Opinión

Hacer la corte

La Justicia. Las internas en el máximo tribunal de la Nación están a la orden del día y los operadores, pese a las promesas electorales de Cambiemos, siguen vigentes.

Domingo 11 de Noviembre de 2018

"Macri lo hizo". Esa es la frase con la que uno de los abogados que más tiempo lleva recorriendo la Corte Suprema de la Nación describió lo que allí pasa. "Macri lo hizo. Quebró todo tipo de confianza y unió a los que parecía imposible juntar".

Como pocas veces se ha visto, el supremo tribunal federal de la Nación atraviesa un momento de convulsiones internas con consecuencias aún no mensuradas hacia afuera. El cambio de autoridades de la Corte, motorizado por la gestión del presidente Macri como una venganza hacia Ricardo Lorenzetti ("nunca se digirieron", graficó el mismo abogado de experiencia palaciega), sacudió los cimientos de armonía del tribunal.

Carlos Rosenkrantz llegó a la cúspide del órgano impulsado por el operador presidencial Fabián Rodríguez Simón ("¿no era que no iba a haber más operadores?", inquirió con ironía el mismo abogado conocedor) quien convenció al ministro de la Corte y, especialmente, a su colega Elena Highton que venía votando desde una década atrás a Lorenzetti sin prejuicios de alternancia. Horacio Rosatti, el otro juez que inclinó la balanza, consideró que era necesaria una renovación luego de más de 10 años de Lorenzetti al frente de la Corte.

Esa sucesión de autoridades y los primeros pasos de gestión de Rosenkrantz cambiaron todo el panorama. El actual presidente, hombre que supo patrocinar a Clarín y al fondo Pegasus que administra Farmacity, entre otras empresas, sorprendió a su colegas bloqueando el tratamiento de algunos temas sensibles para el gobierno e intentando atropellar cualquier armado administrativo de su antecesor. Por esto último, ya se ha contado en esta crónica, la arremetida contra el sistema del Centro de información judicial con episodios teatrales que casi implican la llamada a cerrajeros y a expertos en claves informáticas a lo que se suman nombramientos de personas cercanas al actual presidente de la Corte sin, por supuesto, concurso de antecedentes ni de ningún tipo.

Sin embargo, lo más serio pasa por las cuestiones a resolver. La Corte debe pronunciarse en temas críticos para la administración de Cambiemos y algunos ya ven que las alternancias en la presidencia eran en realidad una búsqueda de jueces con mirada política menos crítica con el gobierno.

El caso del jubilado Blanco que reclama una recomposición de sus haberes, con fallo ya favorable de Cámara y 150 mil juicios parecidos que pueden caer en casacada, las prisiones domiciliarias de los delincuentes de lesa humanidad y las prisiones preventivas, más el tema impuestos y coparticipaciones provinciales, figuran entre ellos.

Esta semana, quedó definitivamente plasmado un nuevo bloque dentro de la Corte que resultaba impensado hace menos de un mes. Los ministros Lorenzetti, Maqueda y Rosatti, muy molestos (hacia adentro, por ahora) con el presidente de la Corte, terminaron abroquelados en un gesto de reacción hacia Rosenkrantz. Los mismos Lorenzetti y Rosatti que, apenas asumido este último y por meses, se evitaron, casi no dialogaron y se sacaron chispas jurídicas en los dictámenes, hoy están unidos.

Trascendió hace horas que en la última reunión de acuerdos, la resistencia del presidente para poner sobre despacho el tema jubilatorio provocó escenas de incomodidad de los magistrados muy severas. Algunos se atreven a decir que hubo amenazas de terminar el encuentro con portazo incluido.

"Macri lo hizo", insistió el leguleyo de experiencia. "No está mal tener un presidente de la Corte más amigable con uno. El problema es dinamitar los puentes con todos los otros ministros en un órgano que se basa en las mayorías. El mismo que le hizo firmar al presidente el decreto de nombramiento en comisión a los jueces ahora le vendió que romper todo era el modo", agregó el abogado para sentenciar sin vueltas: "Mirá a la Corte en estos dos meses que quedan. Que en el gobierno compren ibuprofeno 600 para los dolores de cabeza", concluyó riéndose.

El fondo: las idas y venidas que se relatan desde el cuarto piso del imponente edificio tribunalicio de calle Tucumán en la Capital Federal son mucho más que un rico anecdotario judicial. Representan el tono actual de uno de los pilares esenciales del sistema republicano: el control entre poderes. Es cierto que en nuestro país nos hemos acostumbrado a gobiernos de facto que barrían con la ley y los jueces o con gestiones en democracia que pretendían tirar por la ventana a magistrados que no eran convenientes a los intereses de quien gobernaba invocando el calendario o arbitrariedades semejantes.

Cambiemos debe haber recibido votos en el 2015 de ciudadanos no enamorados (menos, fanatizados) por el color amarillo pero sí convencidos de que la intromisión del Poder Ejecutivo en el judicial era ya intolerable. El recuerdo del juez Fayt humillado por diputados que querían convertir la Cámara en una enfermería para que el ilustre jurista llevara un certificado de aptitud psicofísica o los nombramientos de jueces con antecedentes de asesoría de una gomería deben haber pesado. ¿Cambió esto? Como ya se dijo, el atropello formal de querer nombrar a dos jueces de la Corte por decreto fue un debut espantoso. El modo actual en que se sigue manipulando el deseo de tener jueces en presidencias o en fueros federales, no es otro buen síntoma.

El presidente Macri cae en vicios clásicos de los que ejercen el poder. Cree que la elección le permite una especie de acción sin control de nadie. Menos de los jueces. Ese concepto fue llevado al delirio por la anterior presidenta que se quejaba de los magistrados que "osaban" discutir sus mandatos. Para corregir semejante anormalidad, Cambiemos debería sobreactuar sus formas al respecto.

Lo ocurrido con el pase de jurisdicción de la investigación de los aportes truchos de campaña en la provincia de Buenos Aires, el tema del convenio del Correo con el Estado y otros dejan mucho que desear. Su impulso por intervenir en la interna de la Corte creyendo que así podía marcar al territorio de los supremos fue un incorrecto modo de llevarse puesta la convicción republicana. Lo consiguió. Habrá que estar atentos a los próximos 60 días para entender a qué costo.

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