Opinión

Guaidó gana impulso y el régimen ya no puede "tocarlo"

Juan Guaidó gana "momentum" y el régimen chavista lo pierde. El escuálido apoyo ruso, chino y cubano no alcanza a compensar tanto poder diplomático, político, económico y moral del otro lado.

Lunes 18 de Febrero de 2019

Juan Guaidó gana "momentum" y el régimen chavista lo pierde. El escuálido apoyo ruso, chino y cubano no alcanza a compensar tanto poder diplomático, político, económico y moral del otro lado. Casi todas las democracias de Europa y de América reconocieron a Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. Desde ese momento, resultó imposible para el régimen ir por él como había hecho antes con los líderes opositores en ascenso (Leopoldo López, Antonio Ledezma y tantos más). El breve arresto ilegal cometido el 13 de enero del joven jefe opositor ya no se podrá repetir. El cambio drástico de signo político que se dio en Estados Unidos, Brasil, Argentina, Chile y Colombia en apenas un par de años fue decisivo para que la proclamación de Guaidó como presidente interino cuajara y fuera reconocido por más de 50 naciones, todas ellas democracias.

Como pocas veces antes en la Historia reciente, una dictadura quedó en evidencia en su carácter de tal. Hasta el 10 de enero, una zona gris protegía a Maduro y sus secuaces ante la opinión pública internacional, que no tenía claro si era un presidente legítimo salido del mandato popular. El alevoso proceso electoral de mayo de 2018 que consagró a Maduro había quedado atrás y fuera de Venezuela muy pocos lo tenían presente. Esto ahora ha quedado zanjado, salvo para una minoría de creyentes, que además pagan un costo prohibitivo por defender al chavismo, algo que ya sucede desde la represión de 2017. Dejado atrás el debate sobre la evidente ilegitimidad del mandatario chavista, se ha pasado a otra etapa. La de una puja de campos y de figuras entre un presidente desacreditado y enormemente impopular en su país y un joven hasta hace poco desconocido incluso en Venezuela y que hoy es visto como la única esperanza que le queda al desvalijado país petrolero, otrora el más rico de la región y por añadidura democracia ejemplar en medio de las dictaduras de los años 60 y 70. Ahora, a la reconstrucción económica, que aún si el régimen terminara mañana llevaría décadas, se deberá sumar la reconstrucción de las instituciones, devastadas por 20 años de chavismo. Porque el problema de la raíz violenta y autoritaria del régimen viene del coronel golpista Hugo Chávez, no empieza con su sucesor, mero pelele del "comandante". Chávez compitió electoralmente con la cancha inclinada, pero siempre tuvo votos. Maduro empezó a perderlos de inmediato, ya en 2013, cuando Capriles perdió oficialmente y Maduro ganó, pero con 600 mil votos menos que Chávez unos meses antes. El presidente electo amenazó por TV a los que no lo habían votado: los tenían dentificados. A los que eran empleados públicos los echaron de a miles. Siniestro episodio que preludió lo que vendría: el reinado del terror de los parapoliciales "colectivos", los sótanos abarrotados del Sebin, los servicios de inteligencia política forjados a imagen y semejanza de los cubanos, y que ya eran protagonistas en tiempos de Chávez. Pero cuando el régimen supo que no tenía los votos de Chávez escaló la represión. Cuba ha tenido mucho que ver en el diseño institucional (es una forma de hablar) del chavismo. Hoy, si no fuera por la fuerte "pata" militar del régimen, que es otra copia del modelo castrista, ni el tibio respaldo chino, ruso y cubano, ni el Sebin ni las patotas armadas alcanzarían para sostener a una cúpula que, como las élites castristas, vive de espaldas a las clases populares.

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