Opinión

Evolución y revolución

Educación. Una mirada a la división entre pasión y entretenimiento, a partir de un libro publicado por expertos locales y otro de un filósofo coreano-alemán.

Sábado 15 de Diciembre de 2018

En diciembre de 2017 desde la cátedra de Prospectivas de la Educación presentamos un libro que lleva por título "La Escuela en su laberinto". Un libro colectivo fruto de tres años de discusiones y análisis. Teníamos la sensación de "El General" de García Marquez en su propio laberinto: "Vivíamos como arrastrados por el destino, con el único problema que ese destino no era el nuestro". Sentíamos que la educación sucede. Solo eso. Sumergida en una resistencia sin rebeldía, la educación pública abandona sus designios emancipadores. Abrazados a los recuerdos nos olvidamos de la memoria, que siempre es mandato. Identidades gastadas se reciclan en innovaciones que pendulan entre la tecnología y la didáctica. Los medios festejan hazañas triviales mostrando ejemplos para otros niños que no sean los hijos de los periodistas. Padres que se quejan, funcionarios que viajan buscando modelitos de ocasión y el Estado ocupado en la eficiencia del gasto. La educación resiste, ya no se interroga.

El libro es osado. Habla de prospectiva, una formulación a la que han renunciado imperdonablemente la ciencias sociales. Jerome Binde solía decir que la prospectiva se resume en la alegoría del navío ebrio: "Los marinos y los filósofos saben perfectamente que no hay viento a favor para los que no conocen el rumbo". ¿Cuál es la prospectiva de una nueva educación que continúe con el interminable mandato emancipador?

En segundo lugar, el libro habla del tiempo. Convencidos que la política de hoy es una discusión profunda sobre el tiempo y no ya sobre los espacios, la afirmación vale también para la educación. Decidimos hablar de "pedagogía del entretenimiento", que no es otra cosa que un cambio de paradigma. El nuevo ecosistema de conocimiento nos propone una relación distinta con el saber. Hablamos de deseo y también de razón. Decimos que el problema central de la educación no es la ignorancia si no el fastidio, el aburrimiento y el hastío. Lo que está en juego no es solucionable con aggiornamientos didácticos e innovaciones.

El portal Infobae nos contestó que era imposible publicar una recensión sobre el libro. Las citas de Foucault, Ranciere, Badiou, Agambenn o Thielhard fueron objetadas por la editorialista educativa con el argumento de que eran autores "que ya le habían hecho mucho mal a la educación". Pensamos que la respuesta era coherente y solo contestamos con una breve cita de Voltaire: "Los prejuicios que conducen a la virtud son pocos y generalmente pertenecen a la infancia". Otros amigos, enrolados en la crítica educativa, juzgaron el texto de "neoliberal". La introducción del concepto "entretenimiento" a cuestiones educativas no era otra cosa que un intento sofisticado de proponer una nueva lógica mercantil al sistema público de enseñanza. Dura respuesta, pero pensamos que también la opinión era coherente. El pensamiento crítico que sobrevive siempre se conserva ortodoxo. Si la revolución no triunfa al menos debe pensarse con pureza.

Para nuestro consuelo, cuando ya ha pasado un año de la publicación de "La escuela en su laberinto" y mientras seguimos reelaborando nuestra propia propuesta, Byung Chul Hans publicó hace diez días el libro "El buen entretenimiento". El teórico coreano-alemán es uno de los pensadores críticos del capitalismo más importantes del globo y acaba de proponer una "meta-teoría del entretenimiento". El filósofo también lo plantea en términos de paradigmas, y luego de un intenso diálogo histórico con pensadores que van desde Hegel hasta Nietzsche, concluye formulando un profundo interrogante sobre la persistencia de la división entre pasión y entretenimiento. En otras palabras, la cultura occidental —heredera de la pasión cristiana— en todas sus versiones ha planteado una clara división entre trabajo, esfuerzo o dedicación abnegada y el ocio. Una división de tiempos que marcan el hacer y el pensar. El saber, el arte, el trabajo son pasión. Lo que sobra es ocio. Es más, el arte entretenido no es arte, es diversión. El ocio es vagancia, distracción e intrascendencia. Aún las visiones más críticas de sistema social sostuvieron esta división. El propio neoliberalismo navega el intento de mensurar la "pasión" para convertirla en "rendimiento" mediante índices de eficiencia y eficacia. En este marco —y esto corre por cuenta nuestra- la trasformación social, educativa y hasta política es pensada como fruto de la "pasión". Es dedicación y sacrificio. El entretenimiento es mercado, que ni lento ni perezoso lo convirtió en la industria más importante del globo.

Al igual que Chul-Hans, sostenemos que la división es absurda y que el entretenimiento no es ocio sino una nueva manera de interpretar el mundo, el trabajo, el saber. Es un "híbrido" en disputa, que se opone al conocer como verticalidad, como enseñanza tal como la conocemos. Crecimos creyendo que el entretenimiento era un episodio, un momento. Hoy es crónico, es permanente. Es una experiencia del mundo, del tiempo que vivimos y también —y a pesar de nosotros los docentes — aprendemos.

La disputa esta abierta. Ratificamos nuestra propuesta de hablar de pedagogía del entretenimiento. Hay un Derecho Humano a Aprender que garantizar como mandato de la memoria: "El indetenible camino de la emancipación del hombre". Un nuevo humanismo más justo y más popular es necesario en educación. No hay "revolución" si el pensamiento no se adueña —con sus categorías y valores— de la evolución. Si resistir es atrincherarse (solamente) en las glorias de nuestra educación pública, entonces la escuela tiene futuro turístico. Como dice Giorgio Agambeen, el mercado ha tenido la audacia de convertir en turismo toda historia que se separa de la memoria de su mandato.

"La Escuela en su laberinto" es un libro de Jose Romero, Claudio Altisen, Jorge Noro y Pedro Romero. Editado por Homo Sapiens.

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