Opinión

¿Habrá llegado la hora de cogobernar para todos?

Pionero. Abraham Lincoln hablaba del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.

Sábado 06 de Octubre de 2018

El 11 de diciembre de 1991, en la Asamblea Legislativa de la provincia de Buenos Aires dije al asumir el cargo de gobernador que no iba a ejercer mis funciones para una fracción, para un partido político o un frente electoral, e inmediatamente declaré que para mí quedaba suprimida la vieja y equivocada antinomia oficialismo-oposición.

Pasaron los años y creo no haberme equivocado frente a esa decisión, aunque lamentablemente no se instaló en el resto de los políticos.

Si miramos lo que ocurre hoy en la mayor parte del mundo, surge la evidencia de que estamos ante un agotamiento de los sistemas políticos que tradicionalmente asociamos con la democracia.

Es necesario un replanteo para garantizar legitimidad y representatividad a los gobiernos, particularmente en América Latina, donde los excesos del presidencialismo y la poca capacidad de la dirigencia para generar acuerdos básicos nos han llevado a construir sistemas permeables a la corrupción y el autoritarismo.

La salida de ese laberinto es encaminarnos hacia el cogobierno, que puede resumirse en la expresión: "El que gana gobierna y el que pierde también gobierna". Así, un programa de gobierno consensuado entre las expresiones políticas de una Nación será aplicado por quien ganó la elección, controlado por quienes salieron derrotados.

Debemos avanzar hacia un sistema donde el ganador de una elección conduce y los otros partidos con representación parlamentaria vigilan cada acto de gobierno. De este modo, el programa será el que haya votado el pueblo.

De esta manera no tendremos más promesas de campaña que raras veces se cumplen, con las consecuencias que obviamente trae en detrimento de la representación democrática.

Si observamos los países con una mayor consolidación institucional democrática, veremos reiterados ejemplos de cogobierno como base de esa mayor solidez y representatividad.

Por ejemplo, es el caso de Alemania, que desde la sanción en 1949 de la Ley Fundamental de la entonces República Federal Alemana, ha tenido 23 gobiernos de coalición de distintos signos partidarios.

Es necesario insistir en la idea de que los gobernantes no son ungidos por la Providencia y, por lo tanto, no son los dueños de la verdad. No debemos esperar que las soluciones provengan de un grupo de dirigentes "iluminados", sino del esfuerzo consensuado y compartido de todos.

Ya no se trata de hablar de modalidades de gobierno, sino que es necesario reflexionar y replantear las características de convivencia política. La complejidad de los problemas en el mundo actual requiere de la construcción de consensos de tal alcance que exigen superar la división entre "nosotros" y "ellos", para pensar en términos de "todos nosotros". Sólo así será posible acordar y asegurar las políticas de Estado, tantas veces mencionadas, rara vez intentadas y, aún menos, implementadas.

Si el primer presidente republicano de Estados Unidos, Abraham Lincoln, se refería a su representación como "el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", para que la realidad que nos toca vivir no perezca en un gran "que se vayan todos", es hora de empezar a cogobernar para todos.

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