Opinión

Esto que nos pasa

Domingo 03 de Febrero de 2019

"Los muchos recursos naturales de comodidad y riqueza que se pueden encontrar en la Argentina, la vuelven un lugar digno de ser habitado. Su clima encantador, sus numerosos ríos, la fertilidad de su suelo y sus frutos naturales, su ganado salvaje y sus caballos que se cuentan por millares, sus productos minerales y su cómoda posición relativamente a los dos grandes océanos del mundo, le dan ventajas que, bajo un gobierno de orden, que hiciese conocer sus recursos en vez de encadenarlos, tal vez no sería sobrepasado por ningún otro país del globo". Así termina el libro de J. Antonio King, un aventurero nacido en Nueva York en 1803 llegado a estas tierras a fines de 1817 y que llegó a alcanzar el grado de coronel del ejército argentino. Testigo y actor de la vida civil y militar del país, fue abiertamente detractor del gobierno rosista. En 1841 retornó a Estados Unidos de Norteamérica y en 1846 su libro rico en descripciones y anécdotas, salió a la venta en Londres con el título de "Veinticuatro años en la República Argentina". Cuando un funcionario del gobierno nacional paseaba por Londres descubrió la novedad en la vidriera de una librería y lo adquirió. Fue de gran interés para el entonces presidente Roca, que de inmediato lo hizo traducir del inglés para que pudiera difundirse, lo que ocurrió con gran aceptación. Hoy, la apreciación de aquel extranjero adquiere una nueva dimensión que merecería ser analizada por estadistas que aspiran recuperar a una nación que está, por distintos motivos, alejada de aquel país ideal semejante a un paraíso. Nuestros recursos fueron entregados en espurios negociados. Corrupción de afuera, y peor aún, de adentro. Nuestras riquezas, saqueadas y mal administradas. Todo pasa, pero por milagro algo queda. Y en esta involución se ha privado a sus habitantes de la felicidad merecida. Los que trabajaron gran parte de su vida y contribuyeron al sostenimiento y engrandecimiento de la hoy saqueada Ansés son hoy condenados a la miseria más vil en una acción que bien podría denominarse el holocausto de la ancianidad, todo ante la total indiferencia del Estado. Pero Cambiemos insiste en avanzar con la reforma previsional que exige el gran prestamista salvador para disimular supuestos errores, el FMI. Y cajonea los juicios ganados y no pagados ignorando los fallos de la Justicia mientras intenta digitar la cobertura de cargos en la Cámara de Seguridad Social con jueces afines a sus planes. Y los activos, que cada vez son menos, están obligados a luchar cada día para preservar sus salarios de la depreciación a las que los somete una inflación sin antecedentes que la incapacidad y las malas intenciones de los funcionarios de turno, como peste incurable, insisten en seguir propagando. Salud, educación, ciencia, obras públicas, sucumben ante la desaprensión estatal, más ocupada en generar tarifazos impagables. Intuyendo la inevitable rebelión popular, la aliada de Cambiemos disfrazada de crítica, la verborrágica Elisa Carrió, cree que el agua será lo mejor para repeler manifestaciones "porque tranquiliza y después se van a sus casas calmados." Con otra mirada y en un comentario que causó escozor, la analista de lujo Beatriz Sarlo sostuvo en un comentario titulado "Lo que Macri nos deja", que el país que recibiremos será mucho peor que el que encontró. Inconmovible, el presidente parece adherir a una frase atribuida a un displicente Luis XV: "Después de mí, el diluvio." Tal vez se le escapa que los perros soportan y hasta juegan con los gatos. Hasta que el gato araña al perro.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});