Opinión

Fernández, con saldo a favor

Claves. El primer mes del presidente muestra algunos signos alentadores, aunque los índices de la economía tardarán en estabilizarse.

Jueves 16 de Enero de 2020

Ni muy muy ni tan tan. El primer mes de Alberto Fernández en el gobierno arroja un balance primario positivo en el que, al menos, la Argentina no cayó al precipicio. Pero sigue en la cornisa.

Como buen peronista, Fernández demuestra en estos primeros días de gestión que no es de derecha ni de izquierda, sino todo lo contrario. Hay gestos para todos, algo que, afortunadamente, lo diferencia del kirchnerismo más cerril.

Fernández demuestra en el día a día que es un gradualista extremo, aunque la definición parezca un oxímoron. La esperanza mayor que tienen los funcionarios de Economía es lograr que la inflación no le gane a fin de año a los salarios. Que se termine cierta historia nefasta en la que los salarios van por la escalera y el aumento de precios por el ascensor. Por más módico que parezca, si lo consigue habrá ganado la partida. No hay que esperar mucho más en un país cuya inflación escaló hasta el 56,7 por ciento anual.

Para que se entienda mejor: es el décimo quinto año consecutivo con inflación de dos dígitos y el décimo consecutivo con niveles arriba del 20 por ciento. Una película de terror en cine continuado.

El mejor espejo

La pésima administración económica del gobierno de Cambiemos le permite a Fernández juguetear con la herencia recibida, aunque se mostró prudente en extender el dedo acusador. "No nos hace falta acusar todos los días a Macri, basta con que aparezcan estos datos del oprobio, como el de la inflación. Dejaron un desastre, tierra arrasada", le dijo a LaCapital, ayer, un funcionario del gabinete.

Desde el vamos hay que decir que en 2020 seguirá la recesión y que no habrá motivos para que el gobierno tire manteca al techo. La prioridad será acomodar la deuda, lograr plazos extensos y evitar que la desconfianza de los inversores siga creciendo. Pero eso es análisis para los periodistas económicos, y esto es una columna de análisis político.

La gran ventaja política que se posa sobre el gobierno es la permanencia de la sombra macrista. Y ahí sí que se mixtura lo económico con lo político. En línea con lo que le dijo el informante oficial a este diario. Los pésimos índices del macrismo están plenos, acabados, empíricos, en la memoria reciente del argentino medio.

El fernandismo que falta

A la par de la gestión del día a día, Fernández deberá construir el fernandismo, algo que hasta acá no sucedió. El poder político del presidente de la Nación está basado en cuatro patas: su impronta (nadie le hace mínima sombra en el gabinete), el kirchnerismo, el peronismo y los gobernadores.

Si alguien creía que desde el vamos la política se impregnaría por competencias furtivas entre el presidente y el gobernador de la provincia de Buenos Aires, el kirchnerista Axel Kicillof, la realidad se encargó de disiparlo. La gestión de Kicillof comenzó de la peor manera. Sólo llegan malas noticias desde el principal distrito de la Argentina, en disputa con la provincia de Santa Fe, que vive momentos traumáticos en seguridad.

La inseguridad en Santa Fe y los pésimos primeros movimientos económicos de Kicillof en Buenos Aires preocupan a la Casa Rosada. Se trata de dos distritos cruciales. Poco a poco, el gobernador cordobés, Juan Schiaretti, se va bajando del caballo al que estaba subido y viaja a Capital Federal para escuchar a Wado De Pedro, el ministro del Interior camporista. Nada salió como Schiaretti deseaba. ¿Qué deseaba Schiaretti? Que Macri sea reelecto. Ahora hay que subir la sierra.

El desafío de corto plazo que tiene Fernández es alejar a la Argentina del default y, en paralelo, crear un relato que peronice la gestión. No hay otro como Fernández para eso. Por eso, tanta publicidad no convencional con la tarjeta alimentaria. Un parche en medio de la crisis social profunda. Pero que, por lo menos, llevará tranquilidad a los sectores sociales más bajos. En Rosario, por ejemplo, sesenta mil rosarinos tendrán acceso a la tarjeta.

En lo político, hay que destacar la buena predisposición del jefe del Estado para no seguir fomentando la grieta y buscar puntos de equilibrio entre sectores políticos que van más allá del círculo de referencia. Mas temprano que tarde, si es que Fernández quiere ensanchar su base de acción política, deberá coptar referencias kirchneristas. Como lo supo hacer Néstor Kirchner con el duhaldismo.

Y el que más sabe de eso es Fernández. En el libro "El flaco", de José Pablo Feinmann, se describe que en una mesa de la Quinta de Olivos (en 2003) el entonces jefe de Gabinete, y hoy presidente electo, estiró un enorme mapa de la provincia de Buenos Aires para identificar a qué duhaldistas comprar. Kirchner puso un dedo sobre el mapa. "La pegaste. Justo ahí, no tenemos a nadie", dijo Fernández. "Lo único que te puedo decir es quién es el más barato", reforzó ante el silencio de Kirchner.

A diferencia del Duhalde de 2003, que sólo quería desaparecer de la escena, la provincia de Buenos Aires y el kirchnerismo tienen una jefa que, al menos hasta hoy, no da señales de pretender retirarse de la escena.

Esa relación Fernández-Cristina-Kicillof dominará la escena política durante, al menos, los próximos cuatro años.

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