la periodista Marcela Isaías me consultó si podía escribir una breve reflexión con motivo al acto de conmemoración del Día de la Bandera que había tenido lugar en el Monumento con nuestro presidente. En aquella instancia, Macri había comenzado a "arengar" a niños y niñas para que "entonaran" su slogan de campaña que lo había llevado al poder: "Sí, se puede". Hoy, tras un agónico tiempo social y político quisiera compartir algunas reflexiones sobre una suerte de continuidad histórica que podría pensarse como insistencia y permanencia en relación a estos dos acontecimientos. Especialmente, a lo concerniente a ciertas (des) valorizaciones siempre reservadas, exclusivamente, para algunas infancias.

En primer lugar, quisiera hacer referencia al "cambio" de escenario y de redistribuciones políticas: ya que si bien no es nuestro interés arrojar dudas sobre la maravillosa tarea que llevan adelante por cierto los clubes de barrio, es llamativo que en el "salón principal" —el Monumento Nacional a la Bandera— hayan tenido lugar los "postres"; y en el Club Ciclón, la representación institucional "formal" del acto político de esta (no) conmemoración. Quizás lo anterior deba ser leído como una suerte de continuidad o coherencia "analógico-ideológica" acerca de la disminución del lugar de ‹lo político› como cosa pública o asunto de Estado. Al igual que ocurrió con la mayoría de las áreas estratégicas que permiten a un proyecto de nación amplificar las categorías de pueblo, estas fueron canceladas y/o devenidas en instituciones menores, bajo la figura jurídica de "secretarías".

En segundo lugar, podríamos establecer un breve análisis sobre las formas de comunicación que se desprenden como (fallidos) intentos, los cuales más que interesados en la búsqueda de "dialogar con" o en la de tener un miramiento especial hacia las infancias, buscan instalar unidireccionalmente cuestiones de agendas partidarias ajenas a la consideración de las mismas.

En este núcleo podría hallarse el mayor interés (o la necesidad) de escribir este artículo. En la de intentar interrogar qué tienen o qué podrían presentar en común ambos relatos de infancias en las dos conmemoraciones del día de la Bandera que aquí hago alusión. Ya que aquello que se pone en juego es que en los dos casos las infancias están borradas, negadas tanto del propio espacio discursivo como del espacio ético, político y subjetivo que la excluye activamente. ¿Y por qué decimos que están borradas o que buscan ser significadas como inexistentes? Porque, a partir de estos "diálogos" propuestos entre estas infancias y el presidente, podrían identificarse y reconocerse simbólicamente los fundamentos políticos (antagónicos) que enfrentan a los que necesitaron históricamente ser escuchados con los que (históricamente) buscaron hacerlos callar.

De allí que lo anterior consistió en una puesta en escena de dos posiciones claramente diferenciadas que "hablan" desde horizontes y racionalidades también muy diferentes que las hacen ser irreconciliables. Macri está representando su propio horizonte que lo constituye: habla desde su "incuestionable" ‹umbral de la modernidad› arraigado tanto en su blanquedad, como de su "buena fortuna" acumulada a partir de lo que sostuvo incansable y públicamente acerca de que un buen salario para el colectivo trabajador es incompatible con un ideal de mayor maximización del capital y de la expansión de las (sus) empresas.

En cambio, aquellos niños y niñas están representando (en ambas instancias) al espacio público instituyente por excelencia: la escuela pública. Y por eso entonces surgen con fuerzas las disonancias. "Hablan" y con su sola presencia, están representando la potencia de una memoria histórica que no se resignó nunca a ser doblegada y, mucho menos, a ser olvidada. Y esto no solo molesta o incomoda, sino que obliga simbólicamente a estar cara a cara con aquellos a quienes históricamente, la "modernidad" que le es constitutiva, buscó suprimir y borrar: la memoria histórica de los mestizos, indígenas, los afrolatinoamericanos; pero, a su vez, también de obreros, obreras, sindicalistas, activistas, militantes junto al papel histórico de la escuela pública como metáfora de ampliación de derechos.

Podríamos decir, metafóricamente, que al presidente no le quedó otra alternativa aquel día que "enfrentarse" nuevamente con "Zamba". Porque en esas infancias están contenidas aquellos colectivos, pero también están los niños y niñas de San Miguel del Monte; están Sandra y Rubén, quienes volaron por los aires reclamando mejores condiciones edilicias para establecimientos escolares; están los hijos y las hijas de las nuevas inmigraciones forzadas que nuestra gloriosa escuela pública recibe a pesar de los intentos por generar consensos de su "no legitimidad para habitar" el suelo argentino; están representados los que no pueden acceder a las vacunas; los que lloran porque sus padres se quedaron sin trabajo; y los/as que lloran porque sencillamente ya no pueden comer.

Por eso no puede mirarlos ni mirar a estas infancias a los ojos. Por lo que le recuerda que "cae" —pero a su vez que hace emerger con fuerza— en la escuela pública. Y por eso están allí borradas pero no por ello, ausentes. No hay interpelación posible porque evocan mundos diferentes. El presidente llegó con la idea de disciplinar y las infancias llegaron sin lugar a dudas con la esperanza de escuchar "algo" de lo que sus maestras (mujeres, siempre) les habrán enseñado de la historia de nuestra bandera, de los valores de la Patria, de nuestra identidad y de Belgrano. Pero aquello no aconteció, ni en esta ni en la primera conmemoración.

Es por eso que para la próxima conmemoración del 20 de Junio anhelamos que pueda encontrarnos juntos celebrando en la diversidad de nuestros pensamientos, de nuestras creencias y convicciones, pero abrazados por el arrullo y calor de una nueva Patria naciente; esperanzada, y con niños y niñas que celebren ser protagonistas de la historia, bajo una misma Bandera flameando altiva y ya aliviadamente, al lado del río.

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