En voz baja

Fuertes diferencias en el oficialismo

El golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia dejó en evidencia las fuertes diferencias dentro del oficialismo argentino.

Martes 12 de Noviembre de 2019

El golpe de Estado contra Evo Morales en Bolivia dejó en evidencia las fuertes diferencias dentro del oficialismo argentino. La posición de Juntos por el Cambio osciló desde contundentes repudios hasta justificaciones, pasando por un comunicado oficial de la Cancillería donde se habla de “transición”. Las distintas posiciones sobre los acontecimientos en Bolivia dan indicios de la nueva configuración dentro de Cambiemos, donde un grupo de dirigentes no esperó a conocer la posición oficial del gobierno de Mauricio Macri para expresar su opinión y directamente denunció un golpe de Estado. Es el caso de Mario Negri. “Repudio toda intromisión militar en la vida política de Bolivia, ya que esto es sólo compatible con golpes de Estado”, afirmó el jefe del interbloque de Cambiemos en la Cámara de Diputados, en línea con la UCR porteña que repudió el golpe a pesar de que a nivel nacional el partido tuvo una posición mucho más cautelosa y sin condenar las acciones de las FFAA de Bolivia. La posición más contundente dentro del PRO la marcó el diputado Daniel Lipovetzky, que pidió que intervenga la OEA y aplique la Carta Democrática Intereamericana. El mensaje de Lipovetzky fue celebrado por Alberto Fernández. Tanto Negri como Lipovetzky, lo mismo que otros dirigentes como Julio Cobos y Martín Lousteau, no esperaron a conocer la posición oficial del gobierno para marcar su rechazo al golpe de Estado. En tanto, el canciller Jorge Faurie definió la posición del actual gobierno argentino: “No están los elementos para describir esto como un golpe de Estado”.

El alter ego de Fernández

La agudización de la crisis social provocada por la devaluación posprimarias es uno de los temas que mayor atención suscita en el equipo de Alberto Fernández. Sobre todo, porque las variables económicas no frenan su caída y amenazan con sumergir a miles de personas más en la pobreza, lo que implica una latente conflictividad social y laboral. Bajo esa premisa, el presidente electo tiene tomada la decisión de colocar a Claudio Moroni al frente de un ente clave para contener ese foco de conflicto: el Ministerio de Trabajo. Su muy probable designación implica que asumirá la delicada tarea de articular las políticas de empleo en un escenario de crisis con la muñeca necesaria para consolidar, en paralelo, al poder sindical como una base de apoyo y gobernabilidad. La elección de este abogado no es arbitraria. Al contrario, es un hombre de extrema confianza de Fernández e integra su reducido dispositivo de poder. De hecho, no hay día que no esté en funciones de transición con el gobierno. macrista en el nuevo búnker del Frente de Todos.

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